A estas alturas, ya sabes que hay que prestar atención cada vez que Shohei Ohtani se para en la caja de bateo. Es capaz de hacer algo que nunca antes hayas visto en cualquier momento.
Pero el lunes contra los Mets, la batería contraria protagonizó un momento particular con Ohtani al bate en la sexta entrada de la victoria de los Dodgers por 4-0.
El relevista Craig Kimbrel pisó la goma para hacer un pitcheo en cuenta de 2-2 ante Ohtani. Se acomodó e inició su movimiento. ¿El problema? El receptor venezolano Francisco Álvarez corría hacia el montículo con las manos en alto.
Álvarez notó que el reloj de pitcheo había bajado a un solo segundo antes de que Kimbrel estuviera listo para lanzar. Pidió tiempo, intentando salvar a su lanzador de una bola automática. Pero Kimbrel no se dio cuenta de lo que sucedía y comenzó su movimiento.
Lo único que Álvarez -- ya bastante adelantado del plato -- pudo hacer fue agacharse de nuevo y prepararse para recibir un pitcheo en una situación peligrosa. Ohtani se dio cuenta, alejándose rápidamente de la caja y gritando mientras lo hacía.
Afortunadamente, Kimbrel se percató mientras iniciaba su entrega hacia el home y pudo detenerse.
La insólita escena provocó una gran reacción del narrador de los Dodgers, Joe Davis, mientras se desarrollaba.
"¡Epa, epa, epa! ¡Oh, Dios mío!", exclamó Davis. "Nunca había visto eso".
"Álvarez vio pasar su vida ante sus ojos", continuó Davis. "Parecía el juego de niños menores de siete años que vi ayer: ¡a 40 pies de distancia!".
Álvarez se dirigió a la lomita para la breve pausa y puso su brazo alrededor de Kimbrel, quien provocó un elevado para out más adelante en el turno al bate. El siempre animado Ohtani dio un rápido paseo junto a la caja de bateo, pareció decir algo hacia su dugout y respiró hondo antes de volver a entrar.
Claramente, Ohtani -- quien también recibió un pelotazo de David Peterson para abrir el partido -- se divirtió con el momento ahora que todos están bien. Publicó tres fotos en su historia de Instagram durante la noche. Una mostraba el pitcheo que le golpeó el hombro, y dos exhibían la confusión entre Álvarez y Kimbrel, con Ohtani gritando y los ojos de Álvarez tan abiertos como los de un venado encandilado.
