¡Épico! Valentine disfrazado en el dugout

22 de febrero de 2022

Ha habido cantidad de memorables bigotes que han agraciado el diamante, como los de Dick Allen, Rollie Fingers y Reggie Jackson, entre otros, pero quizás ninguno es tan infame como aquel extremadamente falso que se pegó Bobby Valentine sobre el labio superior una cálida noche de junio en 1999.

Es cierto, quizás el disfraz no era perfecto, pero la travesura del manager de los Mets durante el extrainning de ese tenso juego contra los Azulejos ha perdurado en el tiempo. El episodio se ha convertido en parte inseparable del folklore de los Mets, aunque parezca que siempre tratan de adornarlo más cada vez que alguien lo vuelve a contar. Pero hay ciertos hechos indiscutibles que, gracias al mismo protagonista, tenemos bien claros sobre la vez que Valentine quiso pasar de incógnito.

Todo empezó con un pitcheo intencional. Valentine lo pidió desde el dugout, tratando de evitar que el veloz Shannon Stewart se pusiera en posición anotadora con el encuentro igualado en la parte alta del 12do inning. A primera vez, pareció que el movimiento iba a pagar dividendos. Stewart se fue para segunda, el cátcher Mike Piazza recibió el envío de Pat Mahomes, dio un par de pasos y disparó a la intermedia. El tiro no fue muy bueno (eso no suele mencionarse mucho cuando se cuenta la historia) y Stewart llegó quieto, pero el umpire determinó que Piazza había salido demasiado lejos de la caja antes del envío y sentenció balk del receptor.

Aquello molestó muchísimo a Valentine, que salió corriendo de la cueva para protestar. Lo que nadie ha podido saber en ese momento es que no iba a regresar al dugout, al menos no como la versión afeitada de Bobby Valentine.

“Ahora bien, yo he leído el libro de reglas toda mi vida, pero jamás había visto o escuchado que un umpire cantara esa jugada en un juego, así que salí a hablar con Randy (Marsh, el umpire de home)”, le dijo Valentine a ESPN en el 20mo aniversario de aquel célebre juego. “Le pregunté si me podía expulsar si le decía lo que estaba pensando y me dijo que no. Entonces le dije lo que estaba pensando y me expulsó”.

Valentine no era ningún extraño a eso de ser botado de un juego (lo expulsaron 17 veces en siete temporadas en Queens y en una campaña para el olvido en Boston en el 2012 lo corrieron del diamante seis veces), pero esta llegó en un momento particularmente crucial en la temporada. Entre el 28 de mayo y el 5 de junio, los Mets perdieron ocho encuentros seguidos, lo que resultó en una reestructuración del cuerpo técnico de Valentine. Aunque habían ganado dos encuentros en fila para el comienzo de su serie ante Toronto, el piloto entendió que había caras nuevas en el dugout y no quería correr ningún riesgo.

Luego de conversarlo con Robin Ventura y Orel Hershiser en el clubhouse, según contara él mismo, Valentine cambió su apariencia con una gorra y unos lentes de sol, aunque no estaba seguro de si iba a funcionar, dado que el juego era de noche. Pero la pieza central fueron los dos pedazos de cinta negra que Valentine se puso arriba de su labio superior, consiguiendo el efecto de un bigote.

“Vi a [Ventura y a Hershiser] y me dijeron que nadie se daría cuenta”, recuerda Valentine.

Bueno, en eso se equivocó. Las cámaras en el dugout lo atraparon casi de inmediato. Hershiser era el responsable de bloquear al manager, pero no salió como se esperaba. Los narradores comenzaron a reírse en medio de la transmisión.

Había sido descubierto. Cuando se le preguntó al respecto luego del juego, Valentine intentó negarlo: “Fue alguien que no luce como yo”, dijo, según el New York Times de ese día. Pero desde entonces ha aprendido a vivir con eso; una parte tan importante de su legado, como cualquier participación en una Serie Mundial (los Mets jugaron una bajo su mando). Claro, ayudó que su equipo ganará ese partido en la 14ta entrada con un sencillo de oro de Rey Ordóñez.

Luego de una suspensión de dos juegos y una multa de US$5,000 por sus acciones, Valentine volvió a la cueva como el Bobby de siempre.

“Necesitábamos algo que nos impulsara. Necesitaba ver a los chicos sonriendo”, dijo Valentine a MLB Network. “Estábamos riéndonos juntos. Jugando unidos, llegamos a la postemporada”.

Entre ese juego ante los Azulejos y finales de agosto, el club tuvo récord de 50-25, conquistando el Comodín de la Liga Nacional, antes de caer en seis juegos ante los Bravos en la Serie de Campeonato. Lo logrado en ese verano es lo que recuerda Valentine, incluso más que su legendario disfraz. Eso y la pequeña molestia que aún tiene con Hershiser por no taparlo bien.

“Siempre le digo: ‘Orel, ¿por qué no bloqueaste la cámara? Me debes US$5,000’”.