El homenaje de Salvador a su mamá: Vestir la camisa de los Leones del Caracas
KANSAS CITY -- El venezolano Salvador Perez ha sido convocado nueve veces al Juego de Estrellas, además de ganar cinco Guantes de Oro y cinco Bates de Plata. Se coronó en la Serie Mundial, fue reconocido con el premio al Jugador Más Valioso del Clásico de Otoño y, apenas en la primavera pasada, ganó el oro en el Clásico Mundial de Béisbol con la selección de Venezuela. Fue honrado con el Premio Roberto Clemente 2024. Es el cuarto capitán en la historia de los Reales. Con 308 jonrones en su carrera, es muy probable que supere a George Brett esta temporada por el récord histórico de cuadrangulares de los Reales (317).
Hay un fuerte argumento de que Pérez podría ir rumbo al Salón de la Fama del Béisbol cuando cuelgue los ganchos.
Es un currículum impresionante, pero para su madre, Yilda Díaz, faltaba algo. Pérez no había jugado para sus amados Leones del Caracas en la Liga Venezolana de Béisbol Profesional. Ella le dijo a Pérez que antes de retirarse, si tenía la oportunidad, le gustaría verlo jugar para el Caracas. Anteriormente había jugado para La Guaira y Zulia, pero el Caracas es su equipo en Venezuela.
Entonces, Pérez dijo, “Hicimos que sucediera”.
El 5 de diciembre, Pérez conectó un cuadrangular de tres carreras en la séptima entrada de una victoria por 9-7 sobre el eterno rival del Caracas, los Navegantes del Magallanes. Yilda, por supuesto, estaba en las gradas.
“Me dijo después de eso que si ya no quería jugar más, podíamos irnos a casa”, relató Pérez con una sonrisa.
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Cuando Yilda le contó a Pérez sobre su deseo de verlo uniformado con el Caracas, para él fue una decisión fácil tratar de encontrar una manera de unirse al equipo. Era lo menos que podía hacer. ¿Todos esos logros beisboleros mencionados anteriormente?
Ninguno de eso habría ocurrido sin su madre.
“Sin mi madre haciendo lo que hizo, no creo que estaría aquí”, confesó Pérez.
Desde muy joven, Pérez sabía lo duro que trabajaba su madre mientras crecía en Valencia, Venezuela. Trabajaba jornadas de 12 horas en varios empleos, dejando a Pérez al cuidado de su abuela para que Yilda pudiera mantener a la familia. Aunque Pérez sabía que Yilda siempre estaba trabajando, no apreció completamente todo lo que ella hacía hasta más adelante.
Este domingo es el Día de la Madre en los Estados Unidos, pero Pérez trata de agradecerle a su mamá todos los días por lo que hizo. La ética de trabajo y la pasión de Pérez son dos de sus mayores atributos. Tiene a Yilda a quien agradecer por eso.
“No creo que lo aprecies hasta que empiezas a crecer”, agregó Pérez. “Cuando empiezas a trabajar para ti o para tu familia, cuando las cosas son difíciles, ahí es cuando te das cuenta de que tu mamá hizo un trabajo bastante bueno por ti y que estaba trabajando duro. Trato de agradecerle todos los días por las cosas que hizo por mí. Me doy cuenta de que fue difícil para ella”.
“Definitivamente es una de mis inspiraciones”, continuó. “Tengo a mis hijos y a mi esposa también. Pero es como, ‘Si ella puede hacerlo, ¿por qué yo no?’ Ella luchó tan duro como pudo, así que yo también puedo superar muchas cosas. Cuando se pone difícil, sólo sigue adelante. Es una de mis inspiraciones todos los días”.
Pérez era un niño enérgico, así que comenzó a jugar béisbol para liberar toda esa energía y mantenerse alejado de problemas después de la escuela. Se enamoró del juego y su madre lo animó a continuar, pero no sin antes recordarle que también necesitaba una educación.
“Quería que me graduara de la escuela secundaria”, indicó Pérez. “Sabía que me encantaba el béisbol y me dijo, ‘Bien, saca buenas notas (A y B) y te llevaré al béisbol. C, D, F... no vas al béisbol’”.
Pérez lo entendió y se enfocó tanto en el béisbol como en sus estudios. En el 2006, asistió a una prueba de béisbol con la esperanza de firmar con un equipo de Grandes Ligas. Pérez era un jugador del cuadro en ese entonces, pero los scouts lo pusieron detrás del plato para ver cómo lucía allí. Uno de los cazatalentos era Orlando Estévez, quien todavía trabaja en el departamento de scouts profesionales de los Reales en la actualidad. Quedó impresionado con Pérez; el resto, por supuesto, es historia.
Los Reales le dieron a Pérez un bono por firmar de US$65,000. Él se dio la vuelta y se lo entregó a Yilda.
“Le di el cheque”, recordó Pérez. “Crecimos en la zona mala de Valencia, así que lo primero que hizo fue comprar una casa en una zona diferente, mejor y más segura. Y desde entonces, gracias a Dios me dieron la oportunidad, trabajé duro y llegué a las Grandes Ligas. Ganamos un poco de dinero. Ella ya no tiene que trabajar”.
A medida que Pérez se abría camino por las menores y, eventualmente, hacia las Grandes Ligas, Yilda estuvo allí con él en cada paso del camino. Juntos, crearon una fundación en Venezuela que atiende a más de 200 niños en el vecindario donde creció Pérez. Brindan terreno bien cuidados, entrenadores profesionales, indumentaria para los jugadores y apoyo económico para las familias. Yilda es la presidenta de la fundación.
“Tratamos de ayudar a los niños a pensar en la escuela y el béisbol, tal como me dijo mi mamá”, explicó Pérez. “Cuando tienen 14 o 15 años, si firman, qué bueno. Pero al menos tienen algo más que es más importante que cualquier otra cosa, y ésa es la educación para que puedan decidir qué es bueno y qué es malo. Ése es el objetivo de la fundación”.
No es difícil ver la influencia que Yilda ha tenido en Pérez por la forma en que habla de ella. Es uno de los mejores jugadores en la historia de los Reales y es venerado en todo el béisbol. Pero su madre nunca se ha apartado de su lado. Todavía le prepara arepas, su plato favorito, y café por la mañana.
“Le agradezco a Dios que me haya enviado a la mamá que tengo, porque sé que ella luchó por mí de la misma manera en que yo lo hago ahora por ella”, afirmó Pérez. “Porque se lo merece. Ella significa muchísimo para mí”.