“¡Perdón por el chapuzón!”: Witt y ‘Salvy’ se disculpan con la guardia que fue empapada 

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Por si te lo perdiste, Bobby Witt Jr. conectó un enorme jonrón el martes por la noche contra los Atléticos.

Se podría argumentar que lo que está en juego de verdad es relativamente poco en abril. Pero el bambinazo de Witt, un cañonazo de tres carreras para ganar el encuentro en la parte alta de la décima entrada, ayudó a los Reales a extender su racha de victorias a cuatro juegos, su mayor cantidad de la campaña. También fue su segundo vuelacerca en la misma cantidad de partidos, una gran noticia dado que Witt no había dado de cuadrangular en absoluto hasta el domingo.

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Después de un complicado arranque de la temporada del 2026, los Reales parecen estar tomando un impulso.

Suena como motivo de celebración. Además, todos sabemos cómo funciona esto: El hombre del momento, a cambio de su heroicidad, debe recibir al menos un balde de agua helada encima. (Lo cual, hay que reconocerlo, suena como un castigo, pero ¿quiénes somos nosotros para contradecir esa tradición?). El martes, esa figura fue Witt, y el venezolano Salvador Perez entró en escena justo a tiempo.

Ahora, como las tradiciones son predecibles, Witt sabía que alguien vendría con el termo de agua y esquivó la mayor parte del golpe con éxito. Ésta fue una mala noticia para Teresa Luevano, la guardia de seguridad del Sutter Health Park parada a pocos metros de la entrevista en curso y quien se encontró inesperadamente incluida en la celebración.

Luevano fue extremadamente amable con todo el asunto, y Pérez se apresuró en ofrecer una disculpa y un abrazo. Pero ambos jugadores claramente se sintieron bastante mal por el percance (como te pasaría a ti, ¿verdad?).

Entonces, cuando regresaron al estadio el miércoles, llegaron con un regalo para que los recordara: Una foto autografiada del incidente. También se incluyó un par de mensajes personalizados: Un “¡perdón por el chapuzón!” de Witt, y un mucho más simple (y bastante adorable) “te quiero” de Pérez.

Es simplemente una anécdota más en la larga historia de las ocurrencias en los estadios, y los recuerdos tan extraños que se crean.

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