SAN FRANCISCO –- Dave Stieb sigue estando solo, exactamente donde ha estado durante los últimos 36 años.
Ahora, otro desengaño se suma a su historia, otro juego sin hits que se quedó a las puertas de darle a Stieb la compañía que por tanto tiempo ha esperado. Esta vez fue Dylan Cease quien terminó con el recuerdo de lo que pudo haber sido y de lo cerca que estuvo.
Cuando Cease salió disparado del dugout de los Azulejos para lanzar el noveno inning de la victoria del miércoles por la tarde por 10-0 sobre los Gigantes en Oracle Park, su juego sin hits seguía intacto. Ya acumulaba una marca personal de 115 lanzamientos. Apenas tres pitcheos después, Heliot Ramos conectó un sencillo de línea por el medio del terreno para poner fin a la joya de Cease. Tanto los aficionados de los Azulejos como los de los Gigantes le brindaron una ovación de pie mientras abandonaba el terreno. Fue una de las mejores actuaciones de un lanzador con el uniforme de los Azulejos que hemos visto, pero, una vez más, se quedó dolorosamente corta.
Consciente de que estaba persiguiendo la historia, Cease sólo quería seguir lanzando, sin importar el conteo de pitcheos. Además, tendría el receso del Juego de Estrellas para descansar. Momentos como éste podrían no volver a presentarse jamás.
“Seguía diciendo: ‘Lo que sea necesario’”, comentó Cease. “En mi mente, eran 130 lanzamientos”.
Entonces llegó ese lanzamiento.
A lo largo de la historia de los desengaños que han sufrido los lanzadores de los Azulejos, todos tienen ese pitcheo que recuerdan una y otra vez. Stieb estuvo cerca en casi media docena de ocasiones antes de lograrlo finalmente. El de Cease fue un sinker a Ramos, alto y en el medio del plato, después de una tarde en la que prácticamente todo lo demás había sido perfecto.
“Hoy estuvo dominante. … Es un muy buen lanzador”, dijo Ramos. “Creo que tiene nivel para ganar un Cy Young, así que estaba lanzando muy bien. Pienso que, cuando se sintió demasiado cómodo, me repitió un par de rectas y ahí aproveché mi oportunidad. Pero me quito el sombrero ante él. Es realmente bueno. Hoy estuvo muy bien. Sin duda tenía todo funcionando”.
Los jugadores tienen un sexto sentido para estas situaciones. Cuando Ernie Clement hizo una gran jugada para terminar el séptimo episodio, lanzando de regreso a través de su cuerpo para retirar al corredor, todos comenzaron a prestar atención. Cuando Daulton Varsho se estrelló contra la pared para realizar una espectacular atrapada en el octavo, todos empezaron a pensar lo mismo. Así es como luce la historia cuando está por escribirse.
La historia también importa. Cease ni siquiera había nacido cuando Stieb lanzó su juego sin hits. De hecho, George Springer era el único jugador del roster de los Azulejos que había nacido antes de aquel histórico día. Cuando llegan estos momentos tan poco comunes, hay que perseguirlos. El manager John Schneider quería hacerlo.
“Soy un fanático del béisbol. Si un jugador tiene la oportunidad de lanzar un juego sin hits, hay que dejarlo intentarlo, y después haces los ajustes que sean necesarios”, señaló Schneider. “Dylan ya lo ha hecho antes y es muy resistente. Está en esa categoría de lanzadores con los que puedes ser bastante agresivo. No es muy frecuente tener la oportunidad de ver algo así, así que, si puedo darle esa oportunidad a un jugador, lo haré cada vez”.
Con 106 lanzamientos al terminar el séptimo inning, Cease regresó al dugout haciendo girar su dedo índice derecho, indicándole a su manager y al coach de pitcheo que podía seguir. Con 115 pitcheos después del octavo, era imposible negárselo. Cease debía tener su oportunidad. Si el juego terminaba en la gloria o se desmoronaba a las puertas de la historia, sería algo que le pertenecería únicamente a él.
¿Qué tan concentrado estaba? Durante su entrevista en el terreno con Hazel Mae, reportera de Sportsnet, tras el encuentro, hizo una pregunta:
“¿Cuántos ponches tuve?”.
Cuando Stieb finalmente consiguió su juego sin hits el 2 de septiembre de 1990, sintió que por fin había logrado lo imposible. Fue, y sigue siendo, el único juego sin hits en la historia de los Azulejos, pero antes había estado dolorosamente cerca en numerosas ocasiones, atormentado por novenos innings que simplemente no le permitían hacer historia.
Originalmente, Stieb perdió un juego perfecto y dos juegos sin hits de manera desgarradora entre 1988 y 1989. Los tres terminaron con dos outs en el noveno capítulo, haciendo aún más especial el momento en que finalmente alcanzó la cima. Roy Halladay, Brandon Morrow y Dustin McGowan también perdieron juegos sin hits en el noveno inning, mientras que Bowden Francis sufrió dos desengaños similares a finales del 2024.
Sólo los Guardianes tienen una sequía más larga, que se remonta al juego perfecto de Len Barker el 15 de mayo de 1981, precisamente frente a… los Azulejos.
“Egoístamente, lo quería para este grupo, para este equipo”, expresó el coach de pitcheo Pete Walker. “Desde que estoy aquí no hemos tenido uno. Habría sido muy especial, pero por Dylan, que ha trabajado tan duro y ha logrado lanzar cada vez más profundo en los juegos… Hoy en día, cuando surge una oportunidad así, uno se emociona”.
Lo que queda sigue siendo una brillante actuación de Cease, quien ya tiene un juego sin hits en su carrera desde su etapa con los Padres, aunque éste no vendrá acompañado de la etiqueta, la celebración ni los recuerdos que ofrece una hazaña oficial. En el papel quedará una labor de ocho entradas en blanco con 11 ponches y tres boletos, pero también quedará ese “1” en la columna de hits.
Los Azulejos han disputado 7,804 juegos en sus 50 años de historia. Sólo un hombre ha terminado con un “0” en ese lugar tan especial. Algún día tendrá compañía. Algún día volverá a suceder.
