¿Estadio flotante, en pleno mar? Por poco sucede en San Diego

14 de enero de 2025

La famosa diseñadora y arquitecta irlandesa Eileen Gray probablemente lo expresó de la mejor forma posible a principios del Siglo XX:

“Para crear, primero hay que cuestionarlo todo”.

Es difícil saber si los miembros del consejo municipal de San Diego estaban familiarizados con Gray, esa cita o algo relacionado con la arquitectura en la década de los 60, pero definitivamente estaban cuestionando cómo podrían construirse los estadios deportivos.

Olvídense de copiar clásicos como el Fenway Park o el Wrigley Field. Olvídense de las cúpulas modernas. Incluso olvídense de la tierra firme.

En 1964, los Cargadores de San Diego de la NFL y la futura franquicia de los Padres estuvieron a punto de recibir un regalo único: Una estructura multiusos en un lugar donde rondaban tiburones blancos. Donde pasaban lanchas a motor. Donde nunca antes se había construido un estadio.

En las saladas aguas de Mission Bay.

Art by Ben Marra
Art by Ben Marra

Los Estados Unidos, en los años 60, vivían un tiempo de cambios, una época en la que cosas nuevas parecían posibles.

Hubo transformaciones drásticas en las normas sociales, la música y la moda. Hubo viajes espaciales. Y el béisbol, como lo había hecho a lo largo de su historia entrelazada con la de los Estados Unidos, reflejó ese cambio cultural.

“Sí, parece ser un momento en el tiempo en el que el concepto de pensamiento arquitectónico era muy futurista”, dijo Janet Smith, vicepresidenta ejecutiva de Planificación y Desarrollo de los Dodgers, en una entrevista por Zoom. “Se pensaba en temas como tratar de llegar a la luna. Tal vez en los Estados Unidos la gente estaba dispuesta a creer en sí misma en esa época”.

Smith, actualmente vicepresidenta sénior de los Dodgers en planificación y desarrollo, también dirige una firma de diseño y desarrollo deportivo liderada por mujeres llamada Canopy. Es una de las arquitectas de estadios de béisbol más legendarias de la historia.

Recientemente, ayudó a reinventar el pabellón de los jardines en el Dodger Stadium, colocó asientos en el Monstruo Verde del Fenway Park a principios de la década de los 2000 y gestionó el diseño del Oriole Park en Camden Yards en la década de los 90. Es ese estilo “retro” que casi todos los estadios de béisbol nuevos han adoptado desde entonces.

“Hoy en día es muy fácil menospreciar los estadios que se utilizaban para distintos deportes y decir, ‘Ah, eso no funcionó’”, comentó Smith. “Pero cuando leo cosas como ésta, me doy cuenta de que, cuando se estaban desarrollando las ideas, no eran aburridas”.

Janet Marie Smith, left, shows Mookie Betts and David Price new renovations at Dodger Stadium in February 2020. (Getty)
Janet Marie Smith, left, shows Mookie Betts and David Price new renovations at Dodger Stadium in February 2020. (Getty)

El diseño flotante fue propuesto por Boyle Engineering, una firma de arquitectura local, al entonces propietario de los Cargadores, Barron Hilton. El estadio podría albergar a 50,000 personas para ver a los Cargadores, a los Padres en las Grandes Ligas (una vez que hicieran su inminente salto desde la Liga de la Costa del Pacífico) e incluso varios eventos acuáticos cerca de Fiesta Island. Ya saben, cosas como competencias de motos acuáticas, torneos de surf... ¡e incluso concursos de perros surfistas!

Sin embargo, no se construiría completamente sobre el agua. Eso habría sido una locura.

La tribuna detrás del plato sería el ancla, construida en tierra firme, con capacidad para 13,000 espectadores. Las dos gradas laterales serían las partes sobre el agua, con capacidad para 20,000 fanáticos cada una, y flotarían de un lado a otro sobre... ¿podemos llamarlas fosos? De esa forma, podrían estar en su lugar para los juegos de béisbol, pero también moverse para ajustarse como parte del estadio de los Cargadores para el fútbol americano. Aquí hay una comparación lado a lado del plano presentado en los años 60.

