Tras un largo viaje de 12 años y festejos virales, Jefry Yan cumple su sueño con Mets

10:02 PM UTC

CLEVELAND -- Durante buena parte de uno años, el dominicano Jefry Yan se levantaba diariamente a las 5 a.m. y se iba directo a uno de los trabajos informales que tenía en ese entonces. A Yan le gustaba el trabajo de techador por el compañerismo, pero era una labor difícil bajo el calor de Arizona. Detestaba las entregas a domicilio, porque "tenía que cargar muchos refrigeradores".

A las 2 p.m. todos los días, Yan corría a casa, se duchaba y comía un almuerzo rápido. Luego se dirigía a un terreno de béisbol o al gimnasio, donde pasaba sus tardes y noches tratando de revivir su carrera como lanzador profesional.

Yan tenía 17 años cuando hizo su debut en la Liga de Verano de la República Dominicana, lanzando para la organización de los Angelinos. Apenas había celebrado su cumpleaños número 19 cuando se lesionó el codo, lo que derivó en un largo proceso de rehabilitación que lo llevó a pasar cuatro años fuera del béisbol profesional. Tenía 25 años cuando regresó y comenzó a llamar la atención por sus efusivas celebraciones en el montículo tras conseguir ponches. Tenía 26 cuando sus efusivos festejos comenzaron a hacerse virales.

Yan está a dos semanas de cumplir 30 años. Aún posee una eléctrica recta de zurda que, a principios de este mes, alcanzó las 101.6 millas por hora en un juego de Triple-A. Y todavía conserva su sueño. Antes de una victoria 6-2 sobre los Guardianes el martes, con su bullpen medio desmantelado tras las ventas en la Fecha Límite de Cambios, los Mets llamaron a Yan para su debut en las Grandes Ligas.

"Nunca me rendí", expresó Yan. "Cuando estaba lanzando en Arizona, nunca pasó por mi mente que no podría lograrlo. Nunca me rendí, siempre mantuve mi fe en Dios y continué trabajando. Ahora, todo lo que queda es salir hoy al montículo y lanzar en un juego de Grandes Ligas".

Incluso dentro de un bullpen posterior a la Fecha Límite que incluye a múltiples novatos en la etapa madura de la curva de edad, a varios monticulares recientemente recuperados de una cirugía Tommy John y a un abridor recién convertido en relevista, la historia de Yan destaca. Eso se debe en parte a su viaje de 12 años para llegar a este punto, y en parte a la reputación que se ha ganado con sus festejos tras los ponches. A menudo, al ponchar a un rival, Yan da un gran salto en el montículo, apretando el puño o imitando el gesto de un umpire. Las celebraciones son orgánicas, diferentes cada vez que poncha a un bateador.

Y Yan poncha a muchísimos bateadores. Apoyándose en su eléctrica recta de cuatro costuras, además de un sinker y un slider, Yan abanicó al 50.8 por ciento de los rivales a los que enfrentó en Triple-A. El lado negativo es que también otorgó boleto al 15.9% de ellos, lo cual tiende a ser insostenible incluso para un relevista de una sola entrada. Pero el talento puro de Yan es difícil de ignorar.

"El repertorio está ahí", indicó el manager interino de los Mets, Andy Green. "De verdad todo se reduce a qué tan seguido pone la bola en la zona. Cuando lo ha hecho, ha demostrado que es un zurdo increíblemente único y talentoso... que además salta muy alto".

Hace veinte años, cuando él mismo era jugador, Green se habría preocupado por cómo percibían otros equipos las mañas de Yan. No sólo el juego ha cambiado desde entonces, dijo Green, sino que Yan ha desarrollado una reputación suficiente como para que la mayoría de los rivales no se tomen sus festejos como algo personal.

"La gente ha aceptado en gran medida que esto es simplemente un ser humano de buen corazón que está disfrutando estar en el terreno jugando béisbol", aseguró Green, exdirector de desarrollo de jugadores de los Mets. "Es más personalidad de la que creo que todos estamos acostumbrados a ver después de un ponche, pero no tuvimos muchos equipos en liga menor que se molestaran con él o con su entusiasmo. Creo que terminan sonriendo si no son ellos los que reciben el ponche".

Desde la perspectiva de Yan, las celebraciones no son más que una manifestación de su alegría al jugar al béisbol. Ahora que ha alcanzado el nivel más alto de este deporte, no es algo que pretenda cambiar.

"Lo más importante para mí es hacer mi trabajo, enfocarme en el bateador, atacarlo, tratar de ponerme arriba en la cuenta", dijo Yan. "Una vez que lo poncho, esa emoción o esa celebración sale por sí sola. Obviamente es muy importante respetar al bateador. Pero también quiero divertirme y disfrutar el juego de la manera en que siempre lo he hecho".