Un lanzador fue cambiado por 60 cajas de cerveza... y luego renunció

6:40 PM UTC
Art by Tom Forget
Art by Tom Forget

Puedes imaginar cómo se pudo haber sentido un jugador de béisbol, en realidad cualquier atleta profesional, o incluso cualquier ser humano, al enterarse de que había sido cambiado por 60 cajas de cerveza.

Que su valor equivalía a unas 1,440 cervezas bien frías.

Que lo que aportaba dentro del terreno valía para una organización lo mismo que un montón de bebidas que los aficionados compran, se toman y desechan juego tras juego.

"Recuerdo que no le cayó nada bien", me dijo el exgerente general de los Fullerton Flyers, Ed Hart, durante una videollamada por Zoom. "Se presentó justo al inicio de los Entrenamientos de Primavera, hablamos un rato y luego no volvió".

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Siempre fue el sueño de Ed Hart dirigir un equipo de béisbol. Incluso lo escribió como una de sus metas durante su último año de preparatoria.

"Tomaba una clase de redacción avanzada", recordó Hart. "Un día, la maestra nos pidió escribir cómo imaginábamos nuestra vida a los 40 años. Escribí que estaría casado con mi novia de la preparatoria. Ni siquiera tenía novia y faltaban dos meses para graduarme. Un mes después conocí a la mujer con la que sigo casado y ahora tenemos 12 nietos. Así que eso se hizo realidad. También escribí dónde iba a vivir, qué iba a manejar... pero además puse que a los 40 años sería el gerente general de un equipo profesional de béisbol".

Increíblemente, cerca de esa edad, en el 2005, Hart se convirtió en gerente general de los Fullerton Flyers, uno de los miembros fundadores de la independiente Golden Baseball League. Una liga que ya desapareció, donde Rickey Henderson jugó su última temporada profesional a los 46 años y donde también lanzó la llamada "Princesa del Knuckleball".

Hart, originario de Fullerton, California, vendía sistemas de punto de venta (POS) a la liga e intentaba colocar su producto en todos los estadios. Cuando los Flyers tuvieron una vacante al frente de sus oficinas, le preguntaron si conocía a alguien para el puesto y Hart no dejó pasar la oportunidad.

Aunque, desde el punto de vista económico, quizá no fuera la decisión más inteligente.

"Me despertaba por las mañanas riéndome", recordó Hart. "Mi esposa me preguntaba: '¿De qué te ríes?'. Y yo le decía: '¡Voy a ponerme unos shorts, una playera tipo polo, una gorra de béisbol y tenis para ir al estadio, y encima me pagan por hacerlo!'. Ella respondía: 'Sí, pero no te pagan mucho'".

Nobody was more excited to be at a job than Ed Hart. Photo via Ed Hart
Nobody was more excited to be at a job than Ed Hart. Photo via Ed Hart

Por supuesto, Laurie-ann, la esposa de Ed, tenía razón respecto al dinero. Además, en las ligas independientes tampoco es fácil generar más ingresos.

Los presupuestos son reducidos, normalmente hay equipos de Grandes Ligas y Ligas Menores con mejor talento muy cerca y, además, hay muchas otras opciones de entretenimiento.

"Hay muchísima competencia", explicó Hart. "En Fullerton estamos a cinco minutos de Disneyland y a media hora de la playa".

Por eso, en esas ligas hay que hacer cosas como disputar un juego sin umpires, cambiar 10 libras de bagre por un jugador estrella o hacer que un cerdo lleve las pelotas del juego hasta el plato.

Hay que generar titulares. Hay que encontrar maneras ridículas de llenar las gradas.

En mayo del 2006, el gerente general de Fullerton encontró su oportunidad.

