
Es imposible que el umpire le esté haciendo seña, ¿no?
Tiene que ser en dirección del manager o hacia algún jugador que esté en las gradas. Pero no, el umpire Mario Seneca estaba viéndolo directamente: Derek Dye, el pasante de los Cachorros de Daytona, había sido expulsado del juego.
“Me paralicé. Tenía que irme”, recordó Dye recientemente. Nunca me había sentido así en mi vida”.


Derek Dye tenía el trabajo de sus sueños en el verano del 2012. El pasante de los Cachorros de Daytona, de Clase-A, estaba haciendo cualquier cosa que le pidiera el club.
“Me encargué de la comida, bebida, venta de boletos, promociones, indumentaria, atención al cliente”, señaló Dye. “Incluso me disfracé de mascota un par de veces”.
Pero uno de los trabajos más geniales que tuvo era estar en el departamento de sonido que se encontraba justo encima del plato y cerca de cabina de transmisión.
Desde ahí, tenía la visual perfecta para ver el partido y anotarlo. Era mucho mejor que “preocuparse si tenía suficientes Coca-Colas de dieta para vender”.
La variedad de sonidos que tenía para elegir son los que se acostumbran a escuchar en un juego de liga menor. Ruido de un vidrio rompiéndose para cuando la bola sale del parque, música entre entradas para animar el público y durante el calentamiento. Pero antes de un encuentro ante Fort Myers Miracle el 1ro de agosto, un nuevo botón fue añadido: La “mala decisión”.
“Es cómico; apenas lo habíamos puesto esa semana”, me dijo Dye. “Querían que nos sintiéramos más como en el Wrigley Field. Había normales y otros más divertidos”.

Llegando al juego, Dye sabía que sería el encargado de los botones de sonido, pero no estaba seguro si podía usar el nuevo. Los Cachorros (que contaban con un prospecto de 19 años llamado Javier Báez) y el Miracle (con quien estaba el veterano de 36 años Carl Pavano) luchaban por el sótano de la Liga Estatal de la Florida. Pero esa noche, el juego fue emocionante y cerrado hasta los últimos innings. En la parte alta de la octava entrada, hubo una decisión en la inicial que causó controversia, en la que fue declarado quieto el corredor del Miracle. El público se molestó y el manager de los Cachorros, Brian Harper, salió al terreno para discutir.
“De pronto, Dye recordó que tenía el sonido indicado para el momento. Emocionado, presionó el botón de la “mala decisión” y luego el de “los tres ratones ciegos”. De pronto, esto fue lo que pasó:
El umpire del plato, Mario Seneca--perturbado por las decisiones del sonido--expulsó a Dye.
Dye recogió sus cosas y se fue. El resto del sonido se detuvo. Los empleados tenían que gritar desde la cueva quién era el jugador que estaba al bate. Los Cachorros terminaron ganando por 3-1, pero Dye quedó preocupado por su futuro con el equipo.
“Tenía miedo”, recordó Dye. “Me decía: ‘Dios mío, no debí haber hecho eso’”.
Luego del encuentro, Dye, un pasante sin paga ese verano, tomó una cerveza de 32 onzas, se puso unas gafas y comenzó a limpiar el estadio – una rutina para él.
Luego empezó a recibir mensajes de texto y algunas llamadas. Benjamin Hill, de MiLB.com, lo contactó para entrevistarlo. Las radios locales igual. El video circuló por todas partes.
A la mañana siguiente, la historia despegó. Dye atendía las llamadas desde su closet, para no despertar a sus compañeros de cuarto. Incluso el programa “Good Morning America” quería hablar con él.
“Tenía que ir a trabajar ese día, pero las conté, fueron 50 entrevistas”, recuerda Dye. “ESPN, SportsCenter, ABC World News, Good Morning America. Fue una locura. Todo el día. Fue bien cómico”.
Los aficionados hacían fila para pedirle un autógrafo. Algunos hasta se disfrazaron de ratón. Las gradas pasaron de 1,000 a 3,000 seguidores al día siguiente.
Theo Epstein, a un año de su llegada a la organización como gerente general, pasó por el parque al fin de semana siguiente para conocer a Dye y decirle que todo el episodio había sido divertido.

Una persona se molestó por la expulsión. El comisionado de la liga le envió a Dye una dura carta, en la que decía que se había “burlado del juego” y multó al equipo con US$525. Debido a que el incidente produjo mucha atención y promoción al equipo, el gerente general la pagó sin problemas.

Ahora, a sus 30 años, Dye es un gerente de una marca en Chicago. En ocasiones, les muestra el video a algunas personas y a veces lo recibe por redes sociales. En su natal Moline, Illinois, es una celebridad.
“Si voy a mi ciudad, no te miento, me compran cervezas y me dicen que es lo más cómico que han visto jamás”.
