¿El HR más largo de la historia? Piénsalo

3 de marzo de 2021
Arte por Tom Forget

Adelante. Trata de pensarlo. ¿Cuál ha sido el jonrón más largo en la historia del béisbol? ¿Cuál es el primer tablazo que te viene a la mente?

Tal vez sea uno del sultán del poder, el rey de los cañonazos. Babe Ruth dio muchos cuadrangulares impresionantes a lo largo de su carrera. Algunos terminaron en estanques de caimanes, mientras que otros superaron múltiples cercas.

¿Qué tal Mickey Mantle? Hay historias de sus estacazos de 600 pies y de cómo hacía del Yankee Stadium su parque de Pequeñas Ligas.

Está el rey del jonrón Barry Bonds, o Adam Dunn atravesando estados con sus batazos. Está el impactante poder del dominicano Wily Mo Peña o Glenallen Hill.

¿Si te decimos que el autor del jonrón más largo jugó bien poco en las Mayores? ¿Y que actualmente trabaja en Maui, Hawái y ni siquiera habla de ello?

Si buscas en Google el cuadrangular más largo que se haya disparado, la búsqueda te lleva a Joey Meyer. El hawaiano dio 18 bambinazos en 156 juegos con los Cerveceros entre 1988 y 1989, pero el cañonero fue una verdadera amenaza en las menores, donde empalmó 135 jonrones en 580 encuentros.

Y en una noche especial, con el fino aire de la altura del del Mile High Stadium de Denver, dio un batazo que cayó en la luna.

“No, ni siquiera digo que jugué”, dijo recientemente Meyer con en una entrevista telefónica. Actualmente trabaja como seguridad en un hospital de Maui. “He estado trabajando aquí durante cinco años y no se lo digo a nadie”. 

Todo sucedió el 2 de junio de 1987. Jugaba con los Zephyrs de Denver – filial Triple-A de los Cerveceros – que se enfrentaban a los Bisons de Buffalo en el Mile High Stadium. El enorme estadio de fútbol americano y béisbol tenía capacidad para 70,000 personas, pero apenas había poco más de 1,000 espectadores esa noche. Meyer, de 25 años, venía tronando en las menores. Dio 91 jonrones entre 1984 y 1986, con promedio cerca de .300 e impulsando 100 en un par de ocasiones. Era un prospecto de poder. Según el New York Times, al equipo le costó conseguir una camiseta que se ajustara al torso de Meyer. 

“Cuando los Zephyrs necesitaban un uniforme para Meyer el año pasado, el único disponible estaba en una tienda de regalos dentro de un bar deportivo de Denver”, escribió Dave Anderson. 

El coach de secundaria de Meyer en Honolulu aún habla maravillas de su poder, diciendo que podría venir ahora mismo y seguir conectando cuadrangulares. El inicialista era tratado como Barry Bonds en sus épocas en la escuela, recibiendo boletos con bases llenas. 

“Sí, siempre he dado jonrones, pero también me llenaba de orgullo poder batear para promedio en cada nivel”, dijo Meyer.

Foto vía Joey Meyer

Cuando llegó el turno de Meyer aquella noche, ya había disparado un vuelacercas. Pero los jugadores en el terreno pensaron que lo había hecho sólo por el fino aire de las Montañas Rocosas. 

“El primero que di apenas superó la pared. Todos en el equipo contrario comenzaron a gritarme suertudo y todo eso”, recordó Meyer. “Pero el siguiente fue ése”. 

Meyer respondió conectando un lanzamiento rompiente del relevista Mike Murphy – enviando la bola hacia la oscuridad de Denver. La pelota siguió elevándose hasta que llegó el segundo piso del Mile High Stadium – un lugar a donde llegan pocas pelotas. Si ves el video, la cámara no pudo subir tanto para seguir el batazo. Meyer reconoce que nunca vio dónde cayó. 

“Bueno, sé que le di bien”, me dijo Meyer. “En el fino aire, no hace falta mucho. Pero no lo vi. No era de los que se quedaban viendo. Cuando pasé por la antesala [el coach de la tercera base y manager] Terry Bevington fue quien me dijo, ‘La llegaste al segundo puso’. Chocamos las manos, pero pensé que estaba bromeando”. 

Meyer había llevado pelotas a esa zona, pero en las prácticas. Nunca en un juego. Nadie lo había hecho en un partido. Un swing perfecto, la altitud y tal vez, sólo tal vez, el bate que usó pudo haber impactado. 

