Si les pides a algunos de los compañeros del cubano Andy Pagés que describan las mayores hazañas recientes de la estrella en ascenso, apelarán rápidamente a los superlativos.
Justin Wrobleski, después de que Pagés se lanzara para hacer una atrapada asombrosa que salvó una carrera el sábado por la noche: “Pensé que era un hit, y luego creí que podía llegar y después dije, ‘Oh, lo va a intentar’. Y luego se lanzó y la atrapó, y me quedé como, ‘Eso fue lo más grande de la historia’”.
Freddie Freeman, tras el épico turno al bate de nueve pitcheos de Pagés contra el elogiado cerrador de los Padres, Mason Miller, la noche del martes: “Fue uno de los mejores turnos al bate que he visto en persona, y llevo mucho tiempo en este deporte. Ese turno fue increíble. (Dar un batazo ante un pitcheo de) 95 [millas por hora] es difícil, batear 100 es aun más difícil, batear 102 es probablemente la cosa más difícil de hacer, y dar de foul contra rectas de 102 consecutivas, y luego sliders a 87, 88; ha sido uno de los mejores turnos que he presenciado”.
El único Dodger que ha sonado más o menos impasible acerca de lo que Pagés ha hecho en el terreno es el propio Pagés.
El oriundo de La Habana hizo que su increíble atrapada sonara casi sencillo: “Si tengo la oportunidad de hacer la atrapada, voy a salir e intentar hacerla, lanzarme, sin tener ningún miedo de intentar esa acción ahí fuera”.
Y ciertamente no tuvo reparos en enfrentarse a Miller, quien cargó con su primera derrota en más de un año. Pagés dijo lo siguiente: “Es un buen lanzador, pero para mí, es simplemente un pitcher que tira duro y si logras estar a tiempo contra él, puedes hacerle daño”.
A Pagés no le falta confianza, y el joven de 25 años trabaja duro para respaldar eso. A principios de la campaña pasada, había una duda legítima sobre si podía mantenerse como el jardinero central de todos los días de los Dodgers. Este año, es justo preguntarse dónde estarían los bicampeones sin las contribuciones de Pagés con el bate y el guante.
Para el final de la campaña pasada, Pagés ya estaba comenzando a verse como una estrella en ascenso después de batear .272 con 27 jonrones, la mayor cantidad de cualquier Dodger que no se llamara Shohei Ohtani. Luego llegó la postemporada, cuando el cubano tuvo problemas de proporciones históricas.
Pagés tuvo OPS de .211, el más bajo en los registros para una sola postemporada (mínimo de 50 veces al bate). Quedó fuera de la alineación titular para los últimos dos compromisos de la Serie Mundial, aunque causó un impacto como reemplazo defensivo en el Juego 7 con una atrapada increíble para enviar el desenlace a entradas extras.
La forma en que Pagés respondió (sumergiéndose en el trabajo diario para mejorar su disciplina en el plato y ser aun mejor en el jardín central) les dijo a los Dodgers todo lo que necesitaban saber sobre su carácter.
“Creo que la forma en que ha respondido ha demostrado que puede recuperarse”, expresó el manager de Los Ángeles, Dave Roberts. “La primera señal es que no me culpó a mí ni a nadie más por no [ser titular] en el Juego 6 o 7. Asumió toda la responsabilidad de que no fue lo suficientemente bueno, pero estaba listo cuando se le llamó. Y creo que ésa fue la manera correcta de manejarlo, y le permitió liberarse un poco mentalmente para tener una temporada de despegue”.
Antes de la jornada del sábado, Pagés tenía un bWAR de 3.0. Sus seis outs por encima del promedio se ubicaban en el percentil 98 entre los defensores calificados, según Statcast. Se está embasando a un ritmo mayor que en su campaña revelación del 2025. Todavía hay muchos swings en, pero a veces eso simplemente viene con el territorio.
En un roster de los Dodgers repleto de talento que presenta a varios de los mejores agentes libres de las últimas temporadas muertas, uno de los jugadores más emocionantes de ver es un talento desarrollado en casa. Ocho años después de firmar como agente libre internacional amateur desde Cuba, Pagés se ha posicionado para convertirse en una de las muchas estrellas de Los Ángeles.
