Miñoso dejó huella en liga menor también

En una carrera que duró más que ninguna, el cubano Saturnino Orestes Armas “Minnie” Miñoso sabía lo rápido que tenía que generar una buena impresión.

La leyenda de los White Sox y parte de la generación del Salón de la Fama del 2022 tuvo una de las carreras más impresionantes en la historia del juego – que incluyó pasantías por clubes de liga menor en San Diego, Dayton e Indianápolis.

Nacido en Perico, en la Provincia de Matanzas, Cuba, Miñoso ha sido la única persona que ha visto acción de juego a lo largo de siete décadas. Se uniformó en tres diferentes países y en seis ligas distintas, comenzando en su adolescencia en Cuba y terminando con los Santos de St. Paul, de la liga independiente, cuando supuestamente tenía 77 años. Fue el primer jugador afroamericano en los Medias Blancas y un pionero para la comunidad latina que siguió su camino.

“Fue una persona dispuesta a pararse en el plato durante siete décadas”, dijo el propietario actual de los Santos de Triple-A y Clase-A baja Charleston, Mike Veeck, quien también fue propietario minoritario de los Medias Blancas en los 90, en una entrevista telefónica. “Algo que – tal vez en Keokuk, Iowa lo hayan hecho, pero nadie que se sepa. Es algo impresionante”.

Obviamente, Miñoso fue un jugador increíble que se ganó cada uno de los innings en los que participó a lo largo de 3,000 partidos tras salir de Cuba. Bateó .299 con 195 jonrones, 216 bases robadas y 1039 empujadas en 20 campañas en las Mayores. Fue convocado a siete Juegos de Estrellas y estuvo en la élite durante su primera década en la Gran Carpa, siendo merecedor del Premio a Novato del Año de The Sporting News en 1951.

Lo duradera de su carrera en el béisbol sólo es comparable con la intensidad y la pasión con las que jugaba, junto a una tremenda personalidad, por la que es recordado por cada persona con la que estuvo en contacto, así haya sido durante un tiempo breve.

“Podías ir a cualquier lugar en Chicago, incluso a los más peligrosos, y porque tenía una tez más oscura que la mayoría de los cubanos, no lo reconocías hasta que, como decía Keb’Mo’, aparecía su enorme sonrisa y todos decían: ‘¡Minnie!, ¡Minnie!’”, recuerda Veeck. “Sabía que era un objeto del racismo y la estupidez, pero él fue bien paciente. Los seguidores lo querían. Siempre mantuvo la misma humildad y la pasión por el juego”.

Las historias más populares sobre la legendaria carrera y vida de Miñoso en el béisbol no suelen incluir sus días en las menores. Incluso su Cadillac verde convertible que conducía por Chicago o su naturaleza supersticiosa saltan a la mente antes de su llegada oficial al béisbol organizado. Pero sus 11 juegos a nivel Clase-A demostraron lo especial que era, cuando llegó a las menores en 1948 con los Indios de Dayton.

Miñoso conectó 21 hits en 40 turnos en las últimas dos semanas de la temporada de Dayton, para un promedio de .525 y OPS de 1.412. Dio un triple y un jonrón, siete dobles, empujó ocho rayitas, se robó seis almohadillas y anotó 14 veces. Luego, casi exclusivamente como infielder, le dio los toques finales a una temporada de All-Star que comenzó con los Cubanos de Nueva York en las Ligas Negras.

Sus tres campañas en las Ligas Negras fueron sus primeras en los Estados Unidos. Se conoció que Miñoso rechazó una cantidad de dinero enorme por parte de un conjunto de la Liga Mexicana, prefiriendo jugar en las Ligas Negras por un salario mucho menor. Luego de una complicada primera temporada a la ofensiva, eventualmente se convirtió en uno de los mejores – siendo dos veces como todoestrella de los Cubanos, bateando .313 con un OPS de .850 en 111 partidos.

Los Indios de Cleveland, con la ayuda del fundador de los Trotamundos de Harlem, Abe Saperstein, consiguieron y firmaron a Miñoso durante la temporada de 1948. El propietario de Cleveland era el ahora miembro del Salón de la Fama Bill Veeck, padre de Mike Veeck, quien luego con los Medias Blancas le otorgó a Miñoso su primer trabajo como coach de MLB y la oportunidad de jugar en su cuarta y quinta décadas en 1976 y 1980.

En 1947, Veeck firmó a Larry Doby, quien rompió la barrera del color en la Liga Americana en julio de ese año, menos de tres meses después del debut de Jackie Robinson con los Dodgers. Para 1948, Cleveland tenía a tres jugadores afroamericanos en el roster – Doby, Satchel Paige y Luke Easter – antes de que la mayoría de los clubes de la Americana comenzara a integrarse.

Miñoso hizo el roster del Día Inaugural de Cleveland en 1949, pero no jugó mucho al principio de ese año, con Ken Keltner en la antesala. Disputó su último juego de esa temporada el 13 de mayo y no volvió a Cleveland durante dos años.

Fue en San Diego donde Miñoso realmente despegó en el béisbol organizado. Jugando con los Triple-A Padres en la Liga de la Costa del Pacífico, bateó .297 con OPS de .855 durante el resto de la campaña de 1949. Empalmó 22 jonrones ese año, sólo superados por los 24 que dio con los Medias Blancas en 1958 para su mayor cantidad en una temporada. Miñoso añadió 19 dobles, siete triples, 75 empujadas, 99 anotadas y 13 bases robadas.

