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El jugador más emocionante de mediados de los 80

@williamfleitch
20 de junio de 2020

Mientras esperamos que regrese el béisbol, estamos analizando a un jugador del pasado cada semana y afirmando por qué era tan bueno. Hoy, toca el exvelocista de los Cardenales, Vince Coleman.

Mientras esperamos que regrese el béisbol, estamos analizando a un jugador del pasado cada semana y afirmando por qué era tan bueno.

Hoy, toca el exvelocista de los Cardenales, Vince Coleman.

Jugador: Vince Coleman
Carrera: STL 1985-90, NYM 1991-93, KC 1994-95, SEA 1995, CIN 1996, DET 1997
Premios: Novato del Año de la Liga Nacional en 1985; Juego de Estrellas 1988, 1989

En 1985, el gerente general de los Cardenales, Dal Maxvill, describió una conversación que sostuvo con el entonces joven de 23 años, Vince Coleman, a quien acababa de subir desde Triple-A Louisville en aquel abril debido a una lesión del jardinero central Willie McGee.

“Le dije a Vince cuando subió, ‘Vas a estar aquí para cuatro, cinco juegos’”, contó Maxvill. “’No quiero que te decepciones si te mandamos de vuelta (a liga menor). ¿Entiendes eso?’ Y él dijo, ‘Entiendo eso, pero voy a estar aquí todo el año’. Y dije yo, ‘Vince, quiero que tengas confianza y todo eso, pero de verdad, sólo vas a estar aquí cuatro, cinco, seis días, hasta que sane Willie, y luego volverás a Triple-A para hacer tu trabajo. ¿Entiendes?’

“Él dijo, ‘Sí, Sr. Maxvill, entiendo eso. Pero voy a estar aquí todo el año’”.

Coleman era un muchacho de Tallahasee, Florida, que corría como nadie más pero no bateaba. Estaba en el equipo grande de San Luis simplemente hasta que McGee se recuperara.

Pero no fue así. En su primer partido, Coleman se robó dos bases. En su segundo juego, se fue de 5-4 con un doble y un triple. En su cuarto encuentro, se robó tres bases—y fue atrapado en dos intentos más. En unos días, Coleman pasó de ser un novato algo arrogante a ser el jugador de más emociones en Grandes Ligas. De hecho, 1985 fue su apogeo, su mejor temporada, desde el principio.

Cuando tienes la velocidad de Coleman, todo el mundo espera que juegues fútbol americano y él sí lo hizo. Pero fue como pateador de mano en la Universidad de Florida A&M, tal como su primo Greg Coleman, pateador de mano durante más de 10 años en la NFL. Vince llegó hasta el punto de patear un gol de campo por Florida A&M para derrotar en 1979 a los favoritos Huracanes de la Universidad de Miami.

Cuando los Cardenales eligieron a Coleman en el Draft de 1982 en la décima ronda (tres rondas después de seleccionar a Terry Pendleton), el joven decidió que el béisbol sería su deporte. Pero había un problema: No bateaba.

Coleman bateó .250/.349/.269 a nivel de novatos en el sistema de los Cardenales en su primer año, con apenas tres extrabases (ningún jonrón). En Triple-A en 1984, tuvo una línea de .257/.323/.334 y se ponchó el doble de las veces que negoció bases por bolas. Pero también se robaba muchas bases. Tuvo 43 estafas en 58 partidos de 1982, 145 en 113 encuentros en 1983 y 101 en 152 juegos en 1984. Parecía ser un jugador de una sola herramienta. Pero, ¡qué herramienta!

Cuando Coleman subió a las Grandes Ligas en 1985, transformó a un equipo de los Cardenales que apenas había terminado por encima de .500 el año anterior y en el invierno había perdido a su cerrador Bruce Sutter, quien firmó con los Bravos. Se pronosticaba que San Luis terminaría en el sótano en el Este de la Liga Nacional y los dirigidos por Whitey Herzog empezaron con marca de 0-4. Tenían 2-5 cuando Coleman fue subido y de ahí despegaron.

Los Cardenales tuvieron récord de 6-5 el resto del mes de abril. Luego registraron 16-10 en mayo, 19-8 en junio, 17-9 en julio, 17-11 en agosto y 24-12 en septiembre/octubre. Coleman estuvo en medi de todo. Aún bateaba poco: Promedio de .267 con porcentaje de embasarse de .320 como primer bate, números inaceptables hoy en día para ese papel. Pero el caos que creaba cuando se embasaba fue algo grande. La filosofía de los Cardenales era tratar de que Coleman alcanzara la primera base, se robara la segunda (y hasta la tercera) y que anotara con un rodado antes de que los fans llegaran siquiera a sus asientos.

Coleman se fue al robo en casi cada oportunidad, robándose 110 bases en aquel 1985, la tercera mayor cantidad en la Era Moderna (desde 1900). Fue contagioso. Esa temporada, McGee se robó 56 bases (la mayor cantidad en su carrera y en año en que fue JMV de la Nacional), Andy Van Slyke 34, Tom Herr 31 y Ozzie Smith 31. San Luis ganó 101 juegos y fueron un equipo digno de ver. Siempre pasaba algo.

La mera presencia de Coleman te hacía sentir que estabas viendo algo único, algo especial. Siempre recordaré su cuadrangular dentro del parque, en el que cruzó el plato de pie. También está el doble-robo entre él y McGee en el Wrigley Field. Así se ve el caos en el béisbol.

Los Cardenales de 1985 no fueron el mejor equipo de San Luis en los últimos 50 años. Esa distinción le pertenece a la edición del 2004, con el dominicano Albert Pujols, Scott Rolen y Jim Edmonds. Pero San Luis en 1985 fue la escuadra más divertida de ver.

Curiosamente, Coleman fue “atrapado” por la máquina que cubría el terreno del Busch Stadium antes del Juego 4 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional ese año ante los Dodgers. El novato se perdió el resto de esa postemporada por la lesión en una pierna causada por el incidente. Los Cardenales perderían la Serie Mundial vs. los Reales, tras la jugada mal apreciada por el árbitro Don Denkinger en el Juego 6.

Coleman se robaría 439 bases más por San Luis en las siguientes cinco campañas, incluyendo una racha de 50 robos sin ser atrapado al final de la década de los 80. De hecho, en sus primeras tres temporadas en Grandes Ligas, tuvo 110, 107 y 109 estafas, respectivamente.

Tras 1990, Coleman firmó con los Mets, pero tuvo diversos problemas fuera del terreno. Una vez causó una lesión en el brazo de lanzar de Dwight Gooden con un palo de golf. Peleó con los instructores del equipo. Y fue arrestado por tirar fuegos artificiales a un grupo de fanáticos que incluía una bebé de un año.

Tras ese último incidente, Coleman no jugó más por los Mets. Fue cambiado a los Reales y luego firmó con los Marineros, los Rojos y finalmente los Tigres. En 1998, estuvo en Triple-A con los Cardenales, pero no subió al equipo grande. ¿Se imaginan a Coleman en San Luis aquel año con Mark McGwire persiguiendo el récord de cuadrangulares? Por cierto, se le ve a Coleman celebrando con Alex Rodríguez y Ken Griffey Jr. después de que el boricua Edgar Martínez empujara a Griffey para ganar la Serie Divisional de la Liga Americana de 1995 sobre los Yankees.

Pero ésas son versiones diferentes de Coleman. La mejor manera de recordar a Vince Coleman es ver aquella campaña de 1985, cuando se robó bases como ningún novato de la historia y cambió la manera en que se jugó a su alrededor. Y no ha habido nadie como él desde entonces.