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Noticias de Las Grandes Ligas

La joven de 17 años que ponchó a Ruth y Gehrig

(Tom Forget)
@CF_Larue
21 de mayo de 2020

No debe sorprender escuchar que el béisbol en 1931 era totalmente diferente a lo que conocemos en la actualidad. Sólo vean las fotos de esa época. Los movimientos de los lanzadores eran diferentes, los swings de los bateadores también. Los uniformes eran holgados. Pero hay otras diferencias, algo que no

No debe sorprender escuchar que el béisbol en 1931 era totalmente diferente a lo que conocemos en la actualidad. Sólo vean las fotos de esa época. Los movimientos de los lanzadores eran diferentes, los swings de los bateadores también. Los uniformes eran holgados.

Pero hay otras diferencias, algo que no puedes ver en una foto, como la proliferación de los juegos de exhibición. En el receso de temporada, algunos de los nombres más importantes del juego se juntaban para una especie de carnaval de béisbol, atrayendo a multitudes a sus juegos donde quieran que fueran. Uno de los más famosos fue el que disputaron en 1934 en Japón, en el que participaron jugadores como Babe Ruth, Lou Gehrig y Jimmie Foxx.

Los Chatanooga Lookouts eran un equipo de la Southern Association, una liga menor comparada a la Nacional y Americana, del cual el dueño era Joe Engel.

Engel adquirió a los Lookouts antes de la crisis de la bolsa de valores de 1929, algo que inmediatamente dificultó la venta de boletos. Pero como buen promotor e innovador, Engel estaba mejor preparado que nadie en la industria.

Lo hecho por el propietario merece su propia historia, pero decir que era creativo es quedarse corto. Una vez vendió a un campocorto por un pavo y luego lo sirvió a los periodistas locales. Rifó una casa a un fanático que había adquirido un boleto a un juego. Organizó en el estadio un evento de cacería de elefantes, en el que la gente se vestía con ropa de safari para perseguir a otros disfrazados de elefantes.

De izquierda a derecha: Gehrig, Mitchell, Engel y Ruth

Comparado a todo eso, lo que hizo en la primavera de 1931 no fue tan descabellado. Con los Yankees pautados para disputar un juego de exhibición ante los Lookouts el 1ro de abril, Engel firmó a una niña de 17 años de Memphis, Tennessee llamada Jackie Mitchell para enfrentar a la poderosa ofensiva de los Yankees. Con esto, Mitchell fue una de las primeras mujeres en firmar un contrato profesional en el béisbol – la primera jugadora de la que se tiene registro fue Lizzie Arlington, quien pactó con los Reading Coal Heavers de la Liga del Atlántico en 1898.

Una jugadora de 17 años normalmente no tendría ninguna posibilidad de éxito enfrentando a figuras como Ruth, Gehrig y Tony Lazzeri. Aunque Ruth estaba en la parte final de su carrera, venía de dar 49 cuadrangulares en la campaña anterior, mientras que Gehrig había aportado 41. Lazzeri venía de batear .303.

Pero Mitchell no era una chica cualquiera de 17 de años. Para comenzar, era una atleta completa, dividiendo su tiempo entre el baloncesto en el invierno y el béisbol en los meses más calurosos, formando parte de uno de los equipos femeninos de Engel, las Engelettes. Cuando Engel la contactó para firmarla, ella estaba en Dallas jugando un torneo de baloncesto. Con la oportunidad de firmar un contrato profesional de béisbol, no dudó en dejar la competición de básquet.

Como muchos jugadores jóvenes, Mitchell aprendió a jugar practicando con su papá en un parque del vecindario. Pero su vecindario contaba con una ventaja que no tenían todos los jóvenes. Uno de sus vecinos no era otro que Dazzy Vance, el lanzador Salón de la Fama que lideró la Liga Nacional en ponches en siete temporadas entre 1922 y 1928. De su vecino, Mitchell aprendió cómo lanzar la “bola caída”, o sinker, como se le conoce en el presente.

De izquierda a derecha: Tony Lazzeri, Babe Ruth, Lou Gehrig, 1927

La expectativa de ver a los Yankees enfrentando a una adolescente generó un revuelo considerable en la prensa. Un diario escribió, “Las curvas no estarán todas en la bola cuando la linda Jackie Mitchell… se suba a la loma”.

Otro medio describió el evento desde una perspectiva cosmética. “La lanzadora de pelo corto sacó su espejo y polvo y se limpió el brillo de su nariz”.

