Una abeja, tres jonrones y una promesa: El debut de ensueño de Báez

1:42 AM UTC

CHICAGO -- Al principio, Joshua Báez le tenía un poco de miedo a la abeja.

No dejaba de encontrarlo en el jardín izquierdo la tarde del sábado en el Wrigley Field. Inning tras inning, Báez la veía revolotear a su alrededor, y a veces regresaba hacia su gorra de los Cardenales.

Con el tiempo, dejó de preocuparse por ella. Para entonces, Báez ya había pensado en otra cosa.

Quizás era papá.

“Lo tomé como si él fuera la abeja, porque estaba encima de mí en cada inning”, dijo Báez. “Nunca me había pasado algo así con abejas, animales o moscas. Así que sé que está súper orgulloso y que está aquí conmigo en espíritu en este momento”.

El dominicano José Manuel Báez no estuvo entre los aproximadamente 30 familiares que llegaron al Wrigley Field para ver a Joshua hacer su debut en Grandes Ligas el sábado.

Pero durante unas horas, Joshua sintió que su padre estaba allí de todas maneras.

Y vaya jornada que presenció.

Báez se convirtió en el primer jugador en la historia de MLB en conectar tres jonrones en su debut, al irse de 4-3 con cinco carreras impulsadas en la victoria de los Cardenales por 8-4 sobre los Cachorros.

Sin embargo, para Báez y su familia, el sábado significó mucho más que hacer historia.

Su padre, a quien la familia llamaba “El Bronco”, falleció hace tres años. José Manuel había soñado alguna vez con jugar béisbol profesional, pero nunca tuvo la oportunidad de firmar.

Joshua le hizo una promesa.

“El sueño de mi papá era jugar en las Grandes Ligas”, dijo Báez la mañana del sábado. “La única promesa que le hice fue que iba a poder hacerlo por él”.

Horas después, Yris Báez vio a su hijo pararse por primera vez en la caja de bateo de Grandes Ligas.

El primer pitcheo que vio recorrió una distancia proyectada por Statcast de 449 pies.

Para Yris, quien observaba desde las gradas, años de trabajo y sacrificio parecieron confluir en un solo instante.

“Desde que comenzó a jugar cuando tenía 12 años, viendo todo el trabajo que hizo, todo el progreso y todo lo demás, esto es algo que Dios me dio”, expresó Yris por medio de Kleininger Teran, intérprete del equipo y receptor del bullpen. “Es una sensación de mucha satisfacción la que tengo ahora mismo”.

Ya había presenciado algo parecido.

A principios de esta temporada, Yris estaba en Memphis cuando su hijo protagonizó otra actuación casi inimaginable: cuatro cuadrangulares en un solo juego.

La fecha hizo que fuera inolvidable.

Ocurrió en el tercer aniversario del fallecimiento de José Manuel.

Así que quizás fue apropiado que el día en que Joshua cumplió su promesa y finalmente se convirtió en jugador de Grandes Ligas, un vuelacercas no fuera suficiente.

Tampoco dos. Con el tercero, Báez había firmado un debut sin precedentes en la historia de este deporte.

Para su madre, fue la culminación de todos esos días que nadie más vio.

“Ella me ha visto trabajar duro todos los días, todos los meses, tratando de llegar hasta aquí”, dijo Báez sobre el apoyo de su familia.

Después, madre e hijo se encontraron. Lloraron.

Luego llegaron las fotos. Treinta familiares y amigos se reunieron sobre el césped del Wrigley Field, rodeando a Báez mientras la lluvia caía a su alrededor.

Nadie tenía demasiada prisa por irse.

“La lluvia no importó”, dijo Báez. “Simplemente estaba feliz de estar allí, y eso lo hizo aún más especial. Están muy felices y emocionados de estar aquí”.

El manager Oliver Mármol observó desde cerca y se aseguró de acercarse para darle un abrazo a su jugador.

“Nadie llega hasta aquí por su cuenta”, dijo Mármol. “Hay que contar con un grupo de apoyo así para mantener la cordura, porque en este juego hay muchísimos altibajos”.

Mármol finalmente se acercó a Yris. Quería que supiera lo especial que había sido aquella tarde.

Entonces le dio unas sencillas instrucciones.

“Disfrútalo”, le dijo Mármol. “Vívelo. Quédate ahí todo el tiempo que quieras”.

Y eso hicieron. Y en algún momento entre tres bambinazos, 30 familiares, lágrimas y lluvia, Báez seguía pensando en la única persona que no podía posar para la foto.

José Manuel.

“El Bronco”, dijo Báez, era un hombre obstinado, de inmensa fortaleza y poder.

Su hijo le prometió hace años que llegaría hasta aquí.

El sábado, Báez cumplió esa promesa de una manera que nadie había logrado antes.

Y cada vez que miraba hacia los jardines, aquella abeja seguía regresando.

“Daba vueltas de un lado a otro”, dijo Báez. “Estuvo en la visera de mi gorra todo el tiempo que estuve allí.

“Simplemente lo tomo como que él estuvo aquí conmigo hoy”.