Al comenzar la temporada muerta, 15 jugadores de posición aparecían en la lista de los 30 mejores agentes libres elaborada por Mark Feinsand de MLB.com. Tras una frenética ola de firmas en la que Kyle Tucker terminó en Hollywood, Bo Bichette llegó a Queens y Cody Bellinger renovó en el Bronx, solo dos de esos bateadores permanecen en el mercado. Y no podrían ser más distintos.
El venezolano Luis Arráez es el mejor bateador de contacto de su generación y uno de los mejores en la historia del béisbol. El también venezolano Eugenio Suárez es un slugger comprobado, que viene de una campaña de 49 jonrones en la que conectó uno de los cuadrangulares más importantes en la historia de los Marineros. Su única similitud es que ambos están buscando un nuevo equipo mientras se acerca el inicio de los Entrenamientos de Primavera.
Solo hay que ver cuán distintos son sus porcentajes en Baseball Savant. Donde uno zigzaguea, el otro hace lo contrario.

Para los fines de este análisis, nos enfocaremos exclusivamente en sus respectivos perfiles ofensivos, ya que la mayor parte de su valor radica en lo que hacen con el bate, no con el guante. Suárez, de 34 años, tiene un wRC+ de por vida de 113 (una métrica que mide la producción ofensiva general de un bateador en comparación con el promedio de la liga), aunque el año pasado registró un wRC+ de 125. Arráez tomó el camino opuesto: su wRC+ de 104 en 2025 fue el más bajo de su carrera, pero tiene un promedio de 117 en su trayectoria.
A continuación, un vistazo a lo que hace tan distintos a estos dos jugadores.
Contacto
Arráez es un genio poniendo la bola en juego, y ya se ha consolidado como uno de los mejores bateadores de contacto de todos los tiempos. En cada una de las últimas cuatro temporadas, Arráez ha registrado la tasa de abanicos más baja (porcentaje de swings fallidos) entre los bateadores calificados. El año pasado, su tasa de swings fallidos fue de apenas 5.3%, la mejor de su carrera, al igual que su tasa de ponches de 3.1%, la más baja registrada por cualquier bateador en una temporada completa desde Tony Gwynn en 1995.
Pero no se trata solo de que Arráez hace contacto, sino de que lo hace en una era donde es más difícil que nunca conectar la bola. Tal vez la mejor manera de ver esto es con el K%+, o tasa de ponches ajustada a la era, ya que poncharse 100 veces en 2025 no es lo mismo que hacerlo en 1995, por ejemplo. Según FanGraphs, Arráez tiene la cuarta tasa de ponches ajustada más baja de todos los tiempos, incluso mejor que la de Gwynn.
No hace falta revisar esa lista para saber que Suárez no aparece en ella. El contacto nunca ha sido parte de su arsenal. La temporada pasada, Suárez tuvo una tasa de swings fallidos de 33.3%, la más alta de su carrera y una de las 10 peores en las Grandes Ligas entre los bateadores con al menos 400 apariciones al plato. Su tasa de ponches (29.8%) estuvo en el cuarto percentil de MLB. Se ponchó 196 veces, la cuarta mayor cantidad en todo el béisbol, mientras que Arráez se ha ponchado solo 186 veces en los últimos seis años combinados.
Poder
Arráez tiene una ventaja indiscutible cuando se trata de hacer contacto. Pero en cuanto al poder, Suárez domina.
Suárez igualó su mejor marca personal con 49 jonrones la temporada pasada, cifra que también fue la quinta más alta en las Grandes Ligas, solo por detrás de Cal Raleigh, Kyle Schwarber, Shohei Ohtani y Aaron Judge. Nada mal estar en esa compañía.
Luego está Arráez, quien suma 36 jonrones en su carrera. Su mejor producción de poder fue en 2023, cuando registró un porcentaje de slugging de .469, que está más o menos a la par con el .464 de SLG que Suárez tiene en su carrera.
El año pasado, Arráez tuvo apenas un macetazo “barrel” (esencialmente, una bola bateada con fuerza y elevada). Su porcentaje de barrels estuvo en el primer percentil de MLB, mientras que su tasa de batazos fuertes (16.7%) fue la más baja entre todos los bateadores calificados. Suárez, en contraste, tuvo una tasa de barrels en el percentil 89 (14.3%) y un porcentaje de batazos fuertes de 47.6%, el más alto de su carrera, ubicado en el percentil 78.
