Angelinos honran a “GA” con emotivo tributo poniendo fin a racha ganadora de S.D.
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ANAHEIM –- El vuelo chárter de los Angelinos de regreso desde Nueva York el jueves debía ser ruidoso. El equipo venía de una serie aguerrida contra los Yankees, un tipo de gira que normalmente genera un regreso animado.
En cambio, cuando el avión cruzó hacia California, la cabina quedó en silencio.
La noticia llegó a los jugadores a mitad del vuelo: Garret Anderson, también conocido como “GA”, quien definió el béisbol de los Angelinos durante 15 temporadas y fue pilar del equipo campeón de la Serie Mundial del 2002, había fallecido. Tenía 53 años.
Para una franquicia construida sobre un ambiente familiar, Anderson era la figura patriarcal que nunca necesitó alzar la voz. Sigue siendo el líder histórico del club en casi todas las principales categorías ofensivas, incluyendo juegos disputados (2,013), hits (2,368), dobles (489) y carreras impulsadas (1,292).
La pérdida de “GA” es más que la partida de un nombre en los libros de récords, es la pérdida de un mentor que seguía siendo una presencia constante y serena en la organización.
“Mike [Trout] me avisó cuando aterrizamos”, dijo el jardinero Jo Adell. “Veníamos de un buen momento tras esa serie. ... Realmente nos golpeó profundo. Estamos tristes, decepcionados y en shock”.
Los Angelinos estrenaron un parche conmemorativo el viernes que usarán por el resto de la temporada en honor a Anderson. En su primer juego con el “GA” en el uniforme, cortaron la racha de ocho victorias consecutivas de los Padres con un triunfo de 8-0, respaldados por otra dominante salida del dominicano José Soriano.
Soriano lanzó 5.2 innings en blanco con ocho ponches, bajando su efectividad, líder de la liga, a 0.28, mientras Adell y Josh Lowe remolcaron dos carreras cada uno.
El manager Kurt Suzuki, quien enfrentó a Anderson durante años, recordó a un profesional que nunca buscó los reflectores.
“Era un pelotero que hacía todo bien”, dijo Suzuki. “Nada de lujos. ... Nunca presumía sus jonrones. Ese es el tipo de ejemplo que quiero para mis hijos. Jugar de la manera correcta, hacer las cosas bien y no llamar la atención”.
Aunque el público conocía a Anderson por su carácter “estoico” en el jardín izquierdo, quienes lo trataron de cerca conocían su gran calidez humana. Para Tim Salmon, la noticia no solo marcó la pérdida de un excompañero, sino la de un hermano.
“Es devastador”, dijo Salmon. “Tan devastador como puede ser algo en la vida. Prácticamente hemos estado en este juego juntos todo el tiempo”.
Su vínculo comenzó mucho antes del título del 2002, en la liga instruccional de los años 90, cuando un adolescente de Granada Hills, California, llegó por primera vez al estacionamiento.
“Solo recuerdo ver a este chico manejando un Mustang muy bonito”, dijo Salmon. “Debe haber gastado todo su bono de firma en él. ... Ahí venía este chico alto y delgado. Pensé, ‘¿Qué tipo de actitud vamos a tener aquí?’ Y fue todo lo contrario.
“Era muy tranquilo y reservado, había que sacarle las palabras. Pero era contagioso. Se convirtió en uno de los favoritos de sus compañeros desde el principio”.
Salmon recordó cómo él y Anderson compartían vidas sorprendentemente similares: ambos criados por madres solteras y sus abuelas, y ambos casados con sus novias de la secundaria. Pasaron una década juntos en el mismo rincón del clubhouse.
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“Sabes, en nuestro mundo hay muchos héroes que en algún momento terminan decepcionando. [Pero] Garret era intachable”, dijo Salmon. “Integridad, carácter, humilde, gran amigo. Lo que hizo en el terreno habla por sí solo. Pero para mí, su mayor legado fue quién era como persona”.
Salmon, quien bateó delante de Anderson durante una década, habló de un vínculo que iba más allá de la alineación. Ambos compartieron una inusual conversación telefónica de 45 minutos apenas la semana pasada, un último regalo que ahora Salmon interpreta como una despedida.
“Fue una conversación única, de 45 minutos. Hablamos de la vida... Hoy estoy aquí y digo, ‘Señor, gracias por esa última bendición, esa última oportunidad de tener esa conversación profunda y significativa con él’”.
El impacto de ese legado también se siente en quienes nunca compartieron dugout con él. En el clubhouse actual, los números de la carrera de Anderson sirven como modelo de la longevidad que el equipo busca.
“Cada vez que tienes la oportunidad de tener a personas así en el terreno y estar en su presencia es algo muy especial”, dijo Adell. “Se le va a extrañar más allá de las palabras”.
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Para Trout, quien ahora carga con el rol de líder veterano que Anderson alguna vez tuvo, la noticia fue un recordatorio de por qué se juega este deporte.
“Cuando fui drafteado, él era el referente”, dijo Trout. “Significó mucho para esta organización. ... No creo haber escuchado nunca algo negativo sobre él. Es una pérdida muy, muy dura”.
Excompañeros recurrieron a redes sociales para expresar ese mismo sentir. Jered Weaver llamó a Anderson “el epítome del profesionalismo”, mientras que Jim Abbott señaló que “nunca hubo un momento con él en que no mencionara a su familia”.
Los Angelinos abrieron su serie en casa contra los Padres con un minuto de silencio y un video homenaje para “GA”, cuyas jugadas icónicas, así como su humildad y consistencia, dejaron una huella imborrable en sus compañeros y en la organización.
“Te demuestra que el juego es lo que hacemos para vivir, pero la vida... hay mucho más allá”, reflexionó Adell. “El béisbol está ahí, pero hay más que eso”.