
Los anillos ornamentados brillaban en una sala del New York Hilton Midtown el mes pasado, donde el gerente general Brian Cashman los entregaba a los integrantes de los rosters de postemporada de los Yankees del 2024. Eso fue minutos antes de que esos invitados de honor fueran llevados al escenario en la elegante Cena de Bienvenida del club.
Cada estuche revelaba diamantes, rubíes y zafiros rodeando el icónico logo del sombrero de copa de los Yankees. Hechos en oro blanco de 14 quilates, llevaban grabadas estas palabras en letras mayúsculas: “Campeones de la Liga Americana 2024”.
Eran hermosos, elegantes, significativos... y, para la mayoría de los jugadores, ahora están acumulando polvo.
“Éste no es el que queríamos, muchachos”, exclamó Giancarlo Stanton, interrumpiendo el murmullo del salón. “El que queremos está por delante. Más vale que no los vea a ninguno usando esto por ahí”.
Y así ha sido, sin menospreciar a los expertos artesanos de Balfour en Austin, Texas, que confeccionaron los recuerdos. Quedar primeros en la Liga Americana tiene su mérito, pero no es suficiente para los Yankees, que este fin de semana llegarán a Los Ángeles para una esperada revancha de la Serie Mundial contra los Dodgers.
Llama la atención que Cashman entregara esas joyas en un intercambio discreto dentro de un hotel neoyorquino construido hace décadas. No hubo ceremonia en el terreno del Yankee Stadium para conmemorar la Serie Mundial anterior, ni siquiera el tradicional izado de bandera en el Día Inaugural por el banderín número 41 de la franquicia.
Meses después, ese Clásico de Otoño de cinco juegos se siente como esos anillos: Reconocidos, tal vez con un asentimiento o apretón de manos, y ahora relegados al fondo de un clóset o cajón. Anthony Volpe contó que intentó rechazar el anillo, pero le dijeron que no podía, así que se lo dio a su padre, Michael.
“Con el tiempo, uno lo ve como un recuerdo del camino recorrido”, dijo Volpe.
“Uno piensa en las celebraciones, en los compañeros que ya no están en el equipo", dijo Volpe. "Pero al final del día, lo guardé. No necesito volver a verlo”.
Clarke Schmidt hizo una pausa de varios segundos, buscando las palabras para expresar su indiferencia, y finalmente lo comparó con “un trofeo de participación”.
“No quiero andar por ahí con un anillo de subcampeón o de segundo lugar de cuando estaba en los Yankees, diciendo: ‘Ése fue mi gran momento’”, comentó Schmidt. “Ése es simplemente el estándar aquí. Queremos ganar la Serie Mundial... todos los años”.
“Estuvo bien. Pero sería mejor si fuera un anillo de Serie Mundial”, reflexionó Tim Hill. “Fue como: ‘Ahh, no es el que queríamos’. Lo vi una vez y luego lo tiré en una caja”.
“Primeros perdedores”, lamentó Carlos Rodón con un resuello. “Eso es lo que representa para mí”.
No es de extrañar que el capitán de los Yankees, Aaron Judge, diga que trata de evitar los resúmenes de su primera Serie Mundial cuando inevitablemente aparecen en MLB Network. Judge es meticuloso en su preparación, pero no encuentra mucho valor en revivir esos momentos, aún cargados de dolor.
“Lo único en que pienso es, ‘Perdimos’”, dijo Judge. “Podemos analizar desde el Juego 1 hasta el final, pero en definitiva, no cumplimos con el objetivo. Eso es lo que importa y lo que te impulsa a aprender y a ser mejor jugador”.
Este invierno, Aaron Boone recibió una solicitud inusual en su bandeja de entrada. Fue una temporada baja movida, en gran parte dedicada a dirigir el tráfico del roster — el astro dominicano Juan Soto estaba entre los que salían; Cody Bellinger, Max Fried, Paul Goldschmidt y Devin Williams, entre los que llegaban.
Le preguntaron a Boone si tenía alguna sugerencia o pedido sobre los anillos. Representaban su primer banderín como dirigente y podían llevar su sello personal, si así lo deseaba. Boone pensó un momento, quizá dos, y luego se encogió de hombros.
“Si ganamos el (premio) grande, ahí sí quiero opinar”, le dijo Boone a Debbie Tymon, alta vicepresidenta de mercadeo del club.
Tal vez más que nadie, Boone entiende lo que significan esos anillos, y lo que no significan. El mayor momento de su carrera como jugador le dio uno: Su jonrón de oro que dejó en el terreno a los Medias Rojas en la Serie de Campeonato de la Liga Americana del 2003.
Boone está seguro de que recibió un anillo de campeones de la Liga Americana en el 2004, pero no recuerda cómo se lo entregaron. Afirma que esos anillos contienen “orgullo, mezclado con dolor”.
“Queremos el del primer lugar”, enfatizó Boone. “A la vez, es importante reconocer que fuimos campeones de la Liga Americana. Eso tiene su valor. Eso importa”.
Durante la Serie del Subway contra los Mets, Boone llevó tres anillos al clubhouse visitante para Soto, Clay Holmes y el coach Desi Druschel. Boone dijo que fue una tarea “divertida”, pero sin mucha ceremonia: cada anillo iba dentro de una bolsa azul de compras del Yankee Stadium, como las que se usan para llevar una sudadera o una gorra de recuerdo.
Y por ahora, ahí termina la nostalgia. Uno tras otro, los integrantes de los Yankees del 2024 expresaron sentimientos similares cuando se les preguntó por los anillos. Muchos fueron cuidadosos al agradecer a la familia Steinbrenner, verdaderamente agradecidos por un gesto que no fue barato. El tema es lo que representan.
Ese logo del sombrero de copa aparece en los anillos de campeonato de la Liga Americana, pero sólo los equipos que llegan hasta el final llevan la histórica ‘NY’ entrelazada.
Ése es el que quieren y hasta que lo consigan, Judge y sus compañeros seguirán persiguiendo una misión inconclusa.
“El dolor de haber llegado tan lejos y no conseguir el premio final — creo que eso se les quedará grabado a muchos para siempre”, culminó Judge.
