Puerto Rico, Curazao y el poco común 2B en el Salón marcaron los discursos

COOPERSTOWN, Nueva York -- La ceremonia de exaltación al Salón de la Fama el domingo de Carlos Beltrán, Andruw Jones y Jeff Kent contó con una expansión de la representación en el museo de los inmortales, el sexto puertorriqueño con placa en el recinto y el más reciente de apenas 22 intermedistas miembros del exclusivo club.

Hablando con un total de 57 exaltados al Salón de la Fama a sus espaldas, el boricua Beltrán, el curazoleño Jones y Kent expresaron sus emociones y su agradecimiento de formar parte de un grupo que representa menos del 1% del total de jugadores que han pisado un terreno de Grandes Ligas.

BELTRÁN SIGUIÓ LA TRADICIÓN INICIADA POR BIG PAPI

Antes de la exaltación del dominicano David Ortiz (Big Papi) en el 2022, los discursos de los latinoamericanos en las ceremonias se daban mayormente en inglés, pero con algunas partes reservadas para el español. No obstante, hace cuatro años Ortiz realizó uno con una mezcla de ambos idiomas que lucía no planificada y bien suelta.

El domingo, Beltrán, de alguna manera, siguió esa tradición al dirigirse directamente a su familia en el idioma castellano, en medio de su discurso en inglés.

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“Gracias por darlo todo a nosotros, por asegurarse de que creciéramos en una familia de mucho amor y cariño”, les dijo Beltrán a sus padres, Wilfredo y Carmen. Y en medio de sus elogios para su esposa Jessica, expresó Beltrán en voz alta que “me gusta mi mujer”.

En torno a béisbol, Beltrán les dio las gracias a su coach de bateo en Clase-A Baja, Kevin Long, quien llegaría a ser un célebre instructor de bateo a nivel de Grandes Ligas; a la leyenda de los Reales, George Brett (presente el domingo como inmortal exaltado en 1993), por su apoyo al principio de la carrera del oriundo de Manatí; a sus compañeros por un breve tiempo en Houston en el 2004, Jeff Bagwell y Craig Biggio (también presentes como inmortales) por enseñarle a jugar con dolor; y a Willie Mays y a Willie McCovey (EPD), por sus buenas conversaciones de béisbol en el 2011 cuando Beltrán perteneció a los Gigantes.

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No obstante, el tema de mayor peso fue el reconocer a su querida Isla del Encanto.

“Dondequiera que jugué béisbol, siempre traté de representar a mi isla”, dijo Beltrán. “Trataba de hacer lo mejor que pude para las organizaciones en que jugué, pero también quería representar a Puerto Rico”.

Y claro, ese mensaje no fue dirigido sólo a sus familiares y allegados, sino también a los muchos fanáticos puertorriqueños que se dieron cita en este pequeño pueblo del estado de Nueva York para ver la consagración de Beltrán.

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“Gracias por demostrarme que se puede llegar lejos sin olvidar de dónde uno es”, dijo Beltrán en español al público boricua. “A todos los puertorriqueños que hicieron el esfuerzo de venir a Cooperstown, gracias, de verdad. Lo valoro”.

Después de 435 jonrones, 312 bases robadas, tres Guantes de Oro y otro sinnúmero de logros en una carrera de 20 años en Grandes Ligas, Beltrán se tomó un tiempo para reflexionar sobre esa trayectoria.

“No hay duda de que esto es increíble, el estar rodeado de tantos grandes del béisbol”, manifestó. “Ni una sola vez soñé con estar parado aquí. Al lado de esta placa, veo un Dios que jamás dejó de brindarme gracia. Veo a mis padres, que me brindaron lo mejor de ellos. Veo a mis hermanos, a mi familia entera, mis hijos. Cuando veo esta placa, te veo, Jessica. Veo a mis coaches, a mis compañeros, a mis fanáticos. Veo mi isla, Puerto Rico”.