“Un nuevo jugador había llegado desde Baltimore, Donnie Scott”, dijo Meyer. (Scott fue cambiado desde Rochester, la filial Triple-A de los Orioles para entonces). “Tenía el bate de Cal Ripken. Le gustaba el mío, así que se lo cambié por el de Cal Ripken. Ése fue el madero que utilicé esa noche”. 

Meyer terminó dando tres jonrones en ese encuentro con el bate de Ripken. Luego lo volvió a utilizar al día siguiente, pero lo rompió en su primer turno. 

“Todo el mundo me dijo que no lo volviera a usar, pero claro que lo usé”, contó Meyer.

La prensa inundó el Mile High Stadium al día siguiente, queriendo hablar con el hombre que llevó la bola a donde nadie lo había hecho. Te das cuenta, por lo modesto y la ligereza de su voz por teléfono, que Meyer estaba aterrado por la atención. Abrumado por su propio poder. 

“Al día siguiente había muchos reporteros”, indicó Meyer. “No estás acostumbrado a ver a tantos reporteros con todas sus cosas, ¿sabes? Los micrófonos. Es bien intimidante”. 

El cuadrangular también tuvo que ser medido oficialmente, así que el equipo llamó a quien ellos pensaron sería el indicado: El ingeniero de la ciudad de Denver, Jerry Tennyson. 

“No sé por qué decidieron [llamarme]”, me dijo Tennyson por teléfono. “No soy un gran seguidor de béisbol; no sé mucho al respecto. Pero me preguntaron si podía ir. Me dijeron dónde cayó y parecía una distancia larga. Lo calculé sin saber si era un récord ni nada de eso”. 

Tennyson quedó impactado cuando le dije que tal vez sea considerado el jonrón más largo en la historia del béisbol, diciéndome en repetidas ocasiones “eso es increíble”. Una de sus responsabilidades fue hacer las bases del estadio de fútbol americano y béisbol en el Mile High Stadium, así que estaba bien familiarizado con las dimensiones y el terreno. 

“Había muchas personas que trabajan a tiempo completo en el estadio”, explicó Tennyson. “Lo que hicimos fue determinar cuál era la línea de visión de la pelota en su arco más alto y dónde golpeó en las gradas del este. Lo calculé a partir de ahí. No recuerdo exactamente cómo llegué al resultado – que incluye la velocidad del batazo, el arco que tuvo, dónde cayó y cuál era la proyección”. 

El evento ocurrió hace 34 años. Es difícil culpar a Tennyson por no recordar con exactitud cómo llegó al número 582. Al no ser un aficionado de béisbol, dijo que estaba buscando la medida exacta, sin pensar en la historia del cuadrangular. Recordó que un profesor de la Universidad de Denver lo llamó poco después de las mediciones y llegaron a un acuerdo sobre la forma en la que dio con el cálculo.

Entonces, ahí está: El jonrón más largo que se haya medido en la historia. 

Similar al asiento de Ted Williams en el Fenway Park, la silla del Mile High Stadium fue removida por una de color naranja (¿o verde?) y la original está en un velódromo en Pueblo, Colorado. Pero ésa es otra historia. 

En cuanto a Meyer, inició la temporada de 1988 con los Cerveceros, pero nunca pudo trasladar su poder a las Mayores y volvió a las menores al año siguiente, antes de dejar el béisbol profesional en 1991 a los 29 años de edad. Tuvo otros momentos especiales: Es el único jugador en darle un jonrón de oro a Roger Clemens y detonó 26 bambinazos en 104 partidos en una temporada en Japón. 

Meyer confesó que no había pensado mucho en aquel cuadrangular en Denver hasta hace unos años. Estaba más decepcionado con no poder mantenerse en las Mayores. 

“Es especial verlo. Ahora tengo 58 años y aprecio mejor las cosas”, me dijo. “Cuando terminé de jugar, no pude lograr lo que quería: Jugar más tiempo en las Mayores, establecerme. Aprecio más las cosas ahora que hace unos años”.

Joey y su esposa, Piilani. Foto vía Joey Meyer

A diferencia de otros enormes batazos en la historia del béisbol, hay pocas historias del vuelacercas de Meyer – el más largo, según el Internet. Él parece estar satisfecho con eso. Ayuda un poco con las clínicas de MLB en la isla y no habla mucho de su carrera, a menos que alguien lo descubra. 

“Es un honor que me hayas llamado”, dijo Meyer. “Han pasado tantos años. Al menos me recuerdan por algo”.