Héctor Espino, un grande de grandes en la historia del béisbol

27 de junio de 2024

La vida en el béisbol de Héctor Espino parece ser sacada de una leyenda. No hay dudas sobre su enorme número de cuadrangulares, los incontables elogios y el impresionante ritmo con el que el oriundo de Chihuahua rompía cualquier tipo de récords, durante una memorable carrera de 24 años como profesional. Pero esa es apenas la punta del iceberg del cañonero recordado como "El Babe Ruth mexicano".

Ahora, 40 años después de haber conectado su último jonrón, los aficionados continúan compartiendo historias de cómo Espino le daba una fuerza diferente a la pelota cada vez que hacía contacto, cómo los jugadores del cuadro dejaban caer las líneas salidas del bate del cañonero por la potencia de las conexiones. Incluso podrías escuchar que firmó su primer contrato de liga invernal con los Naranjeros de Hermosillo en una servilleta en un restaurante de Chihuahua.

De acuerdo a una historia publicada por Leo Banks en la revista Sports Magazine de 1985, Espino conectó una vez un cañonazo de 600 pies hacia lo más profundo del jardín central, en un parque ubicado en Guadalajara.

Pero sigue habiendo una gran interrogante en torno al legado mítico de Espino.

¿Qué hubiera pasado si…?

¿Qué habría pasado si el cañonero conocido como "El Niño Asesino" – debido a su cara de niño y sus impresionantes conexiones – hubiese perseguido la oportunidad de jugar en las Mayores?

Espino llegó a Florida el 6 de agosto de 1964 e hizo su debut como profesional al siguiente día, en Triple-A Jacksonville. Participó en 32 juegos con la entonces filial de los Cardenales – en un período de unas cinco semanas – antes de regresar a México para no volver.

El debate en torno al porqué Espino decidió irse o si tenía el talento necesario para lograr un impacto en las Grandes Ligas continúa vigente. Aunque ese no es el caso para Mike Brito. El veterano scout de los Dodgers, conocido por descubrir a Fernando Valenzuela, fue compañero de equipo de Espino y cree que cualquier discusión sobre el asunto está fuera de lugar.

"No hay duda de que si hubiera decidido jugar aquí, habría estado en la alineación todos los días, bateando entre el tercer y quinto puesto, con un promedio de .300 y habría sido una superestrella. No hay duda de eso", afirmó Brito, quien jugó y compartió habitación con Espino en los Dorados de la liga estatal de Chihuahua en 1959. "Obviamente, yo era un jugador en esos días, pero, mira, si hubiera sido scout en ese entonces, definitivamente lo habría firmado. Y mira que yo no cometo muchos errores, pero no necesitabas ser un genio para ver el tipo de talento que tenía".

De acuerdo con una biografía escrita por Horacio Ibarra Álvarez, titulada "Héctor Espino: Un Hombre, un bat… ¡Una leyenda!", Espino no ocultaba su confianza. Cuando la prensa le preguntaba cómo le iría en las Mayores, respondía: "Le daría una paliza a cualquier lanzador".

"Ese año que jugamos juntos, yo bateaba detrás de él, así que lo observé de cerca. Tenía el mejor ojo. Si la pelota estaba una pulgada fuera de la zona de strikes, no le hacía swing", recordó Brito. "Sólo le hacía swing a buenos lanzamientos, y cuando hacía contacto usaba todo el campo. Además, el contacto era sólido. Destruía las pelotas de béisbol".

"Fue el mejor bateador mexicano que vi en mi vida".

Salón de la Fama del Beisbol Mexicano

Aunque nunca sabremos con certeza qué llevó al mexicano a regresar a casa, sus números son increíbles: Participó en 2,388 juegos de la Liga Mexicana, bateando .355, empalmó 453 vuelacercas, 45 triples, 373 dobles, empujó 1,573 carreras y anotó 1,505. Promedió al menos .300 en cada campaña, con excepción de una. Ganó cuatro títulos de bateo incluyendo tres seguidos entre 1966 y 1968.

Espino es considerado como el mejor jugador en la historia de la Liga Mexicana, y aún conserva el récord del “rey del jonrón en las ligas menores”, con un total de 484, incluyendo los 28 que dio en las menores de México y tres más en Jacksonville.

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Espino empezó su carrera como profesional a los 20 años, con el equipo Clase-A San Luis de Potosí, en la Liga Central Mexicana, en 1960. Luego de maltratar el circuito, dejando un promedio de bateo de .412 en sus primeras dos campañas, Espino llegó a la Liga Mexicana con Monterrey en 1962, año en el que ganó el Premio de Novato del Año, tras batear .358/.459/.613 con 23 vuelacercas, 12 triples y liderar la liga con 103 empujadas. Continuó ese buen momento en la Liga Mexicana del Pacífico, al promediar .402 y ser nombrado Jugador Más Valioso.