JONES, EL PIONERO CURAZOLEÑO

Andruw Jones fue el tercero de lo que han sido 18 jugadores de Grandes Ligas nacidos en Curazao. Pero sin duda, Jones es el que realmente hizo que el mundo del béisbol viera a la isla de las Antillas Holandesas como una fuente de talento. A sus 19 años, fue subido por los Bravos el 15 de agosto de 1996 y en el Juego 1 de la Serie Mundial de ese año, disparó dos cuadrangulares.

El resto, como dicen, es historia.

“No hay camino fácil para llegar hasta aquí desde la pequeña isla de Curazao”, expresó Jones, quien señaló a Ken Griffey Jr. – sentado detrás de él en el podio – como su modelo a seguir como guardabosque central. “Pero a partir de hoy, Cooperstown y Curazao están unidos para siempre. Ser el primer Salón de la Fama de la isla es lo que hace de hoy un día tan especial. Quiero compartir este día con la gente de mi tierra”.

Antes de que Jones ganara 10 Guantes de Oro y diera 434 jonrones en las Mayores, Hensley Meulens fue el primer ligamayorista curazoleño. Jones lo reconoció en su discurso, antes de nombrar a los otros 16 de la isla que han jugado en MLB aparte de él y “Bam Bam”.

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“Bam Bam abrió la puerta para que muchos otros persiguieran su sueño de ser profesionales”, afirmó Jones, quien aprovechó para dirigirse en papiamento a su familia y a los fans de Curazao presentes.

Y hablando de familia, Jones calificó al manager Salón de la Fama, Bobby Cox (EPD) – su único dirigente de 1996 al 2005 con los Bravos – como un “segundo padre” para él.

“Puso en el lineup a un muchacho de 19 años en la Serie Mundial”, expresó Jones. “Bobby me tenía confianza y me ayudó a convertirme en el mejor jugador que pude ser”.

Ahora, Jones es uno de cinco jugadores de aquellos Bravos de la década de los 90 en el Salón de la Fama, además de Cox y el gerente general de esos equipos, John Schuerholz.

“Es un honor tener la gorra de los Bravos en mi placa. Gracias, Braves Country”.

KENT, ENTRE LOS POCOS INTERMEDISTAS CON PLACA

Kent es uno de apenas 22 intermedistas en el Salón de la Fama, lo cual representa menos del 8% de los inmortales del museo. El exestelar señaló a otros dos defensores de la segunda almohadilla en Cooperstown como modelos a seguir, Ryne Sandberg y Joe Morgan. En particular, afirmó que trataba de jugar como Sandberg, brillante segunda base de los Cachorros en los años 80 y 90.

“Nunca tuve la oportunidad de conocer a Ryne, pero lo vi jugar todos los días, porque quería ser como él”, reveló Kent, el líder de todos los tiempos entre los intermedistas con 351 jonrones, entre muchos otros números impresionantes para la posición que jugaba. “Jugaba él con respeto, con resistencia y con un fuego algo callado. Espero que él sepa que muchos de nosotros que llegaron después jugaron así también”.

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Kent habló de su deseo de empujar más carreras cuando llegó a los Gigantes en 1997. Y lo hizo, remolcando 100 o más en cada una de sus seis temporadas en San Francisco… incluyendo 125 en el 2000, cuando fue elegido Jugador Más Valioso de la Liga Nacional.

“Si iba a ganar, sabía que tenía que iba a tener que producir carreras”, dijo. “Eso se convirtió en mi enfoque. Entonces, como infielder de mi era, estoy contento de haber establecido el estándar en ese sentido”.

Y tal como Beltrán y Jones, el Salón de la Fama era algo impensable en sus tiempos como jugador.

“Hubo un tiempo, cuando jugaba béisbol, en que jamás soñé estar en este escenario”, confirmó Kent. “Los pasillos están repletos de historias que no puedes experimentar en otro lugar. Y saber que puedo ser parte de esa historia, al lado de las leyendas que me crie viendo… ‘abrumador’ ni se acerca a expresarlo”.

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