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Aquel que pierde también puede gozar

El verano del '98 se registrará como uno de los mejores en la historia de Grandes Ligas.
Muchos lo consideran como la época que revivió el deporte, que luego de la pésima cancelación de la Serie Mundial del 1994 había perdido muchos de sus aficionados.
Sosa. McGwire. Una dupla de jonroneros con una sola meta: superar el récord de 61 cuadrangulares en una temporada regular que ostentaba el ícono, Roger Maris, desde 1961.
Independientemente del equipo por el cual simpatizabas en aquellos días, todo el mundo estaba pegado a los televisores y el internet - que andaba gateando en aquellos días - queriendo estar al tando sobre quién marchaba al frente de la carrera.
Mark McGwire, quien al final quedó en el tope de la lista de esa temporada con 70 jonrones, superó los 61 de Maris en un día como hoy.
En el cuarto inning de aquella mágica noche, McGwire envió un cohete sobre la barda del jardín izquierdo.
El momento único demoró el partido por 11 minutos mientras sus compañeros lo felicitaban antes de que McGwire entrara a las gradas en un acto de respeto hacia los hijos de Maris, quienes estaban presentes en Busch Stadium.
Lo especial de todo esto fue que al otro lado del "play" se encontraba Sammy Sosa, quien se había entregado totalmente a la atención generada por ese par de colosos. 
Sosa, quien en aquella noche contaba con 58 jonrones (culminó con 66), no quizo quedarse fuera del espectáculo, corriendo hacia donde McGwire, quien lo esperaba con un gran abrazo, alzando a "Slamming Sammy" de la grama. 
Sólo perfecto ejemplo de que el que pierde también puede gozarse el triunfo del otro.

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