En 1964, Espino ganó su primer título de bateo en la Liga Mexicana, cuando bateó .371 e impuso un récord para una temporada con 46 bambinazos. Sus 115 carreras anotadas fueron la tercera mayor cantidad en la historia. Eso lo hizo merecedor de un contrato con los Cardenales, quienes enviaron al cañonero a su filial en la Liga Internacional en Jacksonville.

“Recuerdo que nos decían que estábamos recibiendo al Babe Ruth mexicano”, dijo Joe Morgan, quien jugó junto a Espino en el equipo de los Soles, y luego fue manager de los Medias Rojas entre 1988 y 1991. “Pero no resultó ser exactamente así”.

Batallando contra la barrera del idioma y estando lejos de casa por primera vez, Espino empezó lento, pero se las ingenió para batear .300 con seis dobles, 15 empujadas y 15 anotadas en 32 juegos. Sin embargo, sólo conectó tres jonrones.

“Jacksonville era un lugar difícil para batear jonrones en aquellos días, porque teníamos paredes altas por todas partes, pero aun así, no estoy seguro de que alguna vez se sintiera cómodo aquí”, explicó Morgan. “Hablé muy poco con él, no hablaba mucho inglés y definitivamente daba la sensación de que tenía nostalgia de su hogar”.

“Era un chico bien capacitado, jugaba una gran defensa en la primera base y se movía bastante bien para su tamaño. Pero simplemente no resultó para él. No sé, simplemente sentía que estaba decaído. No era él mismo. No quería estar allí”, agregó Morgan.

En 1965, los Cardenales invitaron a Espino al campamento del equipo grande, pero él mexicano nunca se reportó. Se cree que una disputa contractual, en la que Espino quería una parte justa del precio de su venta a San Luis, fue la razón principal de su ausencia.

"Daba por hecho que merecía una parte justa de ese acuerdo. Básicamente le habían dicho que jugando en Estados Unidos ganaría mucho más dinero", comentó Brito. "Pero él no compró esa idea. Era una celebridad en México, jugaba béisbol todo el año, ganaba dinero y era feliz. Pero si le hubieran dado el dinero, definitivamente se habría quedado. Como dije, habría sido una estrella. Creo que por unos cuantos dólares, cometió un error".

Espino volvió a Monterrey al final de la temporada de ese año y bateó .355 con 17 jonrones en apenas 67 compromisos. Se mantuvo con el club por las siguientes cinco campañas y ganó tres títulos de bateo consecutivos, encabezando la liga en jonrones en un par de ocasiones e impuso un récord personal cuando bateó .377 en 1967.

Liga Mexicana De BÉISBOL

En 1971, Espino fue canjeado a Tampico, donde continuó dominando en el plato por las siguientes ocho campañas. Volvió a Monterrey en 1981 y terminó su carrera allí. Aunque muchas de sus marcas han sido eclipsadas desde su retiro, Espino sigue siendo el líder en boletos intencionales en un año (53, en 1969) y de por vida (408).

Incluso después de su salida de Jacksonville, hubo un par de instancias en las que parecía que Espino podía regresar a Estados Unidos. En 1967, llegó a un acuerdo para asistir a los campamentos de los Angelinos de California, pero nunca pasó de Dallas, para tomar un vuelo en conexión para regresar a casa. En 1970, Espino estuvo en conversaciones con los Yankees, pero Tampico no acordó nada.

A lo largo de 24 temporadas en ligas invernales con Hermosillo, Espino bateó .329 con 299 jonrones y 1,029 remolcadas. Ganó 13 títulos de bateo y disputó seis Series del Caribe, liderando a la representación mexicana a conseguir su primera corona en 1976. Sigue siendo el único jugador en la Liga Mexicana del Pacífico en promediar al menos .300 y ser exaltado en el Salón de la Fama del Béisbol del Caribe.

El 5 de octubre de 1972, mientras Espino seguía como jugador activo, Hermosillo le cambió el nombre a su estadio en honor al cañonero.

En 1988, Espino fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol Mexicano y fue parte de la clase inaugural del Salón de la Fama del Béisbol Latino en el 2010. Este último reconocimiento ocurrió de manera póstuma, luego de que Espino sufriera un ataque al corazón mortal mientras dormía, el 7 de septiembre de 1997 en Monterrey.

"En México, era una gran personalidad, así que en última instancia, no creo que sintiera que se perdió mucho al no jugar en los Estados Unidos", agregó Brito. "Era una persona tranquila. No hablaba muchas tonterías, no salía tarde ni se iba de fiesta. Héctor Espino era Héctor Espino y lo respetaban en todas partes a donde fuera”.

"Pero te lo digo, si hubiera decidido jugar en Estados Unidos, habría sido uno de los mejores bateadores allí. Este tipo era increíble".