Incluso cuando los diarios se enfocaron más en el béisbol, no pudieron evitar el sexismo. El New York Daily News destacó que era una lanzadora “con un cambio de velocidad pronunciado y un swing de lápiz labial”.

No nos sorprende lo poco preparado que estaban para lo que sucedería luego.

Después de que el abridor Clyde Barfoot permitiera un doble y un sencillo para comenzar el partido, los Lookouts acudieron al bullpen y llamaron a Mitchell. ¿Los primeros dos bateadores que enfrentaría? Ruth y Gehrig.

Frente a 4,000 aficionados, Ruth se tocó la gorra como reconocimiento a Mitchell antes de pararse en el plato. Ella acudió a su “bola caída”, pero el pitcheo cayó fuera de la zona. Primera bola mala. Ruth hizo dos swings fallidos con los siguientes dos lanzamientos, antes de dejar pasar uno que rozó la esquina, ponchándose con el bate en las manos. El cañonero tiró el bate al suelo disgustado por la decisión del umpire, pero el hecho es que una niña de 17 años acababa de ponchar al mejor bateador de la historia.

Entonces llegó Gehrig, quien fue retirado más rápido que Ruth. Hizo swing y falló los tres pitcheos que le lanzó Mitchell. Luego de otorgarle boleto a Lazzeri, los Lookouts volvieron a acudir al bullpen, terminando así la histórica presentación de Mitchell. Los Yankees terminaron ganando 14-4.

El New York Times se tituló al siguiente día con la siguiente frase: “Ruth y Gehrig ponchados por una niña”. La sección también contó con un editorial que concluyó diciendo, “los misóginos quedaron mal”. Para complementar la magnitud de lo logrado por Mitchell, Ruth y Gehrig tuvieron promedio de más de .340 con 46 cuadrangulares cada uno en 1931.

Los misóginos, o al menos los detractores de Mitchell, tuvieron su espacio. Escribieron en The Times que Ruth “hizo muy bien su actuación” al poncharse y que Gehrig “hizo tres swings para contribuir a la ocasión”, dejando implícito que todo fue parte de otro evento promocional de Engel, haciendo que los cañoneros se poncharan a propósito. El hecho de que el evento estaba pautado para el “Día de los Inocentes” fue otro de los argumentos expuestos por quienes querían quitarle autenticidad a lo hecho por Mitchell.

Al menos Gehrig y Ruth nunca confesaron haberse ponchado a propósito. Aunque no sorprendería que Ruth haya hecho algo por el estilo, sí sería extraño por parte de Gehrig. Entendiendo lo aprendido por Mitchell de Vance y el hecho de que su envío a la zurda le daba una pequeña ventaja ante ambos jugadores, no puede ignorarse el hecho de que pudo poncharlos por mérito propio.

Pero si de verdad quieres una respuesta, hay que acudir a la propia Mitchell. No sólo cree que los ponchó legítimamente, sino incluso lanzó un par de dardos a los miembros del Salón de la Fama. “Bueno, ellos lo intentaron”, dijo en 1987. “Mejores jugadores que ellos no podían batearme. ¿Por qué habría sido diferente con ellos?”.

Se informó en el momento que luego del partido, el Comisionado de Béisbol, Kenesaw Mountain Landis, vetó el contrato de Mitchell, alegando que el béisbol era muy extenuante para las mujeres. Aunque no hay pruebas de ello, no extrañaría por parte de Landis.

Sin carrera profesional, Mitchell llegó a un circuito llamado House of David. La colonia religiosa con sede en Michigan abogó por la buena forma física de sus miembros, algo que llevó a un exitoso equipo de béisbol. Como parte de sus creencias, todos los jugadores tenían barba y cabello hasta los hombros.

En 1933, House of David salió de su comunidad y contactó a Mitchell, ya de 19 años y reconocida por su carrera amateur. Además de haber jugado en una ocasión ante los Cardenales, no hay muchos registros sobre su paso con House of David.

Aparentemente, Mitchell no estaba muy contenta con el estilo de béisbol. Dijo que se cansó de las actividades fuera del terreno, que incluía a los jugadores participando en partidos montando burros. En 1937, se retiró y volvió a casa para estar con su padre en una oficina de optometría en Chattanooga.

La carrera de Mitchell, especialmente con la etiqueta de profesional, tal vez no haya sido tan larga como esperaba Engel cuando le ofreció un contrato en 1931. Pero, en términos de lo que logró ante tres rivales, no pudo haber pedido algo mejor.

Eric Chesterton es escritor de MLB.com.