TORONTO -- Serie a serie, los Azulejos intentan abrirse paso de regreso a la pelea por el Comodín de la Liga Americana.
La derrota del jueves por 7-0 ante los Medias Rojas en el Rogers Centre fue un fiasco, un juego apretado hasta que Chase Lee permitió un jonrón con las bases llenas a Caleb Durbin para abrir el juego por completo. Sin embargo, haber ganado la serie 3-1 fue otro paso en la dirección correcta para un club que repentinamente ha generado impulso y se encuentra a dos juegos de los Rangers por el último puesto del Comodín.
Dicho eso, no fue todo negativo el jueves. De hecho, uno de los mejores lanzadores de esta generación logró un hito bien importante.
Max Scherzer se convirtió el jueves en el lanzador número 139 en la historia de MLB en lanzar 3,000 entradas, otro reconocimiento para el futuro Salón de la Fama después de haber subido al décimo lugar en la lista de ponches de todos los tiempos apenas la semana pasada. Entre los monticulares activos, sólo Justin Verlander ha completado más entradas (3,571.1) que Scherzer.
Estas últimas dos semanas también han sido de buenas entradas. Scherzer tiene 42 años y ha batallado con problemas en el antebrazo, tobillo, espalda y pulgar esta temporada, pero todavía le queda gasolina en el tanque. Si puede hacer esto el resto del camino, es una gran noticia para los Azulejos y su rotación mermada por las lesiones.
“Nunca daré nada por sentado con Max”, aseguró Schneider. “Simplemente he aprendido a vivir con eso. Nunca se sabe”.
Scherzer tampoco está lanzando sólo por amor al arte a estas alturas. Es un competidor feroz, dos veces campeón de la Serie Mundial que estuvo muy cerca de un tercer anillo hace un año. Al igual que George Springer, su sola presencia puede ayudar a mantener a esta organización competitiva en la recta final. Estos no son el tipo de jugadores que mantienes cerca si sólo estás intentando terminar la temporada y darle algunas oportunidades a los jóvenes.
“Cuando está lanzando y contribuyendo, hay una sensación diferente con él y con el equipo. Tiene autoridad para hablar. Vive para esto”, dijo Schneider con una gran sonrisa, la cual a menudo se le ve cuando habla de Scherzer. “Es un adicto a la adrenalina. Vive para esto. Siempre hay una emoción un poco diferente con él. Me preocupo por él cuando termine, cuando ya no tenga todo esto”.
Scherzer, por supuesto, sólo quería ganar. Celebrará otro día.
“Es un hito muy bonito de alcanzar. Apesta que llegue en una derrota”, comentó Scherzer. “Cuando me subo al montículo, compito para ganar. Quería ganar más que nada. Cuando el equipo no gana, es difícil celebrar algo que lograste, pero respeto el llegar a las 3,000. Es algo grande, un testimonio de durabilidad”.
