Josh Gibson, leyenda indiscutible del béisbol

9 de febrero de 2021

Josh Gibson nunca recibió la oportunidad de jugar en las Grandes Ligas, pero dejó un legado imborrable en la historia del béisbol.

Una inconmensurable presencia tanto detrás del plato como al bate, Gibson es considerado uno de los más temibles toleteros que haya pisado un diamante. Una estrella de las Ligas Negras en las décadas antes de la integración racial, Gibson aterrorizó a los lanzadores dondequiera que jugó, incluyendo a lo largo de Latinoamérica en la pelota invernal.

Aquí están algunos puntos claves a conocer sobre Gibson, quien fue exaltado al Salón de la Fama en 1972.

• En el curso de la historia del béisbol, ¿cuántos fanáticos sentados en las gradas han gritado que ellos lo harían mejor que el ‘maleta’ ese en el terreno, si tan solo se le diera la oportunidad? Muy pocos, si es que hay alguno, han estado en lo cierto. Pero alguien saliendo de las gradas y convirtiéndose en estrella quizás no sea algo sin precedentes.

En 1930, cuenta la historia, Gibson estaba viendo un partido en el que el receptor de los Homestead Grays, Buck Ewing, sufrió una lesión. Gibson, de sólo 18 años, pero ya con una reputación bien ganada en juegos semiprofesionales, fue llamado como reemplazo. Y así nació una grandiosa carrera como beisbolista.

• Gibson se ganó el sobrenombre de “el Babe Ruth negro” y como el gran Bambino, sus prodigiosos cañonazos eran legendarios. Eso es tanto en términos de la distancia que recorrían los batazos como en su cuestionable veracidad. ¿De verdad Ruth anunció en pleno turno que iba a dar un jonrón? ¿Realmente pegó un cañonazo de 587 pies durante la pretemporada en Tampa, Florida? Nunca lo sabremos a ciencia cierta, pero es divertido creer que sí ocurrieron.

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El mito alrededor de Gibson es aun mayor, debido al hecho de que sus proezas fueron en las Ligas Negras, donde los datos oficiales son limitados debido entre otras cosas a los cambiantes calendarios y la variedad de competidores. Hay muchas historias de cómo Gibson hacía lucir pequeño el viejo Yankee Stadium, supuestamente conectando un batazo de 580 pies hasta lo más alto de las gradas, o sacando la bola del parque completamente. Puede que haya algo de exageración en esos cuentos, como solía ocurrir con los eventos anteriores a la llegada de las transmisiones modernas de televisión y la anotación oficial. Pero no hay dudas de que Gibson podía triturar la pelota.

• Una importante diferencia entre Ruth y Gibson: Todo el mundo sabe el número exacto de cuadrangulares del Bambino en su mejor temporada (60) y de por vida (714) en las Mayores. Nadie sabe cuántas pelotas sacó Gibson durante su ilustre carrera. En su placa del Salón de la Fama se lee que “dio casi 800 jonrones entre ligas y circuitos independientes durante su carrera de 17 años”, aunque sólo un pequeño porcentaje de esos números son oficiales. Otros estimados son menores o mayores – incluyendo por encima de los 1,000 – pero el número real es un misterio.

• El ya fallecido Buck O’Neil estuvo toda su vida en el mundo del béisbol, incluyendo como jugador y manager en las Ligas Negras, y coach y scout en la Gran Carpa. O’Neil dijo varias veces en entrevistas que había cierto sonido – de la pelota chocando con la madera – que escuchó unas pocas veces. El primero fue de Ruth. El segundo de Gibson. Y O’Neil no lo volvió a escuchar hasta que Bo Jackson entró en escena en los años 80.

“Extraordinario bateador. El mejor bateador que he visto”, le dijo O’Neil al documentalista Ken Burns. “Tenía el poder de Ruth y la habilidad bateadora de Ted Williams. Ése era Josh Gibson. Hubiese tenido una tremenda carrera (en las Grandes Ligas). Hubiese reescrito los libros de récords en lo que a jonrones respecta”.

• O’Neil estaba lejos de ser el único de los jugadores – tanto en las Ligas Negras como en las Mayores – que tenían al cañonero en altísima estima. Satchel Paige, quien pasó mucho tiempo en la lomita tanto de las Ligas Negras como las Mayores – dijo lo siguiente: “Josh fue el más grande de los bateadores a los que me enfrenté”. Otro miembro del Salón de la Fama, el receptor Roy Campanella, describió así la forma en la que Gibson lo obligó a trasladarse a la tercera base cuando jugaron juntos: “Todo lo que yo podía hacer, Josh podía hacerlo mejor”. El legendario lanzador ligamayorista Walter Johnson, lamentándose de que Gibson no pudiera jugar en las Grandes Ligas, expresó lo siguiente: “Puede hacer de todo. Batea la bola lejísimo. Domina la receptoría con tal facilidad que pareciera estar sentado en una mecedora. Tiene un rifle de brazo”.

• En la vida de Gibson tampoco faltó tragedia, y no sólo por su exclusión de las Mayores. La joven esposa de Gibson, Helen, murió mientras daba a luz a mellizos en 1930, justo antes de que la carrera de Gibson despegara.

Gibson, quien sufrió un tumor cerebral entre otros problemas de salud, murió de un derrame cerebral poco después de cumplir 35 años en 1947. Menos de tres meses después de que falleciese, Jackie Robison debutó con los Dodgers de Brooklyn, rompiendo la barrera racial y disparando así una nueva era en el deporte. Pero Gibson, lastimosamente, no pudo verlo.