Globe iconLogin iconRecap iconSearch iconTickets icon
noticias

Noticias de Las Grandes Ligas

Mike Mussina con argumentos para ser elegido al Salón de la Fama

(Kathy Willens/AP)
26 de diciembre de 2018

Mike Mussina, quien se retiró hace 10 años, está otra vez entre los elegibles para el Salón de la Fama. El año pasado, estuvo cerca de Cooperstown al sacar el 63% de los votos. Este año tiene que terminar de entrar, y sin problemas, porque Mike Mussina es la descripción

Mike Mussina, quien se retiró hace 10 años, está otra vez entre los elegibles para el Salón de la Fama. El año pasado, estuvo cerca de Cooperstown al sacar el 63% de los votos. Este año tiene que terminar de entrar, y sin problemas, porque Mike Mussina es la descripción perfecta de un Salón de la Fama y uno de los mejores lanzadores de todos los tiempos.
Mussina, tanto en Baltimore como en Nueva York, tuvo sus mejores años en esa máquina de devorar a lanzadores que era la División Este de la Liga Americana. Su apogeo fue durante una era en la que, como me dijo una vez Buck Showalter, "nadie sabía quién estaba consumiendo qué", y los números ofensivos pusieron una mancha en los récords del béisbol que durará por siempre. Es esencial entender qué hizo y cuándo lo hizo Mussina para analizar su carrera. No sólo fue talentoso y extremadamente duradero, sino uno de los mejores de su generación. Por eso debe ser visto como uno de los más destacados de todos los tiempos.
Su récord de por vida fue de 270-153 (.638 de % de victorias). Sólo otros cinco lanzadores en la historia han ganado tantos juegos con un mejor porcentaje de ganados y perdidos. Finalizó nueve veces entre los primeros seis en la votación al Cy Young. Fue segundo detrás de Pedro Martínez en 1999, cuando dominicano cerró con 23-4 y 2.07 de efectividad, más 313 ponches en 213.1 entradas. Pero Mussina nunca fue de los glamorosos, quizás porque le tocó compartir época con Martínez, Roger Clemens, Randy Johnson, Greg Maddux, Tom Glavine y John Smoltz.
Pero insistimos: Mussina hizo todo lo que hizo mientras el béisbol estaba en plena época de sustancias prohibidas, cuando dar 50 jonrones en una temporada era común. El dominicano Sammy Sosa bateó 60 bambinazos en tres ocasiones distintas, Mark McGwire pegó 70 una vez y Barry Bonds 73.
Esto es lo que me dijo Showalter una vez hablando de Mussina:
"De alguna manera, era capaz de manipular no sólo la pelota, sino también la zona de strike. No importaba cuánto lo estudiabas, siempre encontraba la manera de mostrarte algo distinto con su recta, su recta cortada o su cambio. Los lanzadores van a entender esto: Mike creaba su zona de strike. Era como un conductor de orquesta y nada de lo que pasaba a su alrededor lo afectaba. Tenía un don especial para lanzar una pelota".

Mussina era un artista del pitcheo. No como Pedro, claro. Mussina nunca pareció tener esa magia. Pero ambos lanzaron como lanzaron, en una era en la que las pelotas salían de los estadios como bolas de golf. Pedro llegó al Salón de la Fama y Mussina también debería hacerlo.
Sus mejores años de Mussina fueron con los Orioles. Luego el derecho firmó un contrato de seis años y US$89 millones con los Yankees, un dineral para un abridor en aquella época. Tras terminar ese pacto, seguía siendo tan bueno que los Yankees lo firmaron por dos temporadas más. Eso casi nunca pasa con los lanzadores que firman mega-contratos. Finalmente, a los 39 años, ganó 20 juegos y se retiró.
¿Pudo haber continuado? Sí, claro. Pero se fue del béisbol de la misma forma en la que llegó, como alguien de la parte alta de una rotación, con 3.68 de efectividad en ronda regular y 3.42 en postemporada.
Mike Mussina merece estar en el Salón de la Fama. Este no es su último año en la boleta, pero debido a la forma en la que lanzó, la cantidad de tiempo que lo hizo y la época que le tocó, debería ser la última vez que aparezca entre los elegibles sin llegar al 75% reglamentario.