
Al entrar en su primer año en las Grandes Ligas, el reporte de los scouts sobre el japonés Munetaka Murakami era fuerte y claro: se va a ponchar muchísimo, pero va a destrozar pelotas cuando logre hacer contacto. ¿La esperanza? Que haga lo suficiente de lo segundo para compensar lo primero.
Hasta ahora, todo bien. Murakami conectó un jonrón en cada uno de sus primeros tres juegos en las Mayores, y luego empató un récord de novato al disparar cuadrangular en cinco juegos consecutivos, todo mientras se poncha en más del 30% de sus turnos. Solo el encendido cubano Yordan Álvarez tiene más jonrones, y solo cuatro bateadores, entre ellos Mike Trout y Ben Rice, tienen una mayor tasa de bases por bolas que el 19.3% de Murakami. Al combinarlo todo, su OPS+ de 168 lo ubica cuarto, solo detrás de Álvarez, Rice y James Wood. Si puedes hacer eso, a nadie le importará con qué frecuencia te ponchas.
Aun así, si esos números de ponches y bases por bolas parecen representar una gran parte de sus visitas al plato, es porque lo son. Otra forma de ver el primer mes de Murakami en las Mayores es desglosando cómo terminan sus turnos, así:
- Ponches: 32%
- Bases por bolas: 21%
- Jonrones: 9%
- Otros hits: 11%
- Pelotas en juego, outs: 27%
Cabe señalar que los “otros hits” son únicamente sencillos. Aún no tiene ni un doble ni un triple. Ni uno solo. Cuando le pega, como dice el viejo dicho, la pelota no regresa.

Incluso tras el primer juego de la serie contra los Nacionales el viernes, Murakami sigue sin conectar un doble ni un triple.
Al observar este desglose, se puede ver que la mitad del tiempo termina en ponche o base por bolas. Si se agregan los jonrones, eso significa que el 60% de sus turnos al bate no terminan con la pelota en juego. Esos son los “tres resultados verdaderos” de los que probablemente has escuchado, es decir, turnos que no pueden ser afectados por la defensa. Si esto se mantiene, estaría entre los cinco porcentajes más altos en una temporada con al menos 100 visitas al plato en la historia. Más importante aún, los tres primeros lugares en esa lista pertenecen a Joey Gallo, en 2023, 2015 y 2019, y su nombre es el que más aparece como comparación.
Si ese es el caso, la única pregunta que todos quieren saber es: “¿Podrá mantenerlo?” Aunque es imposible saberlo, las señales son más favorables de lo que podrías pensar.
Por un lado, aunque poncharse el 30% del tiempo es mucho, no llega a los niveles de más del 40% que Gallo registraba con frecuencia. Es más parecido a Kyle Schwarber que a Gallo, y aunque nadie confundiría a Schwarber con un bateador de contacto, esa diferencia marca el paso entre “ser una de las mayores estrellas de poder del juego” y “la última vez que supimos, estaba intentando regresar como lanzador”.
Aunque es más alto de lo ideal, puedes ser un bateador con 30% de ponches y aun así ser productivo, siempre que aportes suficiente valor cuando haces contacto. No es difícil encontrar ejemplos en los últimos cinco años, Wood, Matt Chapman, Schwarber, Trout y el dominicano Elly De La Cruz son algunos de esos bateadores de muchos ponches, pero alto impacto, porque, de nuevo, poncharse el 32% del tiempo sigue estando bastante lejos de lo que hacía Gallo.
Tampoco es algo sin precedentes tener un mes como el que está teniendo Murakami. Con el mes casi terminado, su slugging se ha mantenido en .600 o más prácticamente todos los días, y su porcentaje de ponches es de 32%, lo que, si termina abril así, lo convertiría en uno de apenas 42 jugadores en lograr algo similar en un mes con al menos 100 apariciones al plato.
Como es de esperarse, casi todos estos casos son de décadas recientes, el único jugador que lo logró antes de 1992 fue el cubano miembro del Salón de la Fama Atanasio “Tany” Pérez, quien se ponchó el 30% del tiempo en agosto de 1970, una temporada en la que terminó tercero en la votación al JMV de la Liga Nacional.
