El béisbol te puede romper el corazón, pero también lo puede derretir. Un ejemplo de este último lo vimos el domingo en Pittsburgh.
Durante un momento entre innings del partido de los Rays contra Piratas, el jardinero de los Bucaneros, Jake Mangum, le tiró una bola a un joven aficionado en las gradas. La mayoría de los pequeños -- de hecho, hasta la mayoría de la gente -- hubiera expresado su alegría antes de mostrar su recuerdo y guardarlo. Pero ese no fue el caso con este muchacho.
Sin pensarlo dos veces, el joven le entregó la pelota a una niña que vestía un jersey de Mangum. La pequeña -- posiblemente su hermana menor o simplemente una amiga -- luego lo abrazó en un momento de alegría pura y gratitud.
Fue un momento conmovedor que demostró que las emociones que trae béisbol no solo surgen con lo que sucede sobre el terreno.
