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Paulo Orlando está listo para volver a brillar en las Grandes Ligas

27 de enero de 2019

Paulo Orlando plantó la bandera de Brasil en las Grandes Ligas. En 2015 vio acción en los cinco encuentros de la Serie Mundial, se convirtió en el primer jugador amazónico en conseguir el anillo de los campeones y un año después logró una de las mejores campañas que hayan obtenido

Paulo Orlando plantó la bandera de Brasil en las Grandes Ligas. En 2015 vio acción en los cinco encuentros de la Serie Mundial, se convirtió en el primer jugador amazónico en conseguir el anillo de los campeones y un año después logró una de las mejores campañas que hayan obtenido sus compatriotas en la MLB.
Las lesiones sacaron del panorama a este patrullero y bateador derecho, dueño de varios récords para peloteros del gigante suramericano en las Mayores. Pero luego de un regreso al béisbol invernal, en Venezuela, Orlando tiene un mensaje para el mundo del béisbol: está listo para un regreso.
El nativo de Sao Paulo acaba de firmar contrato con los Dodgers de los Ángeles. A sus 33 años de edad, aceptó un acuerdo con invitación a los Entrenamientos de Primavera. Espera que sea el primer paso en el camino de vuelta, luego de dejar a los Reales de Kansas City como agente libre y completar una larga rehabilitación por una dolencia en la rodilla.
Orlando, que se hizo una presencia habitual en la pelota del Caribe, se puso otra vez el uniforme de los Cardenales de Lara. Durante casi un mes, probó su condición física como bateador designado, ligando para .368/.467/.368 en la ronda eliminatoria y .333/.455/.389 en los playoffs, sin ir a los jardines, pero corriendo con buena velocidad y chocando la pelota con frecuencia.
"Trato de ganar la fuerza que tenía en las piernas", confesó. "Es un poco complicado, ahora mismo. Pero con el trabajo, eso me va a ayudar mucho este año".
Correr bien es lo que le llevó a jugar arriba con los Monarcas. Sus 14 robos en el 2016 son un tope para sus compatriotas en las Grandes Ligas. También lo son los 6 triples que disparó en el 2015. Son suyas 18 de las 20 estafas que han logrado los brasileros en el cielo del beisbol, así como 10 de los 16 tribeyes que tienen sus connacionales.

No son cifras que impresionen, porque apenas cinco brasileros han actuado en la MLB, desde que el receptor Yan Gomes se estrenó en 2012 con los Azulejos de Toronto. Pero son récords.
"Este es un deporte que en Brasil no se juega mucho", recordó Orlando. "El primer deporte allá es el fútbol. Pero en la región donde nací hay muchos descendientes de japoneses que sí lo juegan".
Aunque siempre apunta que comenzó tarde en los diamantes, cuando tenía 11 años de edad, se adaptó y labró una carrera que nunca había concebido en sus ideales infantiles.
"Soñaba con ser un jugador de fútbol y la vida me llevó por otro lado", dijo con una sonrisa. "Cuando empecé, me sentí un poco raro, con tantos descendientes de japoneses. Son muy disciplinados y en los primeros años me fue difícil acostumbrarme. Pero me recibieron muy bien. Me ayudaban con los guantes y los spikes, los viajes y el alojamiento. Por ellos sentí que, con buena disciplina, podía hacer cosas buenas cosas".
Saltó al profesional en 2006, con los Medias Blancas de Chicago.
"Yo mismo decía: ¿brasilero jugando pelota?", confesó. "Pero otros ya habían firmado y tuve oportunidad de conversar con ellos. Ya después no pensé mucho en eso. Soy un ser humano, estoy allí para pelear en el terreno, donde todos somos iguales".
Floreció al llegar a Doble-A, al pasar a los Reales, en el 2010. Después de eso, tuvo su primera experiencia en el Caribe, con los Senadores de San Juan, aunque desde la siguiente campaña se convirtió en protagonista de la LVBP. Seis veces ha sido parte de los Cardenales, desde entonces.

"Desde la primera, sentí que era una pelota caliente que no había conocido", relató. "Había jugado en Panamá y en Puerto Rico, pero en Venezuela, conocí a una gran fanaticada. Le doy gracias a Dios, porque aprendí muchas cosas que pude llevar a Estados Unidos y luego a las Grandes Ligas. Venezuela me ha enseñado mucho de béisbol. Es mi segunda casa".
Su primera casa está en Kansas City, donde vive con su familia, aunque visita de vez en cuando su tierra natal y le gusta jugar con un guante con los colores de su bandera: verde, amarillo y azul. 
Ahora tiene otro objetivo, y es conseguir un hogar en Los Ángeles, al menos en lo deportivo. En menos de un mes espera reportarse, buscando dejar atrás el bajón ofensivo del 2017 y las lesiones del 2018, con el recuerdo de lo que hizo hace tres temporadas, cuando consiguió una línea ofensiva de .302/.329/.405. 
"Me siento contento por la oportunidad que me están dando", señaló Orlando. "Los Dodgers quieren saber en los entrenamientos cómo me siento, físicamente. Voy a dar todo, enseñarles que puedo todavía ayudar al equipo grande. Tengo que agradecerles la oportunidad, porque vengo de lesiones y espero estar recuperado".