Crismatt, transformado y con puesto en S.D.

Nunca bajar los brazos, saber esquivar los golpes que la vida manda, los obstáculos: inhalar y exhalar fuerte cuando las cosas no salen como se plantean y convencerse de que para cumplir un sueño hay que estar dispuesto a entregarlo todo, a ir más allá, a reinventarse, de ser necesario, y trabajar, trabajar duro para cumplir ese anhelo. Ese ha sido el camino que ha tenido que transitar el lanzador colombiano, Nabil Crismatt, porque para él rendirse no es una opción.

Sufrió de golpes difíciles: quedó libre de organizaciones como los Mets de Nueva York, los Marineros de Seattle y los Cardenales de San Luis, cuando pensaba que estaba haciendo bien las cosas, pero supo sortearlos con madurez. “Son decisiones que se toman”, dice con tranquilidad. Continuó labrando su camino, sin importar que las espinas se hicieran, con cada paso, más filosas. Fue un proceso largo, extenuante, del cual nunca dejó que las cosas negativas superaran a las positivas.

“La mentalidad es todo. Siempre he confiado en mis capacidades, cualquier meta que me propongo trato de cumplirla”, repite como si fuera su credo. Esa manera como Crismatt ha labrado su camino es el fiel reflejo de una frase del recordado receptor de los Yankees de Nueva York, Yogi Berra: “el béisbol es un 90 % mental, la otra mitad es física”. La representación más fiel, más clara. Con este concepto llegó a la pretemporada con los Padres de San Diego, la afrontó y salió por la puerta grande.

Los números que dejó (efectividad de 0.87 y WHIP de 0.39) fueron producto del trabajo duro que ha venido realizando a lo largo de su carrera, de las enseñanzas que dejaron en el barranquillero entrenadores como Miguel Valdez, Carlos Chantres y también de los reveses que sufrió, en la lomita, en partidos de Ligas Menores, la principal escuela de los peloteros antes de llegar a Grandes Ligas, el show. “Uno como lanzador es autodidacta, aprende de sus propios errores”, resalta. Esto lo llevó a forjarse, a fortalecerse.

El 2020, un año atípico, anómalo, distinto a nivel mundial, que trastocó planes, ideas y sueños, fue el que Nabil Crismatt aprovechó para transformarse, para ajustar detalles en su mecánica y ser un lanzador más efectivo. En plena pandemia, después de que la temporada de la MLB fuera suspendida, optó por quedarse en Miami donde se concentró 100 % en trabajar para lograr cumplir con esos anhelos que se forjaron en la cancha de Pequeñas Ligas del Norte, en Barranquilla, Colombia.

Trabajó de la mano con Carlos Chantres, quien ha sido coach de pitcheo en sucursales de organizaciones como los Yankees de Nueva York, Tigres de Detroit y Cachorros de Chicago. Él se encargó de potenciar algunos aspectos que fueron importantes para su debut en Grandes Ligas, con los Cardenales de San Luis. “Me cambió la acción del brazo, la hizo más corta y eso me ayudó para lanzar mejor en las esquinas. Creo que mis pitcheos empezaron a fluir de manera muy natural, me sentí en ritmo, muy a gusto en lo que me corrigió y esto se ha visto reflejado en la lomita”, destacó en una entrevista con LasMayores.com.

Ese aprendizaje fue vital para que su camino se aplacara y empezara a ver en él la ruta que podía coger para triunfar en el béisbol. Los resultados se vieron de inmediato, con los Cardenales de San Luis, novena con la que en 8.1 entradas tuvo efectividad de 3.24 y un WHIP de 0.84. Sin embargo, la organización decidió dejarlo libre. A pesar del golpe, la presentación que realizó abrió muchos ojos, algunos de ellos en la organización de los Padres de San Diego, que lo firmó y le permitió, posteriormente, jugar liga invernal en República Dominicana, con Estrellas Orientales. Allí también su trabajo rindió frutos: se convirtió en una de las grandes revelaciones (efectividad de 2.00, en 17 entradas y un WHIP de 1.05) de la temporada y en uno de los mejores lanzadores.

En esta pretemporada hizo lo propio, terminó con unos números notables, a pulso se ganó el puesto dentro del roster de 26 de los Padres para el Día Inaugural. “Siento que el tiempo es perfecto, este camino lo he transitado paso a paso y creo que este es el momento en el que siento que tengo la madurez suficiente para afrontar este reto y aquí estoy para esto”, destacó. Sin embargo, no quiere dejar que esta noticia lo desvíe de su trayecto. Este apenas es el primer paso de una carrera con la que quiere dejar buenos números y ser un lanzador de respeto. “Estoy enfocado en lo que se viene, porque ahora es que comienza lo que realmente importa, hay que seguir trabajando, ejecutando. Es aquí donde me quiero quedar”.

Ese joven que a los 17 años arribó a República Dominicana, con la organización de los Mets, lleno de sueños y anhelos por cumplir, con dedicación logró abrirse camino para llegar a la cúspide. Pero este deporte como tiene sus momentos felices también tiene muchos difíciles, no por nada dicen que llegar es lo más fácil, lo difícil es sostenerse. Esa es la tarea que quiere cumplir Nabil Crismatt para afianzarse dentro del bullpen de una organización que este año le apunta a quedarse con todo.