Luego brilló con los Padres en 1950 al conectar 40 dobles, 20 cañonazos y 10 triples, junto a 30 bases robadas y promedios de .339/.405/.539, 115 empujadas, 130 anotadas y 203 hits en total.

Esa última temporada en San Diego fue un trampolín para una década de excelencia en Grandes Ligas de parte de Miñoso. Hizo el equipo de Cleveland en 1951, pero estuvo bloqueado de nuevo en la tercera base, esta vez por Al Rosen. Con nada más que demostrar en ligas menores, fue enviado a los Medias Blancas al final de abril, tras apenas 14 turnos al bate en la temporada – durante la cual ya había pegado seis imparables y recibido par de pelotazos.

La bien documentada primera permanencia de Miñoso con los Medias Blancas de 1951 a 1957 había sido por mucho tiempo una de las primeras cosas mencionadas en su promoción para el Salón de la Fama. Fue en ese trecho que se convirtió en el "Cometa Cubano" e inclusive recibió el apodo de "Minnie" en lugar de Orestes. Fue canjeado de regreso a Cleveland antes de la campaña de 1958 y fue enviado por segunda vez a los White Sox en 1959 – para ese entonces, Bill Veeck había adquirido al club de Chicago de la familia Comiskey. Miñoso disputó la temporada de 1962 con los Cardenales de San Luis y regresó a la Liga Americana con los Senadores de Washington en 1963.

Para 1964, Miñoso tenía supuestamente 38 años de edad cuando regresó a los Medias Blancas tras ser firmado como agente libre. Veeck ya no era el propietario del club y el querido jugador tenía un puesto en el roster de Grandes Ligas de Chicago por sólo 30 juegos. Bateó .226 por el equipo grande antes de quedar en libertad y recibir la oportunidad de permanecer con la organización en la filial de Triple-A en Indianápolis.

En 52 partidos por Indianápolis, Miñoso bateó .264 con OPS de .720, cuatro cuadrangulares, 11 dobles, 26 impulsadas y seis bases robadas.

La temporada de 1964 fue su última en las ligas menores afiliadas. En poco más de tres campañas, Miñoso tuvo promedio de .318 con 47 cuadrangulares, 77 dobles, 18 triples, 224 remolques y 265 anotadas. Se estafó 55 bases en total y jugó la mayor parte de su carrera antes de que MLB comenzara a monitorear las veces que un corredor era puesto out en un intento de robo en 1951, quedando con tres en su récord, todos ellos con Indianápolis en 1964.

Después de Indianápolis, el viaje de Miñoso por el béisbol lo llevó a jugar en México, donde pasó 10 temporadas como jugador, y algunas de ellas como manager-jugador. Regresó a los Medias Blancas cuando Veeck adquirió al club por segunda ocasión en 1976 y trabajó en el equipo hasta su muerte en 2015.

Mike Veeck le dio a Miñoso la oportunidad de convertirse en el primer jugador en ver acción en siete décadas en 2003. Fue la continuación de los esfuerzos que empezaron 10 años antes. Para 1993, Mike Veeck era el propietario del Miami Miracle de la Liga Estatal de la Florida (FSL). Había acordado un pacto con Miñoso, en aquel entonces aparentemente de 67 años de edad, para brindarle una oportunidad de jugar en su sexta década – una idea que fue rechazada a nivel de Grandes Ligas tanto en 1990 como en 1993. Pero la idea también se vino abajo de nuevo en la FSL.

“Fue entonces cuando realmente me interesé en el béisbol independiente”, confesó Veeck. “No podía creer que algo tan maravilloso como verlo jugar en lo que aquel entonces era su quinta década no fuera del interés del béisbol. Es una extraordinaria hazaña. No importa en qué nivel estés jugando”.

Veeck también fue dueño de los Santos de St. Paul, que ahora son la filial de Triple-A de los Mellizos. Había dejado en claro que seguiría los pasos de su padre y que le daría prioridad al entretenimiento y a los aficionados, al mismo tiempo honrando la historia del juego y a sus máximas figuras. En ese sentido, Miñoso encajaba perfectamente.

Aunque la presencia de Miñoso podría significar una burla para muchos, sus dos presentaciones con St. Paul no fueron para nada una broma. El cubano por poco y se apuntaba un indiscutible tras un batazo por el centro del diamante en 1993, pero el pitcher, Yoshi Seo, atrapó la bola por detrás de su espalda y sacó el out. Luego en el 2003, mientras vestía su jersey de los Cubanos de Nueva York, recibió una base por bolas en su única presentación.

“Fue algo bien oportuno, porque mientras mi generación se hacía más vieja, se ponía más énfasis en – podemos hacer cosas por más tiempo de lo que nuestros padres lo hacían, y esperamos que la siguiente generación sea capaz de hacer cosas por más tiempo que nosotros”, manifestó Veeck.

Los Medias Blancas y todos aquellos que conocieron a Miñoso montaron una campaña para tratar de llevarlo al Salón de la Fama mucho después de su muerte. Miñoso fue elegido a Cooperstown tras la votación de dos comités de veteranos en diciembre del 2021, junto a Buck O’Neil, Bud Fowler y su compatriota Tony Oliva.

Aunque tomó bastante tiempo llevarlo al Templo de los Inmortales, el legado de Miñoso se había fortalecido por los momentos personales que sus compañeros, coaches, ejecutivos y, especialmente, sus fanáticos tuvieron la dicha de experimentar.

“El juego les pertenece a los fanáticos”, exclamó Veeck. “Y Miñoso representa a los fanáticos, y también representa todo lo bueno que tiene este juego”.