Mágico adiós de Verlander: Sólida apertura, un abrazo inolvidable y… ¡un HR de oro!

hace 46 minutos

DETROIT -- superó el óxido de seis meses desde su última presentación en Grandes Ligas, la rigidez de una distensión en la corva que nunca desapareció por completo, y la simple realidad del implacable paso del tiempo en los lanzadores de 43 años para regalar una última tarde del "Verlander clásico". Pero después de 5.1 entradas y seis ponches contra los Piratas, no pudo resistirse a la imagen de su hija corriendo hacia el montículo para poner fin a su carrera.

Nadie podría haberlo hecho.

Con lágrimas en los ojos, Verlander abandonó la lomita junto a su esposa y sus dos hijas, habiendo entregado todo lo que le quedaba para brindar una última y memorable presentación que coronó una increíble carrera de 21 años. Tres innings después de que su familia lo acompañara a salir del montículo, los Tigres dejaron en el terreno a los Piratas con un cuadrangular de dos carreras del venezolano Eduardo Valencia con dos outs y dos strikes en la novena entrada para sellar una victoria 4-3 en el Comerica Park.

Nadie, ni siquiera el propio Verlander, sabía qué tan lejos podría llegar en el juego o qué tipo de repertorio tendría. Su única preparación previa fue una serie de sesiones de bullpen y un inning de práctica de bateo en vivo contra sus compañeros el fin de semana pasado en Chicago. Más que en cualquier otra apertura de su carrera, Verlander dependía de su astucia, de su experiencia de 556 aperturas previas y de los 14,636 bateadores enfrentados anteriormente. No quería enfrentar sólo a un bateador o dos; quería una apertura real.

Resultó que todavía le quedaba bastante en el tanque. Verlander retiró en orden a los primeros cuatro bateadores de Pittsburgh, ponchando al dominicano Oneil Cruz con un slider para el abanicado número 3,555 de su carrera abriendo el segundo inning. Cedió un sencillo con un out al novato Konnor Griffin, quien ni siquiera había nacido cuando Verlander debutó en MLB en el 2005, pero se mostró visiblemente emocionado cuando el receptor Dillon Dingler retiró a Griffin intentando robarse la segunda base.

Verlander había estado buscando su recta de 95 millas por hora desde los Entrenamientos de Primavera. Buscó profundo y la encontró para ponchar a Henry Davis en la tercera entrada, y luego le pasó una recta a 94.4 mph a Ryan O’Hearn.

Brandon Lowe arruinó la blanqueada de Verlander, atacando su recta en el primer pitcheo del cuarto inning para conectar un jonrón. Jacob Gonzalez bateó profundo una curva que se quedó colgada para otro cuadrangular solitario con dos outs en el quinto.

Entre ambos jonrones, Verlander retiró a cinco bateadores consecutivos, ponchando a tres de ellos, incluyendo uno con un slider justo en la esquina de afuera que provocó el tercer strike cantado por el umpire del plato Laz Díaz, quien también se retira al final de la temporada. Verlander lanzó otra recta a 95 mph en su pitcheo número 66.

La novena asistencia desde los jardines en el año por parte de Zach McKinstry rescató a Verlander de un daño mayor en el quinto episodio. Verlander regresó para el sexto y retiró a Lowe con un elevado en territorio de foul detrás de la primera base antes de que Hinch saliera del dugout.

Mientras el manager A.J. Hinch se preparaba para pedirle la pelota, la hija de siete años de Verlander, Genevieve -- quien el viernes le hizo el primer pitcheo ceremonial a su papá desde el montículo -- corrió hacia la misma lomita para darle un abrazo a su padre. Sus compañeros rodearon el montículo para felicitarlo.

Los cánticos de "J.V." resonaron por todo el estadio mientras Verlander bajaba los escalones del dugout junto a su esposa y sus hijos. Terminó su carrera con 266 victorias, efectividad de 3.33 y 3,560 ponches, la octava mayor cantidad en la historia de las Grandes Ligas.