‘Big Papi’ es reconocido... ¿previo al Salón? 

9 de diciembre de 2021

BOSTON – Los fervientes aficionados del dominicano David Ortiz en Boston tuvieron otra oportunidad de celebrarlo el miércoles por la noche, cuando el “Big Papi” recibió el Premio Baseball Legacy en el Museo del Deporte en New England, como parte del evento anual “La Tradición”. 

La verdad es que el legado de Ortiz tiene tiempo establecido – en Boston, en la República Dominicana y en el mundo del béisbol. 

Pero volver a la ciudad en donde construyó su leyenda nunca pasará de moda para el carismático cañonero, quien fue vital en las tres Series Mundiales ganadas por los Medias Rojas en sus 16 años de carrera. 

“Es un honor”, dijo el oriundo de Santo Domingo. “Mucha gente está tomándose un tiempo para reconocernos a nosotros, los atletas. Es algo bien especial. Boston es una ciudad increíble; mi segunda casa”. 

Claro, para Ortiz, el honor principal podría estar a sus puertas. Está en su primer año en la boleta del Salón de la Fama, a la espera de los resultados que serán anunciados el 25 de enero próximo, en MLB Network. 

Para alguien que ha recibido cuanto reconocimiento se conozca dentro del mundo del deporte, este sería el homenaje principal para el reconocido Nro. 34. 

“Como siempre digo, hay cosas en la vida que no controlamos”, comentó Ortiz. “Lo único que controlé fue el bate de béisbol, cada vez que llegaba mi turno. Creo que me fue bien, y esperemos que ocurra en el algún momento. ¿Quién no quiere ser parte de un grupo élite en el Salón de la Fama?” 

Para Ortiz, sería un momento sumamente especial, dada su historia. Sí, era un jugador grande, pero nunca fue un prospecto de peso. 

Con los Mellizos de Minnesota, fue un jugador propenso a las lesiones, alcanzando un máximo de 20 jonrones en el 2002. 

Luego de esa campaña, fue dejado libre. El dominicano Pedro Martínez, quien había recibido un jonrón de su coterráneo en el Metrodome unos meses atrás, no podía creer que el cañonero había sido liberado.

Martínez alertó de inmediato a los Medias Rojas, intentando convencer al equipo de contratar a Ortiz. No pasó mucho tiempo para que el gerente general para entonces, Theo Epstein, le ofreciera un contrato por un año y US$1.25 millones a Ortiz. El cañonero no dudo en aceptar. 

Para mediados del 2003, Ortiz había recibido lo que tanto había pedido durante toda su carrera; una oportunidad de jugar a diario. 

Aunque tuvo un par de baches en el camino, Ortiz no dejó de batear por el resto de su carrera, en la que no conoció otro lugar que no fuera Boston. 

El impacto del quisqueyano trascendió el deporte. 

“Por la manera en la que lo obtuvieron, la historia de él llegando desde Minnesota y por cómo los Medias Rojas ayudaron a convertirlo en un Salón de la Fama desde el momento en el que se puso el uniforme del equipo”, dijo el exjugador y ejecutivo del equipo de baloncesto, los Celtics de Boston, Danny Ainge. “Sí, sencillamente un gran, gran jugador y una de las leyendas de los Medias Rojas”. 

Para Ortiz, cualquier reconocimiento que reciba es un adorno más. 

“Yo fui un chico que comenzó a jugar béisbol sólo por diversión, pero que de pronto me lo tuve que tomar con mayor seriedad para poder poner a mi familia en una mejor situación”, confesó Ortiz. “Luego tuve que seguir con la seriedad en el asunto porque mucha gente comenzó a depender de mí. Así, de pronto, ves tu nombre junto a los mejor en la historia. No puedes pedir mucho más que eso”.