BALTIMORE -- Craig Albernaz ingresó a la sala de conferencias de prensa en el Camden Yards con una sonrisa en el rostro, una marca roja en la mejilla derecha y moretones alrededor del ojo derecho. Para el manager de los Orioles, el martes fue simplemente un día más de trabajo.
"Hola a todos", bromeó Albernaz ante los medios locales. "Es bueno verlos a todos".
Aproximadamente 19 horas y media antes, Albernaz sufrió el incidente más aterrador de su vida en el béisbol. El dirigente de 43 años fue golpeado en el rostro por una línea de foul conectada por Jeremiah Jackson, de Baltimore, durante la quinta entrada de una victoria por 9-7 sobre Arizona en el Camden Yards -- un juego del que Albernaz no vio el final en persona, ya que fue transportado a un hospital cercano.
Albernaz sufrió al menos siete fracturas en la mejilla derecha y una fractura en la mandíbula. No necesitará una cirugía -- y su mandíbula no tuvo que ser inmovilizada con alambres -- pero está bajo una estricta dieta de comida para bebés. Tampoco puede sonarse la nariz.
Sin embargo, allí estaba Albernaz, listo para ir a trabajar y liderar a unos encendidos Orioles, ganadores de seis de sus últimos siete partidos, de cara al enfrentamiento del martes contra los D-backs.
"Como que tengo que presentarme a trabajar todos los días. Jugamos todos los días", indicó Albernaz. "Para eso estamos aquí. Estamos aquí para los jugadores. Tenemos un juego. Estoy físicamente capacitado para estar aquí, así que vamos...
"Si mi mandíbula estuviera sellada con alambres, seguiría estando aquí. Simplemente te ajustas el cinturón y sigues con tu día a día", continuó.
Fue bastante loco cómo se desarrolló todo después de que Albernaz fuera golpeado mientras estaba de pie en su lugar habitual cerca de la baranda en el dugout de la primera base.
"Cuando sucedió inicialmente, obviamente, lo sentí. Me dio bastante bien", confesó Albernaz. "Mi pensamiento inicial fue, 'Tengo que cubrirme la cara', porque si era realmente grave, no quería que mi familia lo viera en la televisión, ni tampoco los muchachos en el dugout. Entonces, me puse la mano en la cara y ahí fue cuando bajé los escalones hacia la cueva y me metí por el túnel".
El preparador físico principal de los Orioles, Scott Barringer, se acercó a Albernaz, quien le aseguró que estaba bien, aunque pensó que su mejilla podía estar "destrozada". Albernaz superó el protocolo de conmociones cerebrales, pero el cuerpo médico de los Orioles quería que se sometiera a una tomografía computarizada (la cual el piloto intentó retrasar hasta el final del partido, pero no se lo permitieron).
Albernaz primero se escabulló en su oficina para llamar a su esposa, Genevieve, y a sus tres hijos (C.J., Norman y Gigi) para hacerles saber que no estaba en tan mal estado. La familia había estado escuchando el juego en la radio mientras conducía a casa desde el partido de béisbol de C.J., pero ya habían sido contactados por el personal del equipo de los Orioles, que les daban actualizaciones constantes sobre su estado.
Varios jugadores visitaron a Albernaz en su oficina, incluyendo a Jackson, Dean Kremer, Kyle Bradish y Chris Bassitt. En ese momento, Bassitt mencionó el grand slam de Jackson en el sexto episodio, el cual Albernaz aún no había visto porque su televisor tenía retraso.
Entonces, Albernaz decidió regresar brevemente a la cueva para darle un abrazo a Jackson antes de abandonar el estadio.
"Quería ser parte de eso", dijo Albernaz. "Estaba en el escalón superior, miré hacia un lado y vi a Scott allí de pie, y me miró como diciendo, 'Vámonos'. Yo le dije, '¿Tengo que ir?' Y él respondió, 'Sí'. Entonces, ahí tuve que irme".
Los Orioles recuperaron más tarde la pelota del grand slam, y el infielder de 26 años se la regaló a Albernaz con un mensaje firmado: "Lo siento, hermano".
Albernaz continuó escuchando el encuentro durante el trayecto al hospital, y logró registrarse a tiempo para ver al cerrador Ryan Helsley lanzar un noveno inning en blanco para asegurar el salvamento. Albernaz no salió hasta cerca de la medianoche, pero recibió el visto bueno después de ser dado de alta por el radiólogo y el personal médico.
A Albernaz le dolía hablar el lunes por la noche, pero el martes no le molestaba. De hecho, se sentía mucho mejor y planeaba pararse en el mismo lugar exacto del dugout en su regreso.
"Puede que use una careta en el dugout hoy", bromeó Albernaz. "Puede que agarre ese casco de los Ravens (de la NFL) que está en mi escritorio y me lo ponga".
A pesar de todo lo que sucedió, Albernaz estaba de buen humor. Puede que no esté ansioso por su plan de comidas temporal -- "Gigi tendrá una mejor dieta que yo", bromeó -- pero cree que ayudará a su recuperación si los Orioles continúan jugando bien.
"Para mí, fue una de esas cosas donde era cuestión de tiempo para que tuviéramos una de estas victorias", comentó Albernaz sobre el triunfo viniendo de atrás del lunes. "Fue simplemente genial ver a todos, colectivamente, lograrlo".