El único batazo tipo barrel de Arráez en la temporada 2025 fue un jonrón de 402 pies que conectó el 28 de junio en Cincinnati, y fue el único batazo suyo en toda la temporada que superó los 400 pies de distancia. Suárez, por su parte, bateó 28 pelotas que viajaron al menos esa distancia, superado únicamente por Judge, Ohtani, Schwarber y Pete Alonso.
Perfil de Batazos
¿Quieres ver realmente cuán distintos son estos dos bateadores? A veces, una imagen vale más que mil palabras.

Con sus 49 bambinazos, el derecho Suárez explotó con frecuencia su poder hacia el lado de halar, que es la forma más efectiva de generar poder. Por eso, en su gráfico de distribución de batazos, se nota una concentración de puntos más allá de la verja del jardín izquierdo. Arráez, quien batea a la zurda, es todo lo contrario: sus 75 imparables hacia el jardín opuesto fueron la segunda mayor cantidad en las Mayores, con 19 más que el tercer lugar. De ahí el enjambre de puntos naranjas en el jardín izquierdo.
El año pasado, la tasa de elevados halados de Suárez fue de 28.6%, la quinta más alta entre los bateadores derechos calificados, y solo 10 derechos halaron la bola con mayor frecuencia. Entre los zurdos, Arráez tuvo una tasa de elevados halados de 12.6%, la decimocuarta más baja, y haló la bola menos que todos, salvo cinco bateadores zurdos.
Mucho de esto tiene que ver con la forma en que hacen el swing. El swing de Suárez está diseñado para elevar la bola. El ángulo de ataque es una métrica de Statcast que mide el ángulo del bate en el momento del contacto con la pelota, donde los valores positivos indican un movimiento ascendente. En el caso de Suárez, su ángulo de ataque de 18° está entre los más extremos del juego y es representativo de un bateador que produce elevados, como él. Su porcentaje de batazos elevados fue de 67.9%, muy por encima del promedio de la liga de 55.8%.
Arráez, por su parte, tuvo un ángulo de ataque promedio de seis grados la temporada pasada, uno de los más bajos en todo el béisbol.
Posibles Destinos
Más que hablar del mercado para Arráez y Suárez, es interesante analizar sus posibles destinos —específicamente, cómo encajarían en un lineup. Dado lo diferentes que son sus perfiles, tal vez no haya mucha coincidencia entre los equipos que podrían estar interesados. El equipo que firme a Suárez probablemente será uno que necesite un bate legítimo de poder para el corazón del orden. En cambio, el club que adquiera a Arráez tal vez esté buscando un veterano de contacto que ayude a balancear una alineación con muchos ponches.
Comencemos con Arráez. Mike Petriello, de MLB.com, analizó este tema en noviembre, pero vale la pena retomarlo ahora que la mayor parte del trabajo de la temporada muerta ya se ha hecho. El contacto suele rendir frutos en el espacioso Coors Field, y los Rockies tuvieron la segunda peor tasa de ponches de la liga el año pasado. Solo los Angelinos registraron una tasa más alta, y Los Ángeles no ha hecho mucho para corregir ese problema: básicamente reemplazaron a un bateador propenso a poncharse (Taylor Ward) con otro (Josh Lowe). Arráez sería de gran ayuda en cualquiera de los dos casos.
La lista de posibles destinos para Suárez, como era de esperarse, es distinta. Los Piratas ya reforzaron su alineación al adquirir a Brandon Lowe y firmar a Ryan O'Hearn. Pero este es un equipo que necesita poder de verdad: los bateadores de Pittsburgh registraron un porcentaje de slugging de .350 la temporada pasada, el peor de toda la liga.
También están los Medias Rojas, que aún buscan un bate de impacto tras no lograr renovar al antesalista Alex Bregman. El grupo actual de jugadores de posición de Boston está proyectado para tener un WAR colectivo entre los 10 más bajos de MLB en 2026. Los Tigres, otro equipo con aspiraciones, aparecen justo detrás de los Medias Rojas en esas proyecciones. Suárez quizá no vuelva a conectar 49 jonrones —el sistema Steamer lo proyecta con 30, empatado en el 12do lugar del modelo—, pero sí le daría a cada uno de esos equipos otro slugger temido en el lineup.
Sin importar dónde terminen firmando, Arráez y Suárez ofrecen herramientas muy distintas sobre el terreno de juego.
