Aunque Beltrán entra al Salón como Met, sabe que “Nueva York no es para todo el mundo”

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COOPERSTOWN, Nueva York -- Carlos Beltrán sabe lo que es jugar en Nueva York. Lo hizo con los Mets del 2005 al 2011, y luego con los Yankees del 2014 al 2016.

El nuevo miembro del Salón de la Fama – y sexto puertorriqueño después de Roberto Clemente, Orlando “Peruchín” Cepeda, Roberto Alomar, Iván “Pudge” Rodríguez y Edgar Martínez – reiteró este fin de semana lo que muchos han afirmado desde hace décadas: “Nueva York no es para todo el mundo”.

Así se expresó Beltrán de cara a su exaltación oficial al Salón de la Fama este domingo por la tarde. Claro, el oriundo de Manatí jugó en siete equipos diferentes en 20 años en Grandes Ligas. Pero entrará al Salón con una gorra de los Mets en su placa.

“Algunos de mis grandes momentos fueron en Nueva York, pero también algunos de los retos más grandes”.

Efectivamente, después de jugar durante cinco temporadas y media con los Reales y media campaña con los Astros – donde brilló en la postemporada del 2004 de manera histórica – Beltrán firmó un contrato de siete años y US$119 millones con los Mets. Basta con decir que la afición tanto de Kansas City como de Houston perdona un poco más que la de Nueva York – sea de Mets o Yankees. Y cuando Beltrán no jugó a su nivel acostumbrado en su primera campaña en Queens – bateó .266/.330/.414 (OPS de .744) con apenas 16 jonrones y 78 empujadas – los fanáticos del equipo se hicieron sentir, y no de buena manera.

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“En Kansas City estás joven, estás jugando tu juego y no estás pensando en otra cosa que no sea salir a jugar”, recordó Beltrán, quien fue Novato del Año de la Liga Americana con los Reales en 1999. “Pero, cuando llegué a Nueva York, sentía que necesitaba subir de nivel, por tener otra responsabilidad al jugar en un equipo de mercado grande. Todas esas experiencias en Nueva York que viví, que pasé, (me ayudaron a) crecer mucho como persona y como jugador.

“Viniendo de Kansas City, al principio en Nueva York no entendía por qué los fanáticos me criticaban”, continuó el ahora inmortal de Cooperstown. “Cuando jugaba en Kansas City, nunca me abuchearon. Y de repente, estoy en Nueva York y me están abucheando. Fue un mes entero”.

Fue una bienvenida poco amigable para Beltrán y para aquellos Mets en general, que terminaron la temporada con récord de 83-79 y no clasificaron para los playoffs.

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“Pensé, ‘Dios mío. Acabo de firmar por siete años y esta gente no tiene paciencia conmigo’”, revelo Beltrán. “Entonces, aprendí como jugador que tienes que pasar por el proceso. Tienes que entender que no es nada personal… es simplemente cómo son las cosas cuando vas a jugar en Nueva York”.

Claro, las cosas mejoraron a partir del 2006, cuando Beltrán tuvo la mejor temporada de su carrera con 41 cuadrangulares, 118 remolques y OPS de .982. Los Mets ganaron su división y estuvieron a una sola victoria de la Serie Mundial. Pero en el Juego 7 de la SCLN, fue el mismo Beltrán que se ponchó con el bate en la mano ante una curva de Adam Wainwright para el último out ante los Cardenales.

En los Mets, Beltrán disparo 149 de sus 435 vuelacercas de por vida. Con los Yankees, conectó 46 más en dos campañas y media.

“Es una ciudad donde la base de fanáticos apoya a su equipo, pero al mismo tiempo, esperan la excelencia de parte de los jugadores”, concluyó Beltrán. “Entienden el juego y saben cuánto dinero ganas. Entonces, quieren que te ganes cada centavo”.

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