“Cuando te pones esas cuatro letras, CUBA, en el pecho, significa mucho. Es muy emotivo. Para mí, también se trata de mi papá. Jugar por Cuba era su sueño para mí. Me dijo que, si alguna vez tenía la oportunidad, debía aprovecharla. Esa es una de las principales razones por las que estoy jugando mi segundo Clásico Mundial de Béisbol”.
Desde pequeño, Yoán Moncada aprendió el juego de su padre, Manuel, y pasaba sus días persiguiendo pelotas de béisbol.
“Mi papá era muy bueno en el béisbol”, dijo Moncada. “Pero después de graduarse de la escuela secundaria, decidió no continuar en la liga doméstica y en su lugar siguió una carrera como ingeniero. Me enseñó todo sobre el juego y me ayudó a dar mis primeros pasos”.
El Clásico también genera una gran atención en todo el país, atrayendo las miradas de aficionados dentro y fuera de la isla. Para los seguidores jóvenes, especialmente los niños que sueñan con jugar, el equipo nacional de Cuba representa orgullo y posibilidad.
Con esa admiración también llegan expectativas. La presión es real, pero también lo es la motivación que brinda.
“Es muy importante jugar para el equipo y también para nosotros mismos”, afirmó Moncada.
Moncada debutó en las Grandes Ligas con los Medias Rojas a los 21 años antes de pasar ocho temporadas con los Medias Blancas. Tuvo una campaña de despegue en 2019, con línea ofensiva de .315/.367/.548, 25 jonrones y un OPS de .915, terminando en el puesto 21 en la votación al JMV de la Liga Americana. En las temporadas siguientes, las lesiones han limitado su disponibilidad y afectado su producción.
Su padre, quien se llenó de alegría cuando Moncada llegó a las Grandes Ligas, continúa siguiendo la carrera de su hijo a la distancia, viendo los juegos en línea y ofreciéndole consejos cuando puede. Aún no ha podido verlo jugar en persona.
“Nunca ha venido aquí a verme jugar en persona. Espero que algún día pueda venir, pero es un proceso. Mi mamá y mi hermana menor también están en Cuba”, dijo Moncada, con una leve sonrisa en el rostro.
Cada temporada baja, Moncada regresa a Cuba por aproximadamente un mes. Pasa tiempo con su familia y disfruta comidas caseras y conversaciones interminables sobre béisbol. Es su reinicio, una oportunidad para recargar energías antes del desgaste de otra campaña.
Como preparación para el Clásico, la selección de Cuba disputará un par de juegos de exhibición contra los Reales y los Rojos en Arizona antes de viajar a Puerto Rico. Aunque los jugadores pasan la mayor parte del año compitiendo en distintos países y para diferentes organizaciones, se mantienen en contacto constante a través de un grupo de chat. Desde coordinar horarios de entrenamiento hasta organizar cenas de equipo, el chat se ha convertido en un espacio para fortalecer la química, con bastante humor incluido.
Aunque gran parte de la atención naturalmente se centra en el contingente de Grandes Ligas, Moncada identifica al zurdo Liván Moinelo como una pieza clave.
“Creo que Moinelo va a ser importante para nosotros”, dijo Moncada. “Ha lanzado en Japón y tiene experiencia en torneos internacionales. Tenemos muchos buenos jugadores. Tal vez no nos consideren el mejor equipo del Clásico, pero nuestra mentalidad es ganar juegos. Eso es lo que importa”.
El mejor resultado de Cuba en la historia del torneo fue en la edición inaugural de 2006, cuando llegó al juego por el campeonato. En el torneo más reciente, el equipo avanzó hasta las semifinales. Esta vez, el objetivo es llegar aún más lejos.
“Disfrutas momentos como cantar el himno nacional. Es un torneo corto, así que cada juego importa, y la meta es llegar a la final y ganar. Yo solo trato de disfrutar cada juego y cada oportunidad que tengo”, expresó Moncada.
Respaldado por su experiencia en las Grandes Ligas, el orgullo de representar a su país, el vínculo que comparte con sus compañeros y el apoyo de su familia, Moncada vuelve a subir al escenario global con Cuba en el pecho.