Diez años después de su título, ¿vuelve Chicago a la cima?

5:47 PM UTC

Este próximo octubre se cumplirán 10 años desde que los Cachorros lograron lo que generaciones de fanáticos del béisbol y habitantes de Chicago pensaron durante mucho tiempo que era imposible: Ganaron la Serie Mundial. Sigue siendo asombroso que eso haya ocurrido. Yo estuve allí, en Cleveland, la noche en que Anthony Rizzo atrapó esa pelota en su guante, y todavía, de alguna manera, no puedo creer que todo haya sido real. Pero lo fue. Realmente lo fue.

Lo que no se recuerda mayormente hoy en día, una década después, es que los Cachorros en realidad llegaron “antes de tiempo” al gran escenario. Se habían clasificado para los playoffs la temporada anterior, pasando de 73 a 97 victorias, aunque terminaron en el tercer lugar de una reñida División Central de la Liga Nacional detrás de los Cardenales y los Piratas. Los Cachorros eliminaron a ambos rivales divisionales en esa postemporada del 2015, pero fueron barridos por los Mets en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional.

De cara al 2016, todavía eran considerados un equipo joven y quizá con poca experiencia. Obviamente, desmintieron esa percepción de forma categórica, lo que hizo todo más emocionante, porque significaba que este equipo apenas empezaba. El roster de los Cachorros del 2016 estaba lleno de estrellas jóvenes como Kris Bryant (24), Anthony Rizzo (26), Jason Heyward (26), Kyle Hendricks (26), el cubano Jorge Soler (24), el venezolano Willson Contreras (24), el puertorriqueño Javier Báez (23), Addison Russell (22) y Kyle Schwarber (23).

La suposición era que el título de los Cachorros en 2016 era apenas el primero de muchos. Parecía que estábamos viendo el inicio de una dinastía.

Pero no resultó así. Los Cachorros perdieron ante los Dodgers en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional del 2017 y luego contra los Rockies en el Juego del Comodín en el 2018, antes de quedarse fuera de los playoffs por completo en el 2019. En la temporada acortada por la pandemia en el 2020, ganaron la División Central de la Liga Nacional por primera vez desde el 2017, pero fueron barridos por los Marlins en la Serie del Comodín.

Un año después, habían cambiado a Báez, Rizzo y Bryant, como parte del éxodo de aquel equipo campeón, frustrando a los fanáticos de los Cachorros y recordando a todos que 2016 no debía ser el final de todo. No hay duda de que, si bien las banderas ondean para siempre —especialmente ésa en particular — los Cachorros dejaron pasar una gran oportunidad de construir algo más grande. Tenían el título, todo ese talento joven, una enorme base de fanáticos y, en teoría, ingresos suficientes para trabajar. ¿Cómo fue que esa dinastía nunca se concretó?

Chicago se perdió la postemporada durante cuatro campañas consecutivas, pero el equipo del año pasado ganó 92 juegos, rompió esa sequía y ganó su primera serie de playoffs desde el 2017, antes de quedarse a una victoria de avanzar a la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. Y ahora, tras dar ese paso hacia adelante, tienen a Alex Bregman.

Entonces, la pregunta debe hacerse: ¿Están los Cachorros por fin imponiendo su poder en la División Central de la Liga Nacional como sus fanáticos han anhelado? ¿Estamos ante el inicio de una nueva dinastía... al menos dentro de la división?

Obviamente, por un lado, es una pregunta un poco absurda. Si hay un equipo que hoy en día puede considerarse una dinastía en la División Central de la Liga Nacional, no son los Cachorros, sino los Cerveceros. Milwaukee ha ganado los últimos tres títulos divisionales y cuatro de los últimos cinco, y tuvo el mejor récord de Grandes Ligas el año pasado.

Pero los Cachorros siempre han tenido ventajas que ningún otro equipo en la Central ha disfrutado. Son los Cachorros, una marca global en un gran mercado, con un verdadero monumento estadounidense como estadio para disputar sus partidos. Ésta fue la promesa inicial de aquella versión de los Cachorros encabezada por Theo Epstein: Construir con talento joven y luego rodearlo de contrataciones estratégicas —contrataciones que puedes permitirte a un nivel que ningún otro en tu división puede alcanzar.

Y parece que eso es precisamente lo que están haciendo ahora.

Retener a Kyle Tucker — quien en su única temporada en Wrigley tuvo tres meses iniciales fantásticos y cuatro finales marcados por lesiones y frustración— nunca fue una posibilidad seria, antes de que el estelar acordara un mega-contrato con los Dodgers el jueves por la noche. Los Cachorros podían haberlo fichado, pero no se les puede culpar, ni a él ni al equipo, por haber mirado hacia otro lado. Incluso sin Tucker, este equipo ha subido de nivel en esta temporada baja.

El cambio por el dominicano Edward Cabrera, el lanzallamas de los Marlins, ese tipo de brazo ponchador que tanto necesitaban, fue una jugada quirúrgica. Y reforzar el bullpen con una serie de firmas razonables en la agencia libre tuvo mucho sentido. Pero la firma de Bregman fue el gran golpe que los fanáticos de los Cachorros han estado esperando, el tipo de movimiento que ningún otro equipo en la División Central haría. Así se construyen las dinastías.

Mientras tanto, los Cerveceros han pasado el invierno cambiando a Isaac Collins y amenazando con hacer lo mismo con el quisqueyano Freddy Peralta. Los Rojos buscaron a Kyle Schwarber, pero terminaron conformándose con... JJ Bleday. Los Piratas trajeron más ofensiva que eso, pero se puede argumentar que ninguno de los bateadores que adquirieron sería titular en Chicago. Y, por supuesto, los Cardenales, el rival más odiado de los Cachorros, están en las primeras etapas de lo que parece ser una reconstrucción desde los cimientos, con sólo Brendan Donovan por salir después de haber traspasado a Nolan Arenado, Sonny Gray y el venezolano Willson Contreras en esta temporada baja. Los Cardenales volverán en algún momento para desafiar a los Cachorros, pero va a tomar un tiempo.

Sumando todo, parece que los Cachorros tienen ahora la pista de despegue que no habían tenido desde 2016. Aquella se suponía que era la generación del futuro. No terminó siendo así. Pero puede que ahora se esté preparando el terreno nuevamente, gracias a que los Cachorros por fin están aprovechando las ventajas que siempre han tenido en la División Central.

Aunque, claro: Antes de hablar demasiado sobre dinastías, tal vez primero deberían superar a los Cerveceros.