¿El Salón de la Fama más subestimado? 

18 de diciembre de 2021

Esta es la época del año, debido a los votos para el Salón de la Fama, que uno de los pasatiempos nacionales es medir la grandeza del juego. Por eso es un buen momento para recordar a uno de los mejores abridores en la historia, del que no se habla lo suficiente; Warren Spahn.

Ganó 363 juegos en las Mayores, lo que representa la tercera mayor cantidad en los últimos 100 años, superado por Walter Johnson y Grover Cleveland Alexander. Es un número impresionante, pero lo más llamativo es que no comenzó su carrera hasta sus 26 años, a pesar de haber debutado con los Bravos de Boston cinco temporadas antes, en 1942. La razón de su ausencia es porque estuvo ocupado siendo un héroe en la Segunda Guerra Mundial. Eventualmente fue reconocido con la Medalla del Corazón Púrpura.

Spahn en ocasiones hablaba sobre la teoría que dice que hubiese ganado 400 juegos de no haber sido por sus años de servicio en la guerra. 

“Maduré mucho en esos años”, mencionó en alguna ocasión Spahn. “Si no hubiese sido por esa madurez, no hubiese lanzado tanto tiempo”. 

Luego añadió: “Luego de que lo pasé en esos años, nunca creí que nada de lo que me pidieran en el béisbol era un trabajo duro. Te sientes así cuando pasas días durmiendo en tanques congelados en territorio enemigo”.

Volvió con los Bravos en abril de 1946 y tuvo récord de 8-5. En el próximo año, ganó 21 partidos. Spahn tuvo luego una docena de campañas con 20 o más triunfos, con la última siendo en 1963 con 42 años, cuando dejó registro de 23-7. Todo este tiempo después, sus números siguen luciendo. Ganó ocho juegos más que Greg Maddux, nueve más que Roger Clemens, 34 más que Steve Carlton y 39 más que Nolan Ryan.

Spahn también lanzó la mayor cantidad de blanqueos (34) para un zurdo en los últimos 100 años. Su efectividad de por vida es de 3.09. Lanzó 382 juegos completos. Todo eso, sin una temporada de 200 abanicados. Cuando tenía 42 años, camino a otra temporada de 20 victorias, fue parte de uno de los duelos de pitcheo más extraordinarios en la historia del deporte: un choque de 16 innings que perdió 1-0 ante el dominicano Juan Marichal en San Francisco.

Marichal lanzó 227 pitcheos esa noche. Spahn 201. El último fue en la parte baja de la entrada 16, con el que Willie Mays conectó un jonrón para derrotarlo.

Marichal, que tiene una gran admiración por Spahn, dijo luego que “si ese viejo no salía del juego, yo tampoco”.

Spahn terminaría su carrera con los Gigantes en 1965, a sus 44 años. Sólo ganó tres encuentros en esa campaña, pero tuvo lo necesario en su brazo como para abrir 11 compromisos. Al final de su extraordinaria carrera, Spahn dejó efectividad de 3.39 en su último año.

Joe Torre le recibió a Spahn cuando era un joven receptor en Milwaukee. Un día en los campamentos, cuando Torre era manager de los Yankees, estaba sentado en su oficina del estadio en Jupiter, Florida, cuando comenzó a contar historias sobre Spahn.

“Stan Musial no tenía problemas con muchos lanzadores”, dijo Torre, “pero sí con Spahn. Warren se inclinaba y poco y le lanzaba desde el lado de la línea de la primera base. Pero finalmente llegó el día en el que, cuando le lanzó ese pitcheo, Stan se quedó parado. Ahí fue cuando pensé: ‘Oh, oh’”.

“Warren lo volvió a lanzar, pero Stan seguía respondiendo. Conectó una línea por el medio del campo y le pegó a mi chico, digamos que, en donde no tenía copa. Ahí cayó Spahn”.

“¿Y qué pasó después?”, alguien preguntó. 

Torre se sonrió. “El Sr. Spahn, aquel viejo soldado, se arrastró sobre sus manos y rodillas, tomó la bola y lanzó a primera”. 

Spahn abrió dos juegos con los Bravos en la Serie Mundial del 1957, en la que vencieron a los Yankees en siete juegos. Abrió tres encuentros – ganando dos – al año siguiente cuando los Yankees remontaron y superaron a los Bravos en siete.

En su penúltimo año fue coach y jugador de los Mets, pero tuvo problemas al sumar récord de 4-12. Pero en su camino a colgar los ganchos, Spahn seguía reacio a rendirse, a pesar de la edad, de la misma manera que nunca lo hizo ante bateadores.

“Físicamente estoy bien”, señaló para entonces. “No pasas de ganar 23 juegos a sólo seis en un año, no pasas de ser un veterano a un viejo en un año”.

Fue exaltado al Salón de la Fama en 1973. Así comienza su descripción en la placa que tiene en Cooperstown:

“Una estrella en la loma y un héroe en los campos de batalla...”