El impacto de Laura Núñez se hace sentir 

22 de marzo de 2021

En noviembre, los Gigantes añadieron a cuatro prometedores prospectos a su roster de 40 jugadores: los dominicanos Alexander Canario (OF), Camilo Doval (LD), y Gregory Santos (LD) y el venezolano Kervin Castro (LD).

Cuando cada uno de ellos recibió una llamada de los Gigantes informándoles la noticia, escucharon dos voces familiares al otro lado de la línea: el director desarrollo de jugadores Kyle Haines y la manager de educación y desarrollo cultural, la dominicana Laura Núñez.

Haines sintió que Núñez debía ser parte de esas llamadas, no sólo para asistir traduciendo, sino también como un reconocimiento al rol que ha jugado ayudándolos a ellos cuatro, y a otra cantidad de prospectos latinoamericanos de los Gigantes, durante el largo camino a las Mayores.

“Yo trabajo con Laura todos los días, y se podría decir que su impacto sobre nuestros jugadores es tan importante como el de cualquier otra persona que tengamos, especialmente sobre nuestros jugadores latinos”, dijo Haines. “Juega un papel bien grande ayudándolos con la asimilación de la cultura, así como con su educación, pero también es un recurso para los jugadores cuando necesitan hablar con alguien distinto a un coach. Es más que alguien que les enseña de cultura y educación. También es una mentora para nuestros jugadores. Mucha gente recibe crédito por ayudar a los jugadores, pero ella no recibe suficiente crédito por ayudarnos”.

Núñez, que ha estado con los Gigantes desde el 2016, oficialmente está a cargo de los esfuerzos académicos de la organización, incluyendo las clases de inglés para los prospectos latinoamericanos. Pero sus labores no se pueden resumir completamente en el título de su cargo. También es una pieza clave para los jugadores internacionales, sirviendo como una mentora personal. consejera y motivadora que está disponible para ayudar a los prospectos a lidiar con problemas fuera del terreno y otros retos que pueden enfrentar mientras se ajustan a la vida como jugadores profesionales de béisbol en Estados Unidos.

“El trabajo real, creo yo, es a nivel humano”, dijo Núñez. “Algo que siempre les digo a los jugadores es, ‘Hey, estás en el terreno cinco horas al día. Eso te da otras 19 horas para equivocarte. Estoy aquí para ayudarte con esas otras 19 horas que no vas a pasar en el terreno, tomando decisiones y ayudándote con todo lo que necesites”.

Ha sido un cambio de ritmo con respecto a la vida bien ordenada que previamente llevaba Núñez como instructora de inglés y administradora educacional en su nativa República Dominicana. Sin embargo, no es extraña al mundo del béisbol. Núñez creció en Santo Domingo, donde el juego es el pasatiempo nacional y una presencia constante en las pantallas de televisión a lo largo de toda la isla. Tienes bonitos recuerdos de ir a acompañar a su padre, Francis, a sus juegos de softbol cada sábado y quedarse a jugar en el dugout. Su equipo favorito eran las Águilas Cibaeñas, una pasión que también tomó de su padre.

“Sólo por ser dominicana, eso te viene en la sangre”, dijo Núñez. “Está en todos lados”.

Núñez, que es bilingüe y asistió a una escuela americana en Santo Domingo, siempre ha estado interesada en trabajar para tratar de nivelar las disparidades en la República Dominicana dándole acceso a recursos para que aprendan otro idioma y así puedan crecer profesionalmente. Cuando se dio cuenta que había una oportunidad laboral abierta en Major League Baseball, vio la oportunidad de combinar su misión personal con su pasión por el béisbol.

Inicialmente se entrevistó para una posición en vinculación con la comunidad, pero su currículum eventualmente llegó a manos de los Gigantes, que la contactaron y la llevaron a trabajar en sus oficinas de desarrollo de jugadores en Arizona en el 2016. A Núñez le atrajo el trabajo por su deseo de trabajar específicamente con jugadores dominicanos, aunque rápidamente se dio cuenta de que su impacto no iba estar limitado solamente a sus compatriotas.

“Hay un grupo muy, muy grande de muchachos dominicanos que yo sabía tenían carencias en educación, lenguaje, herramientas para moverse por la vida y esas cosas”, dijo Núñez. “Yo pensé que podía llegar y hacer una diferencia, ayudar y devolverle algo a mi país. Y luego, en el proceso, te das cuenta de que no sólo son los muchachos dominicanos. Es mucho más que eso. Eso fue bien bonito, descubrir eso en mi primer año”.

El camino es largo, pero Núñez siente una sensación de orgullo cuando ve a sus prospectos internacionales progresar a lo largo de las menores y acercarse más y más a las Grandes Ligas. Eso fue lo que hizo de aquellas llamadas en noviembre a Canario, Doval, Castro y Santos algo tan especial. Escuchó la alegría en sus voces, al menos uno de ellos casi llorando de felicidad.

“Cuando ves que tienen éxito, y cuando ves uno de los jugadores con los que has trabajado y que sabes que has influenciado, teniendo éxito en esa búsqueda de su sueño y dando lo mejor de ellos, eso es una gran compensa”, dijo Núñez.