El comisionado de la Golden Baseball League llamó a Hart para avisarle que Nigel Thatch estaba lanzando en la liga con los Schaumburg Flyers, de Illinois. Thatch era, y sigue siendo, actor. Es conocido por varios papeles, el más reciente interpretando a Malcolm X tanto en Selma como en The Godfather of Harlem. Pero en ese entonces era famoso por interpretar a Leon, el atleta arrogante de los comerciales de Budweiser, que no parecía querer más a nadie que a sí mismo.

Thatch, quien lanzaba alrededor de las 85 millas por hora, aparentemente hablaba en serio cuando intentaba cumplir su sueño de jugar béisbol profesional. Ponchó al primer bateador que enfrentó en su debut contra los St. Paul Saints, pero después permitió 22 carreras en 12.1 innings con Schaumburg, para una efectividad de 10.22. Simplemente no estaba dando el ancho en ese nivel.

Pero, nuevamente, cambiar por Thatch no tenía que ver realmente con sus habilidades como pelotero. Se trataba de adquirir a una celebridad, alguien capaz de atraer aficionados al estadio. Y Hart tenía la ficha de cambio perfecta, algo que generaría todavía más cobertura en periódicos de todo el país y ocuparía espacio en los noticieros locales.

Sesenta cajas de Budweiser por el portavoz más famoso de Budweiser.

Schaumburg, tan interesado como cualquier otro equipo de esas ligas en realizar maniobras publicitarias, aceptó la idea de inmediato.

"Sí, para ellos era como: 'Vamos a recibir 60 cajas de cerveza por un tipo que de todas formas no va a estar con el equipo el próximo año'", recordó Hart.

La parte del acuerdo correspondiente a Schaumburg transcurrió sin problemas.

"Nos comunicamos con nuestro distribuidor en el sur de California, le contamos lo que estábamos haciendo y nos respondió: '¿A dónde enviamos la cerveza?'", dijo Hart entre risas.

"Nigel realmente nos dio una presencia única en el mercado deportivo", declaró entonces el dueño de Schaumburg, Rich Ehrenreich, al Chicago Tribune. "Siguiendo el verdadero espíritu del 'Leon Time', nos tomaremos una cerveza fría cortesía de Fullerton y le agradecemos a Nigel por su tiempo aquí".

Sin embargo, la historia fue muy distinta para Thatch.

Hart recuerda que el actor, atleta, o actor-atleta, apareció antes de los Entrenamientos de Primavera para conversar... pero nunca regresó. De hecho, según Baseball-Reference, jamás volvió a jugar béisbol.

"No le encontró la gracia", dijo Hart. "Todo estaba pensado como una broma. Para ser justos con él, le dijimos: 'Ven, demuéstranos que el 0-3 y la efectividad de 10.22 del año pasado fueron una anomalía y que eres mejor de eso. Nos encantaría tenerte en el equipo. Queremos jugadores que nos ayuden a ganar'".

Sin embargo, el verdadero objetivo del cambio sí funcionó. Si buscas en Google "pitcher traded for beer", el movimiento se volvió viral y apareció en medios de todo el país, desde Los Angeles Times hasta Chicago Tribune y New York Post. Y casi 20 años después, la historia sigue siendo tema de conversación.

Para Hart, aquel absurdo cambio, parte de una cadena de otras transacciones igual de extravagantes, le trae recuerdos de una de las mejores etapas de su vida. Un trabajo rodeado de personas muy dedicadas, un fuerte respaldo de la comunidad y la posibilidad de cumplir el sueño que tenía desde adolescente: dirigir un equipo de béisbol en su ciudad natal. Nada podría superar esa experiencia.

"Fue divertidísimo", dijo Hart. "Estaba al inicio de mis 40 años, tenía cuatro hijos y todos trabajaban para el equipo. Mi esposa era masajista deportiva y fisioterapeuta, y también trabajaba para el equipo. Todas las noches de verano mis padres estaban en el estadio. Mi esposa y sus padres también estaban allí. No cambiaría esos tres años en ese trabajo por absolutamente nada".