El renombrado columnista deportivo de San Diego, Jack Murphy, lo llamó “el concepto más atrevido, pero práctico, en la construcción de estadios desde que Houston descubrió el domo”.

Hilton adoró la idea, diciendo que sería “el mejor hogar para un equipo de fútbol americano que pueda imaginar”.

A la ciudad también le gustó el plan, tanto por su singularidad como, sobre todo, por su costo: Los estudios iniciales estimaban el precio en US$20 millones, similar al de otros estadios convencionales de la época.

¿Pero realmente podría funcionar? ¿Cómo funcionaría en la práctica?

“Bueno, supongo que intentarías usar el agua como una pista, una vía”, me comentó Smith. “Y quizás cables para moverlas (las tribunas). Me imagino que no pondrías nada en el fondo del océano. Tratarías de usar el agua como tu superficie deslizante. De lo contrario, sería sólo una novedad si el agua no está funcionando para ti”.

Un ingeniero de la época incluso bromeó diciendo que podrían usar elefantes de circo para empujar y tirar de las tribunas multiusos de un lado a otro. Elefantes, tiburones y béisbol, ¿quién no pagaría por ver todo eso en una tarde?

Circus elephants entertained fans at Comiskey Park in 1959 -- why couldn't they help out, too? (AP)
Circus elephants entertained fans at Comiskey Park in 1959 -- why couldn't they help out, too? (AP)

Sin embargo, después de una segunda evaluación del sitio de Mission Bay por parte de otra firma de arquitectura, las cosas, lamentablemente, comenzaron a desmoronarse.

Los costos de construir un estadio flotante no resultaron ser muy razonables, ya que se dispararon por encima de los US$40 millones.

“También parece que nunca se resolvió realmente la parte de la ingeniería”, añadió Smith. “A medida que el precio se disparaba y la ingeniería se complicaba más, fue simplemente un momento en el que dijeron, ‘Ya basta, no podemos seguir intentando descifrar esto. Deberíamos encontrar una forma de hacer que algo funcione’”.

Y lo lograron.

San Diego Stadium, más tarde designado como Jack Murphy Stadium (entre otros cambios de nombre), fue construido por US$27 millones en dos años. Los Cargadores jugaron allí desde 1967 hasta 2017, mientras que los Padres lo llamaron su hogar desde que se unieron a las Grandes Ligas en 1969 hasta la temporada del 2003. Estaba ubicado a unos 20 minutos tierra adentro de Mission Bay, cerca de Mission Valley. No tenía vida marina pasando cerca, ni botes, ni elefantes. No flotaba. Pero, lleno, albergaba cerca de 70,000 fanáticos emocionados cada noche durante 50 años.

Game 1 of the 1984 World Series at Jack Murphy Stadium. (AP)
Game 1 of the 1984 World Series at Jack Murphy Stadium. (AP)

La idea de un estadio flotante no desapareció por completo después de que se construyera el estadio más convencional de San Diego. El concejal Jack Walsh afirmó que “la idea tiene mucho mérito”. Pero, en las décadas siguientes, ese tipo de concepto nunca volvió a surgir como una opción viable.

Smith, quien actualmente trabaja con los Piratas para hacer algunas mejoras para el PNC Park, mencionó la idea descabellada (seriamente loca) de construir un estadio sobre uno de los ríos de Pittsburgh como algo en la misma línea. Sin embargo, en la actualidad, los arquitectos deben considerar factores como el costo, la viabilidad práctica y algunas preocupaciones nuevas al pensar en la construcción.

“Hoy en día tendríamos preocupaciones ambientales que no eran tan prevalentes en ese momento”, aclaró Smith. “Piensa en la autopista Westway en Nueva York, que se discutió durante 30 años antes de que finalmente decidieran, ‘No, hay róbalos rayados en el Río Hudson y no vamos a construir una autopista allí’. Parece que algunas de estas ideas estuvieron en el aire durante mucho tiempo, y luego probablemente dijeron, ‘OK, esto no va a funcionar. ¿Hay una versión más simple que se pueda hacer?’”

Entonces, esa divertida y soñadora visión de un estadio flotando en el mar puede terminar siendo sólo eso. Un sueño.