SAN DIEGO -- Toda eliminación en postemporada duele. Puede doler por distintas razones, pero todas duelen.
Esta, sobre todo, dolerá por lo que pudo haber sido.
Los Padres y los Cerveceros protagonizaron una épica Serie Divisional de la Liga Nacional. Las diferencias fueron mínimas. Angustiosamente mínimas. Un posible jonrón para tomar la ventaja que golpeó un cable en el techo del estadio de Milwaukee en el Juego 1. Una línea de Jackson Chourio que pasó apenas por encima del guante extendido de Jake Cronenworth en el Juego 2.
Y quizás el golpe más cruel de todos: Un posible cuadrangular de Manny Machado que habría empatado el encuentro, salvado la temporada y desatado la locura, pero que fue robado en la cerca por el jardinero central de los Cerveceros, Garrett Mitchell, en el Juego 4.
Así de rápido, la temporada de los Padres llegó a su fin. Cayeron por 3-1 ante Milwaukee en el Juego 4 de la SDLN, la noche del miércoles en Petco Park. Perdieron la serie por el mismo marcador. Y todo pudo haber sido tan diferente.
“Arde”, dijo Machado. “Duele. Este equipo luchó todo el año, pasamos por muchas cosas como grupo. Superamos muchos obstáculos. Definitivamente duele en este momento. Pero, al mismo tiempo, estoy orgulloso de estos muchachos, de lo que han logrado, de lo que han hecho, de lo que hicimos este año. Muchas cosas grandiosas.
“Es lamentable. Simplemente las cosas no salieron a nuestro favor. Pero hay que aceptar el golpe y disfrutar del camino que recorrimos”.
Esto no fue como el 2024, cuando los Padres se desplomaron en los dos partidos más importantes de su temporada. Tampoco fue como el 2025, cuando se apagaron sin llegar nunca a alcanzar el nivel que muchos pensaban que podían lograr. Estos Padres pudieron haber derrotado a los Cerveceros. Durante años, los aficionados de San Diego insistirán en que debieron haberlo hecho.
Pero no fue así. Por primera vez en 111 años, una serie de postemporada enfrentó a dos equipos que nunca estuvieron separados por más de dos carreras en ninguno de sus partidos. Y los Padres terminaron llevándose la peor parte.
“Fue una batalla de pesos pesados”, dijo France. “Ellos fueron el mejor equipo del béisbol por una razón y nosotros intercambiamos golpes de tú a tú con ellos”.
Los Padres no buscaron excusas después de la derrota y reconocieron plenamente que los Cerveceros, que ganaron 103 juegos en la temporada regular, fueron justos vencedores. Aun así, France y muchos otros siempre creerán, en el fondo, que su elevado del Juego 1 habría sido un vuelacercas para tomar la ventaja si no hubiera golpeado aquel cable. La noche del miércoles, el dirigente de los Cerveceros, Pat Murphy, no puso en duda esa posibilidad.
“Los Padres son un gran equipo”, dijo Murphy. “Pudieron haberlo ganado todo, pero así es la postemporada. A veces la pelota no rebota a tu favor. [El legendario narrador de los Cerveceros, el fallecido Bob] Uecker baja esa pelota desde las vigas del techo. Y es una serie diferente. Chourio conecta ese hit ante Miller y es una serie diferente.
“Así que créanme, ese equipo puede vencer a cualquiera en el béisbol. Simplemente estoy agradecido de que hayamos podido superarlos”.
Con el tiempo, la decepción vendrá acompañada de un reconocimiento por el simple hecho de que los Padres hayan llegado hasta aquí. Después de estar tres juegos por debajo de .500 a finales de julio, irrumpieron en la postemporada con un cierre de campaña arrollador y luego disputaron seis encuentros de playoffs que quedarán grabados en la memoria.
Sin embargo, la espera continúa. Nunca ha habido una era en la historia de los Padres como esta. Han llegado a la postemporada en tres años consecutivos y en cinco de los últimos siete. Pero a esta etapa todavía le falta su mayor logro: El primer título de Serie Mundial en la historia de la franquicia.
“Hay muchas cosas de las que podemos sentirnos orgullosos este año”, dijo el dirigente Craig Stammen. “Muchas cosas que nos permiten regresar a casa y decir: ‘Sí, hicimos un buen trabajo’. Pero tampoco estamos satisfechos. No estaremos satisfechos hasta que finalmente llevemos ese campeonato a San Diego. Sin embargo, este año nos acercó un paso más a esa meta”.
Se avecina una temporada muerta llena de interrogantes. Entre las principales están los futuros del cubano Adrián Morejón, Ty France y Michael King. Tras la derrota del miércoles, los tres expresaron su deseo de regresar.
Después del último out, Morejón caminó lentamente desde el bullpen entre los jardines izquierdo y central hacia el clubhouse local, con lágrimas en los ojos. Unos minutos después, frente a su casillero, explicó que, tras realizar 31 lanzamientos en la derrota del Juego 1, comenzó a sentir molestias en el hombro. Hizo tiros antes de los Juegos 3 y 4, pero las molestias no desaparecieron. El miércoles le dijo al coach de pitcheo, Rubén Niebla, que podía lanzar un inning, aunque quizás no estuviera en su mejor nivel. Los Padres optaron por no utilizarlo.
“Empiezo a pensar en todo lo que ha pasado durante los últimos 10 años”, dijo Morejón. “... Siento que he crecido en esta organización”.
Sin Morejón, los Padres tuvieron que ingeniárselas para cubrir los innings. La estrategia funcionó en el Juego 3. En el Juego 4, hicieron lo que pudieron. Para la mitad del encuentro, algo comenzó a quedar claro: El reconocido bullpen del equipo se estaba quedando sin combustible, después de haber soportado una carga de trabajo tan pesada en los primeros tres partidos.
Los Padres se encontraban abajo por dos carreras, con el jonrón del dominicano Fernando Tatis Jr. en el tercer episodio como su único aporte ofensivo ante el abridor de los Cerveceros, Robert Gasser. (Y, en realidad, fue allí donde perdieron el partido).
Mason Miller, quien regresó de la lista de paternidad antes del encuentro, fue llamado para lanzar un séptimo capítulo sin permitir anotaciones. Joe Musgrove mantuvo cerrado el marcador con otras dos entradas en blanco. Y por un breve momento, en el octavo acto, renació la esperanza.
Musgrove soltó un rugido al abandonar el montículo. La canción “All The Small Things” retumbaba en el estadio. Tatis negoció inmediatamente un boleto para abrir la entrada. Y Machado hizo un contacto verdaderamente extraordinario con una recta de Abner Uribe.
Machado se inclinó hacia atrás en la caja de bateo, como suele hacerlo cuando sabe que ha conectado la pelota con autoridad. Pero Mitchell se desplazó hacia la pared y, evocando a Adam Jones, realizó la atrapada.
“Buena jugada”, dijo Machado después. “Debí haberle pegado más fuerte”.
Cuando la pelota cayó en el guante de Mitchell, Machado se llevó ambas manos a la cabeza y se levantó el casco. Su expresión de frustración lo decía todo.
No fue su noche. No fue su serie. No fue su año. Y lo que más dolía era saber que pudo haberlo sido.
