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Báez carga con grandes expectativas en Cachorros

MESA, Arizona -- Cinco de agosto de 2014. Parte alta del 12do inning en Denver. Javier Báez, una de las joyas de los Cachorros de Chicago, conecta un jonrón al jardín derecho para ganar el partido en su debut en las Grandes Ligas.

El cuadrangular contra los Rockies acapara titulares y Báez, entonces con 21 años, demuestra que las expectativas puestas sobre sus hombros desde que fue seleccionado con el noveno turno del draft de 2011 no son del todo exageradas. Pero opacado por ese bambinazo, hay un número en las estadísticas de ese día que vale la pena destacar: en seis turnos al bate, el puertorriqueño se ponchó tres veces.

Todo bateador tiene su criptonita.

Báez sacudió cuatro jonrones en sus nueve primeros partidos, incluyendo dos en su tercer encuentro. Una vez los lanzadores tomaron nota de las fortalezas y debilidades del joven toletero, especialmente su tendencia a hacer swing a lanzamientos rompientes fuera de la zona de strike, el boricua bajó de la nube.

"No sé si fue que me estaba cansando o me acostumbré a hacer diferentes cosas en mi swing, tuve un poco de problema con el contacto de pitcheo y de los ponches", comentó Báez a The Associated Press antes de un entrenamiento de pretemporada en la sede de los Cachorros en Arizona.

"Ya como me habían cogido el truquito de pitchearme, y uno que también tiene muchas cosas en la cabeza, no sabía ni qué más hacer".

Báez terminó su primera campaña en las mayores con promedio de .169 y 95 ponches en 213 turnos al bate. Después de esos nueve primeros partidos, conectó apenas cinco cuadrangulares en los siguientes 43 para cerrar la campaña con nueve.

"Cada vez que hacía algo negativo, a veces me frustraba mucho porque habían muchos comentarios negativos", apuntó. "Pero cuando uno se da cuenta lo que está haciendo y como tiene que trabajar se acostumbra a ignorar las cosas que tiene que ignorar y escuchar a quien tienes que escuchar".

El infielder, parte de un núcleo de promesas de los Cachorros que incluye al jardinero cubano Jorge Soler y al antesalista Kris Bryant, jugó la última parte de liga invernal de Puerto Rico con los Cangrejeros de Santurce. En 43 turnos, se ponchó 21 veces, bateó .233 y conectó dos cuadrangulares.

Joe Maddon, el nuevo manager de los Cachorros, viajó a Puerto Rico para conocer a una de sus jóvenes estrellas y verlo jugar en dos partidos en la serie final contra los Indios de Mayagüez. El piloto se llevó una buena impresión de Báez, especialmente su trabajo con el guante.

"Fui más que nada a ver su ofensiva, pero su defensa me llamó mucho la atención, es un gran defensor en segunda base, con un buen brazo, un brazo rápido, rápido de piernas", señaló Maddon. "Es un joven que será un muy buen pelotero. Tiene que aprender ciertas cosas, todavía le falta, en ofensiva y en defensa".

Báez al menos sabe que no tiene que cargar por su cuenta con todos los sueños de los fanáticos de los Cachorros. Maddon, Soler, Bryant, el recién llegado pitcher Jon Lester y jóvenes veteranos como Starlin Castro y Anthony Rizzo comparten el peso de una sequía de 107 años sin ganar una Serie Mundial.

La presencia de Soler es especialmente beneficiosa para Báez, quien conoce al cubano desde las ligas menores. Usualmente se les ve bromeando en el camerino o en las prácticas de bateo, y en ocasiones el puertorriqueño sirve como traductor de Soler, quien todavía no domina el inglés.

"Llevamos jugando juntos desde la fuerte (Clase A) y nos conocemos. Él sabe la manera de yo jugar y yo se la manera de él jugar", recordó Báez, ahora de 22 años y un año menor que Soler. "Sabemos cuándo nos tenemos que apoyar".