Guiado por Washington y Devers, Eldridge brilla con bate y guante

8:58 PM UTC

SAN LUIS -- Bryce Eldridge lo supo de inmediato.

La pelota salió de su bate a 112.7 millas por hora la noche del martes, viajó 461 pies (proyectados por Statcast) hacia las gradas entre los jardines central y derecho en el Busch Stadium y les dio a los Gigantes la ventaja en la primera entrada en lo que eventualmente fue una victoria 10-3 sobre los Cardenales.

"Supe de inmediato que era a la que mejor le he dado este año", expresó Eldridge.

Tenía razón. Fue el cuadrangular más largo en la joven carrera de Eldridge en MLB, en el Busch Stadium esta temporada y de los Gigantes fuera del Coors Field. También fue el cañonazo conectado con mayor fuerza por San Francisco este año.

Pero cuando a Eldridge se le preguntó después sobre otra jugada -- una mucho menos dramática en el noveno inning -- se iluminó igual.

El inicialista había saltado para atrapar un rodado difícil bateado por Victor Scott II para terminar el encuentro. Para un jugador cuyo bate siempre ha generado la atención, esa jugada representó algo completamente diferente.

"Ah, sí", dijo Eldridge cuando se le preguntó si se sintió casi tan bien como el jonrón. "Hacer una buena jugada a la defensiva... siento mucho orgullo por eso y por todo el trabajo que le he dedicado".

Ese orgullo se está notando cada vez más.

Eldridge llegó al béisbol profesional con interrogantes sobre dónde jugaría exactamente. Ha escuchado las críticas sobre su defensa a lo largo de su ascenso por el sistema de los Gigantes. En lugar de aceptar ser definido únicamente por su bate, el joven de 21 años dijo que tomó esas dudas de manera "muy personal".

Así que se puso a trabajar.

Gran parte de esto ha sido junto al coach del cuadro interior de los Gigantes, Ron Washington, quien comenzó a trabajar extensamente con Eldridge durante la pretemporada y ha visto al joven primera base sentirse cada vez más cómodo a medida que avanza la campaña.

"Se comprometió a hacer lo necesario para destacar", indicó Washington. "Porque nuestra gerencia piensa que él es el futuro de la organización. Y tiene que jugar defensa".

Washington ha practicado más que simplemente atrapar rodados. Eldridge ha trabajado en su movimiento de pies, posicionamiento, cortes de los tiros y en saber cuándo seguir a los corredores hacia la segunda base -- las pequeñas responsabilidades que convierten a alguien parado en la inicial en, como lo expresó Washington, un verdadero primera base.

"Ahora luce natural", aseguró Washington. "Parece un primera base".

Para Eldridge, la mayor diferencia han sido sus pies.

"Creo que mi movimiento de pies ha tomado el control", apuntó Eldridge. "Eso mejora el uso de mi guante, limpia todo lo demás".

Washington se apresuró a redirigir el crédito.

"Puedo hacerlo trabajar todo lo que yo quiera", dijo Washington. "Pero si él no está aplicando lo que hacemos y no está aprendiendo lo que hacemos, no importa… Los resultados de lo que ven son mérito de Bryce Eldridge".

El desarrollo defensivo ha llegado mientras Eldridge está jugando simultáneamente parte de su mejor béisbol ofensivo. Después de irse de 4-2 con tres carreras impulsadas el martes, llegó al miércoles bateando .340/.424/.557 con 28 remolcadas en sus últimos 28 compromisos. Desde el 14 de agosto hasta antes de la jornada del miércoles, esas 28 empujadas lo ubican tercero en las Mayores.

El manager Tony Vitello ve a un bateador que se ha sentido más cómodo contra el pitcheo zurdo, con dos strikes y en situaciones apremiantes.

"Creo que en este momento simplemente lo vemos en ascenso", comentó Vitello.

Parte de ese desarrollo ha venido del jugador cuya lesión le abrió a Eldridge las oportunidades de jugar todos los días en la primera base.

El dominicano Rafael Devers notó que Eldridge buscaba respuestas durante un bache ofensivo reciente. Eldridge estaba estudiando videos y haciendo ajustes en su swing cuando el veterano le ofreció una sugerencia más simple: deja de intentar arreglar el swing, encuentra algo de ritmo y trata de dirigir la bola hacia el jardín central-izquierdo.

Eldridge describe la sensación que Devers quería que encontrara como "bailar con el lanzador".

"Estaba intentando muchas cosas para cambiar algo en mi swing porque me sentía incómodo", relató Eldridge, "en lugar de simplemente tener algo de ritmo, tener más capacidad atlética en la caja de bateo. Así que eso me ayudó mucho".

Vitello ha visto cómo la influencia del dominicano se expande más allá de Eldridge. A medida que Devers se fue sintiendo más cómodo en San Francisco, Vitello dijo que asumió cada vez más el papel de voz veterana para un roster joven -- apoyando a sus compañeros, manteniendo el ambiente relajado y ofreciendo consejos antes e incluso durante los partidos.

"Él era ese muchacho cuando era más joven con Boston", señaló Vitello. "Era joven de corazón, súper talentoso y tuvo la bendición de estar cerca de algunos de los mejores nombres veteranos en la historia del béisbol. Y creo que empezó a darse cuenta de que las cosas han cambiado, y ahora él es ese veterano".

La temporada de Devers ya terminó tras la cirugía del martes para reparar una lesión muscular. Eso le deja a Eldridge el camino despejado que Vitello quiere que tenga en la primera base durante la recta final.

Habrá más rodados con Washington, más oportunidades para poner a prueba todo lo que han trabajado y, casi con toda seguridad, más swings para dar batazos kilométricos.

Pero el objetivo de Washington no es desarrollar a un cañonero que pueda sobrevivir a la defensiva. Es desarrollar a un jugador de béisbol completo.

"Si sólo fuera un BD, lo llamarías incompleto", concluyó Washington. "Ahora tiene la oportunidad, incluso si no conecta ese jonrón de 460 pies, de hacer algo para ayudar al equipo".

Para Eldridge, ese es el punto más importante.