Entre esos 41 jugadores anteriores, se dividen así:
• 29 llegaron al menos a un Juego de Estrellas
• 12 no lo hicieron
Aunque no es una forma perfecta de analizarlo, por ejemplo, no incluye a Nick Kurtz el año pasado, quien curiosamente lo logró en una temporada completa sin hacerlo en un solo mes, sigue siendo una tasa bastante positiva, y el grupo de “al menos un Juego de Estrellas” incluso se queda corto para describir su talento. Además de Pérez, incluye a miembros actuales o futuros del Salón de la Fama como Trout, Shohei Ohtani y Jim Thome, así como grandes cañoneros como el dominicano Sammy Sosa y Mark McGwire, múltiples llamados consecutivos al Juego de Estrellas como George Springer, el venezolano Ronald Acuña Jr., Ryan Howard y el quisqueyano Rafael Devers, u otros bateadores de mucho poder y muchos ponches como el venezolano Eugenio Suárez y Chris Davis.
Es el otro grupo de 12 el que muestra el lado negativo, la posibilidad latente de que esto no funcione. Son jugadores de gran poder y altísimos ponches que brillaron por poco tiempo, como Chris Carter, Matt Davidson o Patrick Wisdom. Como inicialista, también hay un poco más de presión, Gallo, al menos, fue un jardinero defensivamente sólido por varios años, y otros en esta lista, como el cubano Luis Robert Jr. y Byron Buxton, también lo han sido.
Hasta ahora, Murakami ha demostrado que este nivel de ponches y este nivel de poder pueden funcionar perfectamente. Pero ¿qué pasará cuando la liga haga ajustes? Nadie cree que el poder desaparezca, su historial en Japón lo deja claro. Tampoco se espera que se convierta en un bateador de contacto, los ponches son parte de su perfil. Toda su carrera se reduce a una pregunta, ¿podrá mantener los ponches alrededor del 30%? ¿O subirán al 40% o más, la zona de peligro al estilo Gallo?
Hay un aspecto clave en este perfil: no hacer swing a lo que no puedes batear.
Si se observa a quienes no lograron sostener este tipo de rendimiento, parte del problema con los ponches fue que simplemente hacían swing demasiado. Robert tiene una tasa de swing de 57% en su carrera, Keston Hiura tuvo 51%, Wisdom llegó a 48%, y así sucesivamente.
Murakami, en cambio, tiene una tasa de swing de 38%, una de las 20 más bajas del juego. Su porcentaje de swings a lanzamientos fuera de la zona está en el percentil 94, también entre los mejores. Todo esto lo acerca más a perfiles como Kurtz y Trout que a Wisdom, y podría ser clave. Si no puedes hacer suficiente contacto cuando haces swing, y todo indica que Murakami no puede, ya que tiene una de las 10 tasas más altas de swings fallidos en el juego, entonces una forma de compensarlo es tan simple como difícil de ejecutar, no hacer swing con tanta frecuencia.
Dicho de otra manera, está haciendo algo que parece contradictorio, considerando lo imponentes que son sus jonrones. Cuando no hace swing, ha generado +9 en Valor de Carreras según Statcast, empatado como el sexto mejor, lo que significa que produce valor al trabajar los conteos a su favor o negociar bases por bolas. Cuando hace swing, ha generado apenas +1 carrera, ya que el valor que aportan sus jonrones es prácticamente igual al que pierde con los swings en blanco.
Esa aparente capacidad para entender la zona de strike también podría reflejarse en otros aspectos. Aunque Murakami tiene marca de 4-2 en los seis retos de ABS que ha iniciado, también lidera las Grandes Ligas en la métrica de Statcast “Overturns vs. Expected”, que considera conteo, outs, ubicación del pitcheo, retos disponibles y contexto del momento. Por ejemplo, la semana pasada en West Sacramento, negoció una base por bolas de cuatro lanzamientos en el noveno inning, pero solo después de revertir dos decisiones previas que habían sido cantadas como strikes.
El temor inicial, que se poncharía tanto que su poder no compensaría, aún no ha sido disipado. Ni siquiera ha terminado abril. Sigue siendo nuevo para muchos lanzadores y se poncha lo suficiente como para que no haya mucho margen si esa cifra aumenta.
Eso explica en gran parte por qué los White Sox pudieron firmarlo por apenas dos años el invierno pasado. Pero hasta ahora, ha quedado claro que su poder es muy real y que su disciplina en el plato es un punto fuerte a su favor.
Hasta ahora, todo bien, y más o menos como se esperaba.
