PHOENIX -- Apenas la bola salió de su bate, Ketel Marte supo que el juego había terminado.
El estelar dominicano se giró, miró hacia donde estaban sus compañeros en el dugout y soltó el bate.
“En ese momento, por la emoción y la euforia, pensé que todos me estaban mirando”, dijo Marte.
Pero nadie en el dugout de los D-backs lo estaba viendo a él. Todos seguían la pelota mientras viajaba hacia las gradas del jardín izquierdo.
En una temporada llena de batazos duros que terminaban sin recompensa, Marte finalmente obtuvo la suya, y también los D-backs, que vencieron 5-3 a los Gigantes gracias al jonrón de oro de Marte en el noveno inning.
Fue la cuarta victoria de los D-backs en sus últimos cinco juegos, para volver a colocarse por encima de .500.
Si alguien miraba los números de Marte antes del juego, podía pensar que el segunda base All-Star no estaba bateando bien. ¿Promedio de .222 y slugging de .368? ¿De Ketel Marte?
Pero mirando un poco más a fondo, tomando en cuenta qué tan fuerte había golpeado la pelota este año, su promedio esperado era de .285 y su slugging esperado de .449 al llegar al juego del martes.
De hecho, antes del encuentro del martes, Marte había conectado 24 bolas con velocidad de salida de 100+ mph que terminaron en outs, la segunda mayor cantidad en las Mayores detrás de su compatriota Fernando Tatis Jr., quien tenía 25.
Marte también había pegado 39 bolas a 95+ mph que terminaron en outs, empatado en el tercer lugar de las Grandes Ligas, mientras Bo Bichette lideraba con 41.
“Es difícil”, confesó Marte sobre la frustración que sentía. “Uno como persona trabaja muy fuerte y los resultados no estaban llegando. Pero uno viene aquí, confía en Dios y trata de dar lo mejor de sí”.
El piloto de los D-backs, Torey Lovullo, podía notar cómo la frustración comenzaba a acumularse en su estrella mientras seguían aumentando los outs con batazos sólidos, así que hacía todo lo posible por animarlo.
Lovullo dejó de decirle: “Buen swing”, porque estaba claro que Marte ya no quería escuchar eso.
El dirigente incluso lo llamaba a su oficina para conversar y motivarlo. También le mostró cuáles eran sus números esperados. ¿Y qué opinaba Marte de esas estadísticas esperadas?
“Él dijo: ‘No me importa un carajo los números esperados. Quiero ganar y dar hits para ayudar al equipo a ganar’”, contó Lovullo. “Así es él. Es tan directo y sencillo cuando hablas con él, porque todo es real y va al punto. Eso es lo que lo hace grande”.
Marte y Lovullo comparten un vínculo tras 10 temporadas juntos, y Marte agradecía todo lo que su timonel hacía para levantarle el ánimo. Pero al final del día, la frustración seguía creciendo.
“Es un poco difícil”, dijo Marte. “Normalmente, a esta altura de la temporada tengo muy buenos números. Pero Torey siempre me dice: ‘Estás haciendo buen contacto. No seas tan duro contigo mismo. Estás jugando buena defensa’. Así es como principalmente me ha apoyado. Torey y yo tenemos una gran relación, casi como padre e hijo. Hay una gran comunicación. Es muy especial que siempre haya confiado en mí en este momento difícil de mi carrera”.
Una entrada antes del jonrón de Marte, llegó al plato con un corredor en primera y conectó un misil hacia el jardín central. La bola salió de su bate a 104.6 mph, tenía un promedio esperado de .730 y habría sido cuadrangular en 24 estadios.
Pero no en el Chase Field, donde el jardinero central Harrison Bader se acomodó junto a la cerca y atrapó la bola a 411 pies de home. La frustración de Marte era evidente cuando regresó a la cueva.
Un inning después, toda esa frustración fue reemplazada por alegría con el primer jonrón de oro de su carrera en la Gran Carpa.
“En 10 años, ése es mi primer jonrón de oro, poder darle una victoria así al equipo es una sensación increíble”, manifestó Marte.
¿Había conectado antes un cuadrangular de oro fuera de las Grandes Ligas?
“La única vez fue jugando sóftbol en República Dominicana”, respondió entre sonrisas.
