Receptoría, posición de lujo en los Yankees

Mientras los Yankees, como todos nosotros, esperan que se presenten los lanzadores y receptores, se siguen escribiendo historias sobre cuándo llegará el próximo gran cátcher joven del club del Bronx. Se siguen esperando la nueva ficha de una de las posiciones mejor representadas en la historia de la organización, un legado que inició con Bill Dickey en 1928 y continuó hasta que el puertorriqueño Jorge Posada anunció su retiro tras el 2011.

Cuando uno piensa en los Yankees, inmediatamente piensa en jonrones, principalmente porque pareciera que Babe Ruth los inventó. Y pensamos en jardineros centrales por Joe DiMaggio y Mickey Mantle, y también por el papel clave que jugó el puertorriqueño Bernie Williams en aquellos grandes Yankees de la segunda mitad de los años 90. Sus estrellas del campo corto han sido Phil Rizzuto y Derek Jeter. Pero ningún equipo en la historia ha contado con los receptores que han tenido los Yankees:

Bill Dickey
Yogi Berra
Elston Howard
Thurman Munson
Jorge Posada

Dickey, el Nro. 8 original, jugó 17 temporadas y todavía estaba activo en 1946 cuando Berra (quien no utilizó el Nro. 8 sino hasta 1948) regresó de la Segunda Guerra Mundial y disputó unos cuantos partidos a finales de aquella temporada. Berra vistió el clásico uniforme a rayas durante 18 campañas y no fue sino hasta el final de su carrera que Howard – quien se había movido de la receptoría a la primera base y luego a los jardines en los años 50 tras comenzar su carrera en las Ligas Negras – empezó a cubrir la receptoría en la mayoría de los encuentros de los Yankees. Howard fue JMV como careta de Nueva York, mientras que Berra se llevó tres de esos galardones en los 50.

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Trece años después, Munson, quien murió en un accidente aéreo el 2 de agosto de 1979, también fuen JMV, el tercer cátcher de los Yankees que se llevaba el prestigioso premio en apenas 25 años. Dickey estuvo cerca de hacerlo en 1938, pero llegó segundo detrás de Jimmie Foxx después de batear .313 con 27 cuadrangulares y 115 empujadas.

Luego llegaría el puertorriqueño Posada, cuya carrera luce mejor y mejor mientras más se la examina con el paso de los años. Posada debió recibir mucho más apoyo por parte de los votantes al Salón de la Fama durante el poco tiempo que estuvo en la boleta. Jugó poco en 1996 – 50 años después del debut de Berra – y para 1998 era el primer receptor de un equipo de los Yankees que ganó 114 juegos en la temporada regular y 125 en total, un club que bien puede ser el mejor en toda la historia de la franquicia. Posada pasó 17 años en el Bronx.

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Posada ganó cinco Series Mundiales con los Yankees, aunque no jugó en la postemporada de 1996. Pero estuvo allí en 1998, 1999 y 2000, sin embargo, y seguía en la novena cuando Nueva York ganó su último Clásico de Otoño en el 2009. Cuando Posada regresó como instructor en los entrenamientos en el 2013, conversó sobre lo importante que era para él compartir sus experiencias, así como hizo Berra con él cuando Yogi regresó a los Yankees como instructor en el 2000:

“Yogi siempre estaba con los catchers, ahí en los ejercicios, bloqueando pelotas, viéndonos, riéndose con nosotros”, dijo Posada. “Era increíble. Podías darte cuenta de cómo lo disfrutaba. Nosotros pensando, ‘Éste es Yogi Berra. Debería ser un honor estar en su presencia’. Pero por la forma en la que él actuaba, era como si fuese al revés”.

Berra y el hombre conocido por sus compañeros como Georgie son parte de esa dinastía de receptores de los Yankees. Berra solía hablar de cómo Dickey siempre se le acercaba, ya después de su retiro tras la campaña de 1946, para compartir con Berra sus secretos y todo lo que sabía de la posición, de lo que significaba ser el careta de los Yankees.

“Bill me enseñó su experiencia”, contaba Berra.

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Berra ganó 10 Series Mundiales con los Yankees, mientras que Dickey ganó siete antes de él. Howard acumuló cuatro anillos y Munson estuvo detrás del plato cuando Nueva York se coronó en 1977 y 1978, las primeras coronas de la novena desde 1962.

Si bien se sigue viendo al jardín central como la verdadera cuna de las estrellas de los Yankees, ha habido más figuras detrás del home. El peor promedio de bateo de por vida entre cualquiera de los receptores ya mencionados es el de Posada, quien bateó .273 en 17 años. Dickey se retiró con .313, Yogi con .285 y Thurman con .292. Howard, quien comenzó su carrera con los históricos Monarcas de Kansas City, ligó para .274 en su carrera en MLB.

Son 27 títulos de Serie Mundial entre estos hombres. Cinco premios a JMV. Demasiado viajes al Juego de Estrellas para contar (53, en caso de que tengan curiosidad). Han estado esperando mucho tiempo desde Posada por el arribo del próximo heredero. Podría pasar un buen tiempo. Por ahora, los receptores deberían tener su propia sección en el Parque de los Monumentos.

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