Al otro lado de Nueva York, también están impresionados con Judge

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NUEVA YORK – El venezolano Carlos Mendoza ya había salido del Yankee Stadium la noche del sábado. Sin embargo, el manager de los Mets estaba reviviendo en silencio las secuencias de lanzamientos mientras lidiaba con el tráfico en algún lugar de Manhattan.

Horas antes, el equipo de Mendoza había conseguido un triunfo reñido en la Serie del Subway sobre sus rivales de la misma ciudad, de alguna manera manteniendo callado el bate de Aaron Judge en el proceso. El mánager se rio suavemente, incapaz de sacudirse la persistente sensación de que sus lanzadores se habían salido con la suya.

“Honestamente, pensé y dije, ‘Vaya, le dimos demasiados buenos lanzamientos para batear’”, le dijo Mendoza a MLB.com durante la práctica de bateo del domingo. “Fue uno de esos días raros en los que él fue humano. No se ve mucho eso, no cuando un hombre está bateando por encima de .400”.

En el dugout de los Yankees, la consistencia de Judge inspira partes iguales de asombro y anticipación, un dos veces Jugador Más Valioso de la Liga Americana aparentemente en una misión por ganar un tercer premio a JMV. Judge ocupa el segundo lugar en las Grandes Ligas en jonrones (15) y carreras impulsadas (41) y encabeza MLB en promedio de bateo (.401) y expectativas (por las nubes).

Líderes de bateo en Grandes Ligas

Al otro lado de la ciudad, la perspectiva es más cautelosa. Los jugadores de los Mets prácticamente se agachan detrás de las barandillas del dugout cuando el monstruo de 6 pies 7 pulgadas más reconocible del juego marcha hacia el plato. Mendoza dijo en voz alta lo que muchos piensan en silencio: “Incluso antes de que llega al círculo de espera, sabes que va a batear… y no es una buena sensación".

“Está controlando la zona de strike mejor que nadie, a un nivel élite”, añadió Mendoza. “Tiene una comprensión bien buena del juego. Los equipos no quieren lanzarle. Va a tomar sus bases por bolas y confiar en sus compañeros. Y creo que lo más importante es lo humilde que sigue siendo; sigue siendo el mismo muchacho que conocí en Ligas Menores”.

El venezolano Luis Torrens está de acuerdo. Torrens compartió clubhouse con Judge en Charleston, Carolina del Sur, donde recuerda a un gigante amable. Incluso a sus veintitantos años, Judge, uno de los principales prospectos de la organización, solía cuidar de sus compañeros y los invitaba a cenar en la ciudad, mostrando una sonrisa con un hueco entre los dientes que desde entonces ha sido corregida.

Algún día, los viejos aficionados recordarán las tardes brumosas llenando los asientos del Joseph P. Riley, Jr. Park de Charleston, insistiendo en que siempre supieron que el joven Judge llegaría lejos.

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Torrens sabe la verdad. Nadie pronosticaba que esa versión de Judge - -recién salido de los pasillos de la Universidad Estatal de Fresno -- se convertiría posiblemente en el mejor bateador derecho de su generación.

Claro, el poder destellaba si hacía contacto sólido con la bola. ¿Pero Cooperstown? No, eso nunca surgió.

Ahora sí se habla del Salón de la Fama.

“Era enorme y fuerte. Pensabas que iba a sacar provecho de eso”, contó Torrens, sugiriendo que Judge podría haber dominado cualquier situación sin protestar. “Pero era completamente lo opuesto. No era callado, pero trataba de ayudar mucho a la gente y cuidarte. Estaba de tu lado”.

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Torrens se agachó detrás del plato durante cada uno de los cinco turnos al bate sin hit de Judge, pidiendo los lanzamientos que produjeron tres ponches.

Mirando a través de las barras de su máscara,Torrens pensó lo mismo cada vez: “Será un turno al bate difícil”.

“Cuando vas contra uno de los mejores jugadores del juego, es un desafío, sin duda”, siguió el receptor. “No hay un secreto: no puedes lanzar sólo un pitcheo. Tratas de mezclar todo, leer los swings, intentar tener un poco de suerte también. Solo esperas que no haga daño con ningún lanzamiento”.

Detrás de escena, en las reuniones donde los lanzadores, receptores y coaches analizan los swings como muchachos en una clase de ciencia de secundaria, la presencia de Judge se siente mucho antes de que el toletero levanta su bate Chandler de 35 pulgadas y 33 onzas.

Torrens dio una idea del tono de esas charlas: “Decimos lo suficiente. A veces, con ese tipo de bateadores, no intentas profundizar demasiado. Quizás sólo intentamos evitarlo y lanzar al bateador que le sigue. No es un secreto. Es demasiado bueno”.

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En su rol como coach de pitcheo de los Mets desde la temporada del 2020, Jeremy Hefner ha seguido de cerca el desarrollo de Judge. Judge pudo haber alcanzado su pico en el 2022, cuando conectó 62 jonrones para romper el récord de bambinazos en una sola temporada de Roger Maris para la Liga Americana y ganó su primer premio a JMV.

Pero se superó a sí mismo en el 2024, con cambios mecánicos produciendo menos cuadrangulares (58), pero más carreras impulsadas, bases por bolas y una línea ofensiva más robusta. ¿Y ahora? Buena suerte.

“Al principio de su carrera, hacía swing y abanicaba mucho, especialmente bajito y afuera”, recordó Hefner. “Rectas bajito y afuera, sliders, cambios, cualquier cosa que pudieras ponerle bajito y afuera. Era un hueco bastante grande. Él ha cerrado ese hueco.

“Históricamente, ha sido muy bueno para no hacer swing a esas rectas altas. Te ha obligado a bajar y ha lidiado con eso. Hay algo de espacio si puedes poner la bola ahí arriba y tienes la recta adecuada para hacerlo, pero eso es raro y poco frecuente. Sólo hay un par de muchachos en nuestro equipo que realmente pueden hacerlo”.

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No es de extrañar que el mensaje de Mendoza a su cuerpo de instructores fuera simple y claro: “No dejes que te gane”.

Probablemente repita ese estribillo cuando la Serie del Subway se reanude del 4 al 6 de julio en el Citi Field. La decisión de levantar cuatro dedos y enviar a Judge a la primera base quizás no emocione a ninguna afición, pero es mejor que buscar una bola en las gradas.

“Dejaré que el juego decida”, resumió Mendoza. “Si podemos lanzarle, lo haremos”.

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